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Borja Iglesias da al Celta un valioso triunfo en el Metropolitano
Los olívicos apuran sus opciones de Champions, una competición que el Atlético tiene ya asegurada
EFE
No había hecho el Celta nada más que jugar por el empate cuando un gol sutil de Borja Iglesias, por encima de Jan Oblak, lo llevó a una victoria repentina a la hora de partido en el Metropolitano, donde contuvo al Atlético de Madrid, rebajado de tensión, y manifestó su creencia, aún tímida, en la quinta plaza de la Liga de Campeones.
Un paso hacia la Liga Europa, porque la sexta posición es suya por ahora, y quién sabe si más allá, dependiendo de sus marcadores y los del Betis, que ocupa la quinta posición en el tramo final de una temporada ya finiquitada para el conjunto rojiblanco, que llegó al filo del título de la Copa del Rey, al filo de la final de la Champions y ya transita hacia el futuro.
Aplaudido en su reencuentro con el Metropolitano, después de la eliminación en las semifinales de la Liga de Campeones del pasado martes con el Arsenal, y con menos afluencia de la habitual (52.693 espectadores, cuando lo natural es estar por encima de los 60.000 aficionados), el Atlético jugó contra la propia distensión de tener todo resuelto.
A veces una liberación, a veces una desmovilización, le demostró interés al partido desde el principio, por más que no le quede nada en juego, dominante, incrédulo por la mano no señalada como penalti de Javi Rodríguez, tras un ‘túnel’ de Lookman y una caída del defensa para evitar el avance en el área, y con un contratiempo: la lesión de Giménez.
El regreso del central uruguayo, capital en su día en el Atlético, duró 19 minutos. No jugaba desde el 4 de abril, cuando sufrió una dolencia muscular. La noche del viernes, un mensaje en ‘Instagram’ con sonido de despedida; este sábado en el once de Simeone y, sobrepasado el cuarto de hora, fuera por un “fuerte traumatismo en el tobillo derecho”.
Un golpe en un partido bajo control, estrellado el remate de Lookman contra el palo, jugado en campo rival casi siempre y avisado por una maniobra de Borja Iglesias, pero apenas amenazado, en cualquier caso, por el conjunto celeste, al que sí le iba mucho más en el encuentro: no sólo la defensa de la sexta posición, sino creer en la quinta.
Y uno u otro objetivo, mucho más atractivo el pase a la Liga de Campeones que a la Liga Europa, requerían vencer en el Metropolitano. Al menos, exponer mucho más de lo que hizo en todo el primer tiempo, que derivó en un estado anodino, en cuanto el empuje inicial del Atlético no se tradujo en gol y el partido se adecuó a un ritmo más rebajado.
Álex Baena comenzó en el medio. Tomado su primer año como adaptación, lejos de las expectativas, las titularidades y las cifras esperadas, es un valor indudable para el Atlético hacia el futuro, quizá el futbolista llamado a tomar el testigo de Griezmann, por su estilo, por su juego entre líneas, por su visión y por la calidad que debe remarcar cuanto antes.
Ya sea por el medio, por la izquierda o por la derecha, donde acabó orillado según avanzó el choque, intercambiado con Marcos Llorente, es el paso pendiente, esencial, que debe dar aún el internacional español fichado al Villareal. Su encuentro de este sábado también fue irregular. Se le presupone mucho, pero se queda a medias. Aun así, ofreció dos goles, uno a Sorloth y otro a Lookman, que no entraron. Todavía necesita más.
El remate de Moriba ya por el minuto 50 desperezó el duelo, aburrido hasta que Koke, Baena y el remate de espuela de Sorloth levantaron al público. No fue gol porque la estirada de Radu también alcanzó la altura del recurso del delantero noruego. Su mano derecha despejó a córner. Un impulso al duelo, que exigía más intensidad. Más agitación.
Sobre todo, por parte del Celta. Demasiado conformista con el 0-0, apenas ambicioso, cuando la Liga de Campeones descubre un nuevo horizonte a seis puntos, con la quinta plaza del Betis, hasta que, de repente, se atrevió a subir hacia arriba, Swerdberg conectó con Borja Iglesias y el atacante picó el balón con maestría, precisión y delicadeza. El 0-1.
Le costó al Atlético sobreponerse. Rebuscó Simeone en su fondo de armario en el banquillo a Miguel Cubo y Obed Vargas, sustitutos de Baena y Le Normand (el central entró en el minuto 20 por Giménez y se fue reemplazado en el 70), e insistió en el gol, a punto de marcarlo el propio Cubo, una de las proyecciones más entusiastas de la Academia del club rojiblanco, con 18 años, dos partidos y un gol con el primer equipo.
No fue suficiente su presión final. Con una intervención más de Radu, el Celta aguantó su triunfo, rumbo a la Liga Europa o la Liga de Campeones. Quedan tres jornadas decisivas.
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