Levante UD
El fútbol de ayer, por Raimon Ferrer: "En el Levante aprendes la verdad de la vida, ser de Primera desde la humildad"
El histórico jardinero del Levante UD vivirá este domingo su último partido tras 38 años de servicio. Se jubila del trabajo pero no de la militancia: “Hace falta una figura en el club que cuando viene un futbolista o un entrenador le enseñe lo que es el Levante”

José Manuel López

“‘Raconet’ means little space in valencian language. This is the most important place”. Justo cuando termina la entrevista, el empleado (y actor) Quique Victoria irrumpe en el ‘raconet de Raimon’ al frente de un grupo de niños polacos de tour por el estadio. Es un espacio singular, como el ‘mos del fotut’, todo aquello que denota que, incluso con cubierta, el Levante UD conserva la DO de los clubs con autenticidad.
El maridaje de aperos de labranza y recortes antiguos con el acento extranjero arroja la imagen de una época de transición, la tensión en la que se mueve el fútbol del siglo XXI del que se despide el mito Raimon con cierta resignación: ese mundo de ayer colonizado por la alta tecnificación y las VIP experience, donde hasta el nombre de los estadios están en venta.
I ara què, Raimon?
“Ahora, de categoría. A cuidar de la familia, de l’horta y a venir por aquí. El Levante y yo somos un matrimonio que nunca se va a separar. Nos encontramos para lo bueno y lo malo. No nos vamos a separar nunca”.

Valencia. Estadio Ciutat de Valencia. Entrevista a Raimon, jardinero del Levante UD e histórico levantinista VLC SPD / JM LOPEZ / LEV
Raimon Ferrer (Meliana, 1961) es de los últimos de su especie, la de los artesanos del césped en una era donde la tecnología ha sustituido un trabajo casi manual. Quizá Benito, el jardinero del Betis, podría competir en carisma con el que fue responsable del césped más antiguo del fútbol español hasta que fue sustituido en 2012, 43 años después de su estreno.
El camino de Raimon comenzó de la mano del entrenador Benito Floro, “un adelantado a su tiempo”, que entrenaba al Olímpic de Xàtiva y se enamoró de un campo del Meliana durante un amistoso. “¿Quién es el fenómeno que tiene así el césped?”, preguntó el míster. Con Floro, Raimon dejó la huerta, y pasó primero al Olímpic (1987) y después al Vila-real. Y, desde allí, por mediación del presidente del Alboraia donde entrenaba el Levante UD, aterrizaría en el Nou Estadi.
Era el año 1988, y el Levante languidecía en Segunda B. “No eran los mejores años. Éramos cuatro, estábamos solos para todo, si se rompía una puerta la reparábamos. Y cuando llovía abríamos las puertas de tribuna para que pasaran los aficionados”. En aquel fútbol y en aquel club (pasó la década al filo de la supervivencia), “la jardinería no tenía nada que ver con lo de hoy. Era más parecido a la agricultura que al paisajismo”.
Más que césped, un 'bioparc'
Era un trabajo duro y poco agradecido. “Teníamos un ‘bioparc’ de hierba, brossa, juncia. Cuanto más la siegas, más crece. Grama de todas clases. Era un despropósito. Segar, regar, segar, regar… se ha padecido mucho”, cuenta Raimon, que de joven llevaba mal los desplantes de entrenadores y futbolistas. “Venían al Levante en segunda B y quería tener el campo del Bayern. ‘De acuerdo a la economía de un club, va todo. Esto es lo que hay’”, respondía.
“La jardinería no tenía nada que ver con lo de hoy. Era más parecido a la agricultura que al paisajismo”, cuenta sobre sus inicios
Como si fuera el callejero de una ciudad, la entrada al ‘raconet’ (Gol Alboraia esquina con Tribuna) está señalizada con un rótulo urbano: ‘Calle melancolía’. Es un guiño a uno de sus ídolos, Joaquín Sabina, pero uno diría que también es una declaración de intenciones. En ese habitáculo, una especie de ‘barraca’ con vistas a su jardín de ‘nou fanecaes’, Raimon y medio levantinismo se han refugiado las últimas décadas, mientras el fútbol y la vida cambiaban a un ritmo cada vez más acelerado.
Raimon echa de menos los viejos tiempos. Se nota. La conversación salta de mito en mito, un recorrido por todos aquellos empleados que han ido modelando la personalidad y el carácter del club. Desde Ernesto Cumplido, su predecesor al cuidado del césped y que también hacía de conserje; el utillero Pirri (y Sebas), al que el balón de principio de temporada le duraba hasta el último partido, y cortaba las toallas de playa en dos en aquel club de austeridad obligada, cuenta el jardinero.

