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Marcel Domingo, un entrenador explosivo

Marcel Domingo en el banquillo del Vicente Calderón en su debut como entrenador del Valencia en la primera jornada de la temporada 77-78, acompañado del portero Pereira.

Marcel Domingo en el banquillo del Vicente Calderón en su debut como entrenador del Valencia en la primera jornada de la temporada 77-78, acompañado del portero Pereira. / Bernat Navarro Porter

Paco Lloret

Paco Lloret

A finales de los años setenta, el Valencia confió a Marcel Domingo la misión de regresar a las competiciones europeas. El entrenador hispano-francés logró el objetivo gracias a un equipo que se mostró intratable en casa durante la primera vuelta de la campaña 77-78, y a su mejoría como visitante en la segunda vuelta del torneo. Con Mario Kempes desatado, autor de 28 goles y Pichichi del campeonato, los valencianistas protagonizaron un excelente final de campaña y aseguraron su retorno a Europa tras un lustro de ausencia.

Con su peculiar fonética afrancesada y un carácter irascible, las comparecencias de Marcel Domingo ante los medios de comunicación rompían moldes. Los rivales y los árbitros solían centrar las críticas y pagar los platos rotos cuando el resultado era adverso. Siempre había alguna excusa. Descendiente de españoles y criado en el sur de Francia, no dejaba indiferente a nadie. Se convirtió en un filón para los periodistas de la época. Sus volcánicas respuestas en las entrevistas encendían la mecha de la polémica. Su sangre caliente le jugaba malas pasadas. La UEFA lo sancionó tras sus ataques verbales al árbitro que dirigió el primer encuentro de la eliminatoria del Valencia con el West Bromwich Albion.

Con esas credenciales y una dilatada experiencia en los banquillos aterrizó a orillas del Turia. El Valencia lo contrató en la segunda campaña de José Ramos Costa en la presidencia, después de haber destituido al paraguayo Heriberto Herrera el ejercicio anterior ante una preocupante crisis de resultados. No había margen de error tras aquel fiasco. El técnico hispano-francés salió airoso del reto y logró el gran objetivo. Después de 5 ejercicios consecutivos ausente de los torneos continentales, el club de Mestalla obtuvo su billete para la Copa de la UEFA al acabar la Liga clasificado en cuarta posición.

Su fuerte personalidad y una exitosa trayectoria le habían granjeado el reconocimiento en nuestro país. Un año antes de enrolarse en el Valencia dirigió al Burgos, que cuajó una excelente campaña. Marcel Domingo no llegó solo a Mestalla, le acompañaron 3 jugadores del conjunto del Plantío: el portero Manzanedo, el defensa Palmer, y el centrocampista Cabral. Asimismo, el preparador físico Rafa García se incorporó como ayudante. Se le consideraba un entrenador todoterreno y milagroso, capaz de salvar equipos en situación límite o de conquistar éxitos relevantes, como sucedió con el Atlético de Madrid, al que hizo campeón liguero en la temporada 69-70. Un año después, fueron los valencianistas quienes cantaron el alirón en dura competencia con los colchoneros.

Su carrera como entrenador en primera división arrancó en Gijón en la jornada inaugural de la temporada 58-59, al frente del RCD Espanyol, club al que había pertenecido, anteriormente, como portero. Ese mismo día también debutó Mundo, célebre leyenda valencianista, como entrenador en primera división al frente del Sporting. El partido estuvo dirigido por el árbitro valenciano Asensi Martín, y acabó con triunfo de los asturianos gracias al solitario gol de Badenes, natural de Castelló de La Plana y ex –futbolista del Valencia.

Una plantilla estelar

En su prolongado periplo por los banquillos, la etapa de Mestalla se puede calificar como un momento culminante al hacerse cargo de una plantilla integrada por una constelación estelar: Kempes, Bonhof, Solsona, Felman, Saura, Arias y un largo etcétera. En esa segunda campaña, la 78-79, tras el Mundial de Argentina, el entrenador se vio superado y fue incapaz de conjuntar a un equipo cuyo rendimiento fue muy irregular, y del que se esperaba lo máximo. Su destitución se produjo a finales de marzo, tras una dolorosa derrota en El Molinón, el mismo escenario de su debut 21 años antes. Pasieguito tomó el relevo, enderezó la nave, y condujo al Valencia a la conquista de la Copa. Así se salvó la temporada en la que tantas esperanzas se habían depositado.

Sus años al frente del Atlético a finales de los sesenta, le lanzaron al estrellato. Casualmente, se estrenó como entrenador valencianista en la jornada inaugural de la temporada 77-78, en un Atlético-Valencia disputado en el Vicente Calderón. No fue un buen debut. Los locales se impusieron por 3-0. Una semana después, en su presentación oficial en Mestalla, se enmendó con un triunfo ante el Cádiz por idéntico marcador gracias a los goles de Valdez, Kempes, y Claramunt. Ahí es nada. La solvencia exhibida en casa desaparecía en los desplazamientos. En la primera vuelta, no se registró ningún triunfo como visitante. En casa, los partidos se solían despachar con goleadas. Las ocho victorias seguidas, algunas con resultados abultados, así lo confirman.

Sin ser un entrenador que encandilara, la afición valencianista lo aceptó de buen grado ante el desenlace feliz de su primera campaña. Una vez acabada, y sin el concurso de Kempes que se había incorporado a la selección argentina para el Mundial, el Valencia disputó una gira por el sur de Francia, la zona donde se encontraban las raíces familiares de Marcel Domingo.

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