Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

LALIGA - JORNADA 36

Blanco en la grada, oscuro en el campo

El Valencia da un paso hacia la salvación, pero el empate enfada a una afición que esperaba la versión de San Mamés y lo que vio fue un equipo inferior al Rayo

Los madrileños dominaron en el primer tiempo y erraron un penalti. Una vez más, el portero Dimitrievski fue el mejor de los valencianistas sobre el terreno de juego

Diego López igualó el gol inicial de Lejeune tras un servicio de Guerra, al que Corberán sentó en el minuto 61. Todo apunta a que un año Europa se verá por la televisión

Otra vez, Dimitrievski volvió a ser el mejor del equipo

Otra vez, Dimitrievski volvió a ser el mejor del equipo / Francisco Calabuig

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Pascu Calabuig

Los valencianistas llegaron a Mestalla dispuestos a participar en la iniciativa 'Tots de blanc', que pretendía animar a los suyos hacia una victoria que certificase la salvación en Primera división y poder mirar a la plaza de Conference League en las últimas dos jornadas. En cambio, se marcharon enfadados, despidiendo con silbidos y gritos de "¡fuera, fuera!" a los futbolistas y al entrenador, Carlos Corberán, quien en la prolongación volvió a escuchar el cántico de "Carlos, vete ya". El insulso empate del Valencia CF frente a un Rayo Vallecano mejor fue el detonante del enésimo cabreo del valencianismo. Un punto que en lo numérico acerca la salvación, pero que no es más que otra oportunidad perdida en una competición venida a menos que las concede, prácticamente, cada semana.

En resumen, Europa -ese último billete de la octava plaza- se aleja definitivamente, otro año más no se rrebasarála barrera de los 50 puntos... y la continuidad matemática en LaLiga deberá esperar, a falta ya de solo dos jornadas.

La combinación certera entre cabeza y corazón es la base sobre la que se asientan los equipos más competitivos. El Valencia CF de Carlos Corberán, a impulsos de urgencia toda la temporada, continúa siendo incapaz de arrancar la máquina 36 jornadas de LaLiga después. Enfrente, un Rayo Vallecano, sobrado de corazón y de la cabeza serena de su entrenador, Iñigo Pérez, que cerca estuvo de reventar completamente las costuras de los de Mestalla en su propio feudo.

A pesar de las rotaciones -Ratiu, Ciss, Unai López y Alemao se quedaron de inicio en el banquillo-, los madrileños entraron al césped con todos y cada uno de los sentidos en el objetivo de asegurarse el próximo año un sitio en Europa vía Liga. Un as en la manga con el que acudir todavía más liberado de presión a la final de la Conference League del próximo 27 de mayo. No lo encontró, pero lo buscó. No vinieron a pasear. Así, el Rayo se adueñó del partido en la primera parte. Mala, decepcionante, por parte del Valencia. Al cálido y motivador recibimiento de la grada le faltó el acompañamiento de un plan táctico que contrarrestase la mejor ocupación de los espacios y las elevadas líneas de presión de los visitantes.

Directo y vertical, bajo la batuta de Pedro Díaz, a los seis minutos, el Rayo dio el premio aviso. Y serio. Un centro del '4', en el que Renzo Saravia anulaba el fuera de juego, acabó en falta dentro del área del lateral argentino sobre el 'Pacha' Espino. Randy Nteka cogió la pelota, que, segundos más tarde, estrelló contra el poste para alivio colectivo en la Avenida de Suecia. Los pies de Stole Dimitrievski pasaron el examen del VAR. Por cuestión de pocos centímetros, el portero estaba pisando la línea en el momento del impacto y el penalti no se repitió.