Valencia. Estadio Ciutat de Valencia. Entrevista a Raimon, jardinero del Levante UD e histórico levantinista VLC SPD / JM LOPEZ / LEV
O Salvador Mas (“el señor Mas, nos llevaba a todos a raya”; Andrés Garcerá, el histórico delegado; “la sonrisa de Delia”, la añorada jefa de prensa, recientemente fallecida. El legendario Antonio Calpe, que conservaba como entrenador mejor golpeo de balón que sus jugadores.
Y futbolistas como Joaquín Béjar ‘Quini’, el mayor talento que vio Raimon en 38 años, un genio de los de antes, incluida la rebeldía; o entrenadores como Pepe Martínez, Balaguer, Luisgar, JIM, Mané, o Paco López, “el que mejor fútbol ha hecho”. “Aunque el sentimiento lo tengo con Preciado. Me marcó mucho”, reconoce.
Fue aquel histórico 2004, el del ascenso a Primera, cuando comenzaron a institucionalizarse las famosas paellas de Raimon en su ‘raconet’. Con Jofre, Olías, Félix. “De aquel fútbol echo de menos los encuentros después de los entrenamientos, los partidos, las grandes amistades. Entonces las personas eran más cercanas: nos conocíamos la vida, teníamos un problema y no íbamos al psicólogo, hablábamos entre nosotros”, evoca.

Valencia. Estadio Ciutat de Valencia. Entrevista a Raimon, jardinero del Levante UD e histórico levantinista VLC SPD / JM LOPEZ / LEV
Guiños del destino, el primer partido de Raimon en el Levante fue el 26 de noviembre de 1988 contra el Torrevieja, donde jugaba un tal Juan Ignacio Martínez. El mismo que veinte años después llevaría al Levante a Europa como entrenador. Hace unos días, el club rindió un homenaje a su jardinero que reunió a leyendas de estas últimas décadas. Sus leyendas. Además de JIM, se desplazaron a Orriols amigos como Aragón o Tomeu Ballester de aquella primera plantilla; como Vicente Latorre, o los más recientes Ballesteros, Pedro López, Iborra y tantos en los que ha dejado huella.
“Te vas metiendo y te enganchas. Ya no sabes salir de aquí”, cuenta Raimon, que ha sido feliz en medio de todas las crisis. “Aquí he tenido calidad de vida. No he tenido horario. Venía el domingo, pero el martes estaba de paella”, bromea.
Un museo etnográfico
Raimon está orgulloso de su herencia, aunque no se dé importancia. Deja al club un patrimonio material en forma de museo informal con piezas de valor histórico, esas que el Levante durante tanto tiempo no supo cuidar. Convocatorias, listas de socios, nóminas, telegramas de Vallejo. Camisetas de jugadores propios y rivales que quisieron estar allí, como Valerón o Arias. Las almohadillas de hacían menos ‘dolorosos’ los años en el duro cemento de Orriols. Piedras del anterior drenaje bajo tierra, un trozo del muro que cayó sobre Palermo y le fracturó una pierna. La primera máquina segadora del campo de 1969. Casi un museo etnográfico.
Raimon lega al club un museo informal en la barraca donde se refugia el fútbol de otro tiempo
Hay otro legado que empleados como Raimon, sin cláusula de rescisión porque no están en el mercado, construyen casi sin darse cuenta: el inmaterial, ese que aparece a golpe de trabajo y años de militancia y se mide en afectos conquistados. Ese que le ha llevado incluso a abrir alguna puerta lateral, casi clandestina, cuando exempleados, futbolistas y hasta alguna leyenda del club han querido que sus cenizas o las de familiares reposaran para siempre en el césped de un templo granota más allá de la vida, según cuentan leyendas no confirmadas. "Algunas cenizas, hay", concede Raimon, que parece que también ha escuchado alguna historia.
El jardinero es consciente de la importancia de estos ejemplos, de empleados que son instituciones dentro de la institución. Sobre todo en un fútbol más profesionalizado, de élite, donde todo va muy rápido y cotizan otros valores. Deja algunas reflexiones a modo casi de testamento: “Hace falta una figura en el club que, cuando viene un futbolista o un entrenador, le enseñe lo que es el Levante”.

Valencia. Estadio Ciutat de Valencia. Entrevista a Raimon, jardinero del Levante UD e histórico levantinista VLC SPD / JM LOPEZ / LEV
¿Y para las futuras generaciones?
“Aquí aprendes la verdad de la vida, del fútbol, padecer, sufrir y estar en el primer nivel, pero desde la humildad”.
Esa continuidad parece asegurada. Lo demuestra precisamente la despedida como leyenda del guardián del césped, con el homenaje que le brindó el club antes del último partido, una despedida que no tuvieron ni siquiera algunas de sus máximas figuras.

Homenaje a Raimon Ferrer, jardinero del Levante UD, en el partido contra Osasuna. / Levante-EMV / LEV
Acaba la charla, acaban casi cuatro décadas de carrera. Springsteen comió en 2006 una paella de verduras preparada por el Boss de Orriols en los bajos del Gol Alboraia, antes de su mítico concierto. Bruce no lo sabe, Raimon tampoco, pero una de sus canciones, ‘Last man standing’, hablan de él y del 'raconet', 'el último hombre en pie': “Fotos descoloridas en un viejo álbum de recortes, fotos descoloridas que alguien tomó cuando eras joven, duro y orgulloso”.
Raimon cierra la puerta de su museo de autor y se prepara para el partido de este domingo, su partido final. Curado de espanto, experto en supervivencias, el jardinero fiel no tiene miedo al Mallorca: “No es un partido a vida o muerte, es un partido a vida, vamos a ganar”. El tapete está listo para la última batalla.
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