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Balonmano

Silvia Navarro: "No quería dejar de jugar, es más una despedida forzada"

La portera valenciana deja la portería después de casi tres décadas de jugar al máximo nivel profesional.

Silvia Navarro durante un partido en el Mundial de 2019 en Japón

Silvia Navarro durante un partido en el Mundial de 2019 en Japón / HIROSHI YAMAMURA

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València

Silvia Navarro, la legendaria guardameta de balonmano, deja las porterías. La valenciana deja el balonmano por todo lo alto tras ganar la última liga de su carrera como jugadora profesional. A sus 47 años, ocho ligas españolas, una liga rumana, siete copas de la reina, una EHF European Cup y una EHF Challenge Cup, además de las medallas de bronce en el Mundial 2011, bronce en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, plata en el Europeo 2014 y plata en el Mundial 2019 con 'Las Guerreras' preceden a una leyenda que abandona las pistas profesionales después de casi tres décadas de juego profesional.

Comenzó su carrera con 18 años, ¿cómo definiría su trayectoria?

Ha sido una carrera muy larga. Me quedo muy satisfecha con todo lo que he podido vivir, tanto con los clubes como con el equipo nacional. Tengo la sensación de que he hecho todo lo que he podido hacer.

¿En qué momento se da cuenta de que llega el momento de decir adiós?

No quería dejar de jugar, es más una despedida forzada. Me encuentro bien, tanto el cuerpo como la cabeza me permiten seguir. Quería jugar un año más antes de retirarme, pero por circunstancias con el club no puedo continuar. Creo que no estaba preparada para afrontar el tramo final de una carrera de tantos años. 

¿Qué es lo que más duele de esta despedida?

No despedirme como me hubiese gustado. Después de todos estos años, si no estoy para jugar, la primera que soy autocrítica conmigo misma soy yo, pero no es el caso. Quizás el no poder decidirlo y que el club, en un momento determinado, no haya sido sincero conmigo. Es el pequeño bache que tengo en mi mente. Tuve opción de ir a la península pero consideré que no debía hacerlo por respeto a estos colores, no pedí que me lo devolvieran, solo un poco de sinceridad. Si me hubiese ido igual tendría mejor trayectoria, pero pienso que hice lo correcto y lo volvería a hacer. 

Repasando su carrera, ¿cómo empieza en el balonmano?

Era el deporte municipal que había en el colegio enfrente de mi casa. Llegó cuando tenía ocho años y me encantó. López, el entrenador que tenía entonces, me dijo que hiciera la prueba en el club Osito l’Eliana pero no quería. Fue mi madre la que insistió conmigo y al final la hice.

Muchos años jugando en equipos valencianos, ¿cómo influyeron en su carrera?

Positivamente. Tanto Cristina Mayo, que me hizo súper dura de mente y de piernas, Gregorio, con el que jugué competición europea, Copa de la Reina… En Marítim, Sagunt… Todos han influido en mi carrera y tengo que sacar la parte positiva de todos para retirarme tranquila.

También ha pasado por equipos de fuera, ¿hay alguno que le haya marcado más?

Quizá Itxako, por el salto que di al equipo nacional. Alcancé la madurez deportiva, que llega un poco más tarde en los porteros. Fue una catapulta para mi y fueron años muy buenos. Aún conservo amigas y compañeras de esos años y las conservaré siempre.

Silvia Navarro para un balón mientras jugaba competición europea con Itxako

Silvia Navarro para un balón mientras jugaba competición europea con Itxako / Villar López

De todos los títulos y medallas, ¿cuál ha sido el que más le ha marcado?

La medalla de bronce del Mundial de Brasil de 2011. Fue mi primera medalla con la selección y era inimaginable. Fue el comienzo de todo, pero pensábamos que era algo ocasional. Luego conseguimos también la de 2012 en los Juegos Olímpicos. Esa también me marcó, fue súper sufrida y creo que el equipo se la merecía. Es la que más voy a conservar, por lo complicada que fue y porque es de los JJOO.

¿Qué supuso para usted formar parte de la época dorada de la selección?

Era una recompensa por todo el trabajo y la constancia, no solo mía, también de mi madre cuando estuve a punto de dejar el balonmano. Estar en un Mundial o en unas Olimpiadas es el máximo sueño posible para un deportista. Estar ahí y jugando balonmano, que era un deporte minoritario, significaba que habíamos hecho un buen trabajo, tanto nosotras como la federación.

Se ha enfrentado a muchas jugadoras y porteras, ¿le han admitido sus rivales algún tipo de admiración?

Me he dado cuenta ahora que he anunciado mi retirada. Jugadoras que han sido rivales me han escrito para darme las gracias por ser como soy y admitirme que se fijaban en mí. Me quedo satisfecha y con el corazón contento de recibir mensajes de gente que juega mi propia posición. 

Ha jugado muchos partidos y ha realizado muchas paradas ¿si se tuviera que quedar con una cuál sería?

No podría decirte solo una. Me quedo con muchas que han sido difíciles, ya no solo por lo que suponen, sino por su dificultad. Hay una a Camille Herren en el Mundial de Japón en la que me parto medio diente. Navarrete me dijo que esa parada merecía una medalla. Es anecdótica, una crucial no sabría decirte. Pero cuando competimos, no me quedo con mi actuación individual, sino con el global del equipo. 

Empezando a jugar desde tan joven ¿qué considera que le ha dado y le ha quitado el balonmano?

Me ha dado una forma de vida maravillosa que no quiero dejar. El orden, la disciplina, una rutina… Y me ha quitado tiempo con mis seres queridos. El entrenar mañana y tarde, viajar cada dos fines de semana, cuando hay año olímpico solo tenemos cinco días de vacaciones. Tengo una pequeña controversia sobre si compensa o no. 

¿Si pudiera hablar con la Silvia de 18 años a punto de debutar, qué le diría?

Que tuviese calma sobre todo, he sido súper ansiosa. Le diría que todo es posible y le agradecería el ímpetu que tuvo en su día, que gracias a él ha llegado hasta aquí. Que tenga paciencia y disfrute el camino, es lo más importante.

Cuando en unos años alguien escuche su nombre, ¿qué le gustaría que pensara?

Simplemente que sonría. No me gustan los halagos, me gusta que la gente se recuerde riendo. Que alguien diga ‘Silvia Navarro’ y automáticamente sonría.

¿Qué le depara el futuro?

Voy a seguir ligada al deporte. Tengo algo entre manos, pero primero quiero desconectar y pasar tiempo con mi familia. Pero sí quiero emprender un proyecto de tecnificación para ‘los olvidados. Que haya un refuerzo mental y unas herramientas de cara a futuro.

¿Se va triste por la retirada o agradecida por lo vivido?

Me voy agradecida y triste. Súper agradecida por todos los años que he vivido, era impensable vivir esto y porque me retiro con un último título. Y triste porque considero que podría haber terminado de otra manera si hubiera habido comunicación. Me voy con esa espinita clavada de no retirarme como yo hubiese querido.

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