La respuesta, en las botas de Javi Guerra

Las pocas respuestas del Valencia llevaron el sello en la medular de Javi Guerra. Al cuarto de hora, el '8' recorrió un pasillo libre por la zona central y desde la frontal remató raso. La pelota salió fuera, rasa, ante la mirada de Augusto Batalla. Minutos después, justo después del clásico "Peter, vete ya" del 19', el Rayo no perdonaría. Gumbau sacó desde la esquina y, solo, Florian Lejeune cabeceó al interior de la red (0-1, m. 20).

El golpe afectó a la grada y, sobre todo, al campo. Los blanquinegros -esta vez, todo de blanco como en San Mamés- perdieron todavía más el norte. El Rayo, un equipo con el plan mucho más claro y automatizado, olió sangre y fue en busca de un segundo mordisco. Con Pedro Díaz y Gumbau imponiéndose al doble pivote Guido-Pepelu, un envío el balón por encima de la zaga y dejó a Nteka cara a cara con Dimitrievski. El portero se confirmó como el mejor valencianista en este tramo final de temporada. Adivinó las intenciones del congoleño y salvó el 0-2... y no fue la primera, en los primeros compases del choque ya había despejado con la yema de los dedos un centro con sabor a gol.

Pasada la media hora, Corberán movió piezas por obligación. Saravia sintió un pinchazo en el muslo y debió dejar su lugar a Unai Núñez. Las sensaciones siguieron preocupando a la grada, desesperada por la ausencia de Umar Sadiq, el héroe de Bilbao, en el once. Sin embargo, esta vez la afición se contuvo de cargar las tintas antes de hora contra el entrenador.

Entonces, el Valencia revivió a fuerza de coraje. Como de costumbre, tiró de corazón. Primero con un servicio de Guerra a la carrera de Luis Rioja, al que frenó llegando como un tren de mercancías el potente Nobel Mendy. Poco después, el senegalés, en cambio, se vio sorprendido por la sutileza en el área de Diego López (1-1, m. 39). El 'Guajin' embocó por el lado del portero un pase de la muerte de Guerra, quien se desmarcó con picardía en un saque de banda.

La segunda mitad empezó con el empate, que significaba un paso más para unos y otros hacia la permanencia en Primera. Objetivo habitual de los madrileños, castigo para los valencianos desde que la administración Lim se apoderó del club para disminuir la grandeza que históricamente ha tenido.

Con las revoluciones más bajas que en el primer asalto, los dos técnicos decidieron reestructurar el puzle a la hora de juego. En el Rayo, Íñigo Pérez rescató a tres titulares como Alemao, De Frutos y Ciss. Mientras que en el Valencia, Corberán apostó demasiado fuerte sentando a Guerra, el mejor de los suyos junto con Dimitrievski, para alienar a Largie Ramazani. Filip Ugrinic apareció en el sitio de Pepelu y Sadiq, en el de Hugo Duro. A los dos últimos les costó digerir el cambio. Jesús Vázquez, por su parte, le dio respiro en el carril a José Gayà.

Los cambios no cambian nada

Los nuevos elementos sobre la hierba, pese a la fe infinita que despierta Sadiq, no mejoraron la imagen del equipo en un duelo que perdió valentía por ambos bandos conforme se acercaba el final. A falta de los últimos diez minutos, la hinchada trató de darle a su Valencia lo que no le estaba dando el banquillo. El Valencia lo intentó, aunque sin más bazas que la lucha voluntariosa y desgarbada del delantero nigeriano. No hubo más intento que un cabezazo de Tárrega a la salida de un córner en el 90.

Mestalla se desesperó y no aguantó más para pedir, de nuevo, la salida de Corberán, al que cargan la responsabilidad de un club sin nadie más al mando.Kiat Lim, el presidente en la distancia, tenía previsto un desplazamiento por estas fechas a la ciudad, pero hace unos días lo canceló hasta nueva orden. La silla de presidente está tan vacía en el estadio como el saco de la ambición en el club. No puede haber otra lectura que la renta para permanecer en Primera es de cuatro puntos y restan seis por jugarse ante Real Sociedad y FC Barcelona.

Tracking Pixel Contents