A Contratiempo
El pronunciamiento de Mestalla
El equipo de Corberán encadenó un triunfo surrealista lejos de Mestalla, donde la afición prepara una protesta contra la gestión de la institución.

Los jugadores del Valencia celebran el gol de Javi Guerra. / EFE
Triunfo surrealista. Hacía 5 casi años desde la última victoria lejos de Mestalla con remontada incluida. Entonces, en Pamplona, con Bordalás en el banquillo, también marcó 4 goles. Aquel fue un resultado contundente, 1-4. Ayer, en San Sebastián, en un ambiente distendido y ante un rival que estaba de celebración, el Valencia ofreció un repertorio variado de sus virtudes y defectos. El equipo no se rindió cuando peor pintaba el panorama. Sus groseros errores defensivos, como diría Héctor Cúper, desesperaron al más pintado. En un contexto caótico, el conjunto de Corberán sacó la casta necesaria para imponerse ante una Real Sociedad que lo tiene todo hecho desde hace semanas. Pese a la inferioridad numérica, el Valencia obtuvo un triunfo épico. Los cambios aportaron la mejoría necesaria en un momento clave. Mención especial para Javi Guerra, autor de un gol extraordinario, y para Dimitrievski, de nuevo providencial. Con la irregularidad por bandera, al menos el Valencia obtuvo los puntos necesarios para evitar una despedida dramática del campeonato.
Cierre de ejercicio. Mestalla echará el cierre a la temporada ante el Barça en la última jornada, liberado de tensiones. Se trata de una excelente oportunidad para que el valencianismo se pronuncie. La institución se encuentra en una tesitura crucial. La tiranía impuesta desde Singapur ha desfigurado al Valencia, lo ha hundido en la irrelevancia. Ni la posibilidad remota de entrar en la Conference justificaría la abstención de la grada contra la indigna gestión que padece. El silencio y la indiferencia demostrarían complicidad. Las protestas deben ir dirigidas contra el palco. El entrenador y los jugadores son la consecuencia directa de la pésima planificación realizada y de la insensibilidad de quienes han abandonado la entidad. Cualquier parecido con el Valencia de otras épocas es pura coincidencia. Libertad VCF ha convocado una nueva protesta antes del partido. Una gran oportunidad para demostrar el desprecio hacia el máximo accionista y sus colaboradores. La participación es más necesaria que nunca por el bien del Valencia.
La rectificación forzada de Dani Martín. En un alarde de sinceridad, el cantante madrileño proclamó, durante su reciente actuación en el Roig Arena, su rechazo a la presencia de Peter Lim en el Valencia. Le salió del alma, aunque no sea seguidor del club de Mestalla. La espontaneidad de la manifestación fue aclamada por la mayoría de los presentes, que agradeció su apoyo solidario. No es el único artista que se ha pronunciado al respecto en términos similares durante los últimos tiempos cuando ha actuado por estos pagos. Dani Martín eligió una expresión que puede considerarse desafortunada en la forma, aunque esté cargado de razón en el fondo del mensaje. A ese detalle se acogieron desde el club los vasallos de Meriton, a los que les faltó tiempo para exigirle una rectificación. El cantante no tuvo reparo en hacerlo y así, evitarse posibles problemas. En un vídeo breve, de contenido inconexo y atropellado, Martín reconoció su error y pidió disculpas. Un doloroso contraste con la inacción protagonizada por el Club hace 3 años por estas fechas ante la campaña de desprestigio dirigida contra el valencianismo basada en una falacia. Aquel insulto sigue pendiente de reparación, para vergüenza de quienes, teóricamente, están al servicio de la afición.
La valentía de Lamine. El gesto del joven futbolista del Barça, al ondear una bandera de Palestina en las celebraciones por la conquista de la Liga contrasta con el discurso de su entrenador, Hansi Flick, manifiestamente incómodo por lo sucedido. El técnico alemán, al mostrar su desaprobación, quedó en evidencia, algo que no sorprende por dos razones: su país de origen y la arraigada tendencia establecida en el mundo del fútbol para no pronunciarse respecto a temas que escapan de ese ámbito. Lamine Yamal, pese a su edad, mostró una clara determinación y demostró su compromiso inequívoco de apoyo a una causa que escapa de posiciones ideológicas. El Genocidio cometido por Israel, y denunciado a diario por organizaciones humanitarias, neutrales políticamente, debería remover conciencias y forzar actuaciones para poner fin a esta macabra pesadilla. Sin embargo, nada de eso ocurre en la medida que debería. El pueblo alemán, del que Flick es exponente, sigue preso del trauma provocado por el Holocausto, y ante lo sucedido en Gaza, vuelve a retratarse con su cobarde pasividad.
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