A Contratiempo
Campanada en La Catedral

Los jugadores del Valencia CF celebran el tanto de la victoria / Valencia CF
Adiós a la agonía. El Valencia dio un paso al frente en San Mamés, supo estar a la altura de la trascendencia del partido, y aplicarse en ofrecer una imagen competitiva, cuando el pesimismo se había apoderado del ambiente. Acierto pleno de Corberán en el once titular y en la disposición táctica, al igual que en los cambios efectuados. La legión de críticos del entrenador deberá recoger velas, al menos por unos días. El mal del club no está en el banquillo, deben apuntar más alto. Los jugadores se entregaron al máximo, conscientes de lo que había en juego, y rebelarse ante el contratiempo del penalti desaprovechado. Los de Mestalla tienen el dudoso honor de encabezar la clasificación de penaltis fallados, 4 de 9, y con tres lanzadores diferentes: Pepelu, por partida doble, Danjuma y Hugo Duro. El único que no ha errado, Ramazani, se encontraba en esos momentos en el banquillo. En un escenario exigente, frente a un rival que aprieta lo indecible- aunque se le ven las costuras al conjunto de Valverde- el Valencia exhibió oficio y madurez, otra cosa es que adolezca de la calidad necesaria para solventar la papeleta con mayor contundencia.
Un color talismán. El Valencia ha jugado 4 veces completamente de blanco esta temporada lejos de Mestalla. El balance es de 3 triunfos y un empate. No está mal para un conjunto que solo ha logrado un triunfo más a domicilio, en Sevilla, con los colores de la “senyera”. Al margen de cábalas y talismanes, un nexo común se da en todas las victorias como visitante: la portería se mantuvo a cero. Una premisa básica que, históricamente, ha ido asociada a los grandes éxitos del club en diversas épocas. A este Valencia no le da para remontadas ni heroicidades, el plan le funciona cuando se sigue el guion sin alteraciones. En Bilbao se confirmó que sin firmeza defensiva, no va a ninguna parte. Eludido el descenso, quedan 3 jornadas para adecentar la campaña. El jueves, en Mestalla, se presenta el Rayo, un rival humilde pero combativo, que se ha metido por primera vez en una final europea. El Valencia puede certificar matemáticamente la permanencia, y trasladar alguna alegría a una grada necesitada de vivir una tarde tranquila, después de estar demasiado tiempo abonada al sufrimiento.
Justicia exprés. Para sorpresa de nadie, la Audiencia Provincial desestimó el recurso planteado por Miguel Zorío tras el archivo previo de su querella, presentada tiempo atrás por presuntos delitos contra las caras visibles de Meriton en Valencia. La resolución se ha adoptado con suma rapidez. En pocos días, el asunto ha sido rechazado. Se supone, a tenor de los hechos, que los integrantes de la ponencia lo vieron muy claro. El enésimo intento por investigar las tropelías de Peter Lim y sus secuaces ha fracasado. Desde la distancia, el tema produce perplejidad y asombro. Las denuncias no prosperan, ni siquiera se abren investigaciones para saber lo que está sucediendo en una entidad que presenta síntomas evidentes de pésima administración. Sin embargo, los intentos por buscar amparo y protección en la justicia no encuentran el acomodo debido a la hora de encauzarse a través de los correspondientes órganos jurisdiccionales. El tema no ha acabado, a tenor del comunicado redactado por el impulsor de la querella, inasequible al desaliento y dispuesto a seguir en la brecha. Su fe contrasta con el alivio y la satisfacción de quienes celebran el fallo, nunca mejor dicho, alineados con el opresor que ha destruido impunemente al Valencia.
Fenwick, hombre para todo. Con el Valencia hundido en la miseria, la entidad alejada de su espacio competitivo habitual, sin apenas opciones de entrar en torneos europeos, tras establecer los peores registros de su historia, desintegrado en todos los aspectos, aparece en el escenario, una vez más, el arquitecto del mausoleo de la avenida de Corts Valencianes, con su eterno discurso surrealista. Genio y figura, promocionado desde el club a través de sus satélites mediáticos más cercanos, siempre dispuestos a poner el micrófono y prestar la cámara cuando se les solicite. Para contrarrestar la depresión actual, nada mejor que vender un futuro idílico. El personaje no tiene inconveniente en presentarse a modo y manera de un charlatán. Mark Fenwick se comporta como un vendedor ambulante, convertido en un recurso manido, por sus constantes apariciones para alabar su propia obra y todos los cambios introducidos sobre la marcha. Variaciones sobre el mismo tema. Las justificaciones le retratan, el discurso lo adapta sin ruborizarse. Hemos perdido la cuenta de las modificaciones presentadas. Lo único que le faltaba era criticar Mestalla. Ya lo ha hecho, en su última aparición, en la que ha descalificado al histórico campo del Valencia en un alarde de simpleza y oportunismo. Todo por la pasta.
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