A Contratiempo
La ley del silencio interesado
El entorno del Valencia ha generado una red de intereses que trasciende el ámbito deportivo. El valencianismo es conducido a un escenario de mediocridad, repleto de falsedades

JM López

La complicidad necesaria. El entorno del Valencia ha generado una red de intereses que trasciende el ámbito deportivo. Una telaraña amplia y compleja. En realidad, la cuestión que debería ser prioritaria en el día a día de la entidad, la de un proyecto sólido basado en la ambición y el crecimiento competitivo, ha quedado relegada a un papel secundario. El equipo, principal reclamo para la masa social, sobrevive por inercia, y no cuenta con la inversión suficiente para recuperar el lugar que le corresponde. Corberán es plenamente consciente de ello y asume la realidad. Así le luce el pelo al Club, sometido a la estrechez presupuestaria, obligado a permanecer en tierra de nadie, condenado a la irrelevancia. No es de extrañar el silencio calculado al que asistimos. Los discursos, antes de salir a la luz, se miden al máximo, y las actuaciones bajo mano que solo tienen un objetivo: el negocio inmobiliario, se sincronizan. La sintonía entre la administración pública y el máximo accionista ya no sorprende a nadie, por mucho que se esfuercen en disimular. Con la especulación por bandera y única guía, el valencianismo es conducido a un escenario de mediocridad, repleto de falsedades elaboradas con suma precisión. En esos son unos/as artistas de primera.
UVAM no se rinde. Entre tanta pasividad y conformismo, sobresale el papel de algunos colectivos, como recientemente ‘Últimes Vesprades a Mestalla’, que siguen dispuestos a dar batalla, pese a luchar en clara inferioridad. Resulta descorazonador asistir a un espectáculo tan desigual. Una sociedad, democrática y transparente en teoría, consiente que la argumentación elaborada por profesionales contrastados y solventes no sea atendida. No interesa escuchar sus razonamientos, fundamentados en análisis objetivos. Se descartan porque saben que saldrían perdedores en un debate. El mapa de las fuerzas sitúa, de un lado, el rodillo de los intereses creados, con los políticos locales disimulando, y la justicia demostrando una preocupante desidia, y por el otro, un grupo de entusiastas valencianistas, que, alejados de cualquier prebenda, han sacrificado tiempo y obligaciones para contrarrestar la práctica de los hechos consumados que aplica, sin miramientos, el poder establecido. Sus denuncias han confirmado las sospechas en torno a las deficiencias que esconde el proyecto de un estadio que no se parece en nada al presentado hace 20 años. Pero eso, a muchos, no les importa.
La maldición del Arsenal. Dos finales de Champions jugadas, y perdidas. Pese a marcar en ambas primero, el Arsenal no ha podido convertirse en el séptimo club inglés en alzar el trofeo. Solo un equipo londinense, el Chelsea, lo ha conseguido. Otros dos históricos de la Premier: el Leeds United y el Tottenham, también lo intentaron sin éxito. Inglaterra, mal que le pese a Javier Tebas, sigue mandando en el palmarés del torneo continental más importante por el número de campeones y finalistas. Al Arsenal se le debieron aparecer los fantasmas de Heysel. Aquella final sentó un precedente al ser la primera europea de clubes resuelta por penaltis. Ante el Valencia, en la Recopa de 1980, les sucedió algo parecido. Les tocó tirar en segundo lugar y en la portería tras la que se ubicaban los valencianistas. Aquella noche, emergió la figura heroica de Carlos Pereira, el portero gallego, para llevar a la gloria a los de Mestalla. Los cañoneros se pueden consolar con la conquista de la Premier, la última se remontaba a 2004. Sus andanzas guardan un increíble paralelismo con el Valencia, campeón aquel año también. Ambos también se habían llevado el título en 2002, y en el colmo de las coincidencias, en 1971. Arteta mereció mejor suerte. Su equipo maniobró con una disciplina e intensidad extraordinarias para maniatar al exuberante PSG. A Mosquera, ubicado de lateral, le tocó bailar con la más fea. En su primera campaña en Inglaterra, ha competido a un nivel que jamás habría conocido en este Valencia de mínimos.
El ascenso del femenino. El equipo femenino del Valencia CF regresa a la elite después de permanecer un año en la categoría de plata. Su ascenso se vio acompañado de emoción y sufrimiento, con un gol prodigioso de Leire Monente durante el tiempo de un descuento considerable que, a su vez, daba paso a una prórroga. La euforia, más que justificada, se desató en Paterna a la conclusión del maratoniano partido. Un desenlace épico y feliz para una tarde angustiosa ante el Villarreal, tras el empate sin goles registrado en la ida. La mejor clasificación en la Liga regular permitía a las valencianistas beneficiarse de la igualada final. Entrenadas por el vasco Mikel Crespo, encaran un futuro repleto de incógnitas. La lógica apunta a que se debería trabajar para lograr la consolidación entre las mejores, aunque como siempre, primero se debe pedir permiso a Singapur.
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