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Reportaje

El Mundial según Foios

Hay pueblos que siguen los Mundiales y pueblos que, además, siguen a uno de los suyos. Una cuarentena de vecinos se reunió ayer en la Peña Valencianista de Foios para compartir su orgullo con el chaval al que han visto crecer, que ya es el futbolista valenciano que más veces (59) ha jugado con la selección española absoluta

Foios vibra con Ferrán Torres en el Mundial

J.M. López

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J.M. Bort

J.M. Bort

València

Hay partidos que se ven desde el sofá y otros que exigen compañía. Cuando juega España en el Mundial y entre los convocados está Ferran Torres, la televisión de casa se queda pequeña en Foios. El delantero, que ayer pasó a ser el valenciano con más partidos (59) en la historia de la selección española, es razón suficiente para que el pueblo se reúna en los bares. En tiempos de pantallas individuales, el fútbol sigue conservando su eterna capacidad para congregar a la gente alrededor de una emoción compartida. Para imaginar, durante 90 minutos, que un trocito del pueblo también pisa, por ejemplo, el césped de Atlanta.

Unas cuarenta personas se concentran en la Peña Valencianista de Foios para seguir el encuentro de la selección española frente a Arabia Saudí. Luis, que despacha bebidas desde la barra, resume enseguida la razón de ser de este colectivo de unos 120 socios. «Aquí vemos todos los partidos del Valencia CF y las grandes citas de España», explica antes de invitar a una cerveza sin alcohol a los dos visitantes.

«Luego lo sacará», responde uno. El comentario arranca algunas sonrisas. En Foios, cualquier alineación se analiza inevitablemente desde una pregunta: ¿juega Ferran?

La alineación aparece en pantalla y varias cabezas se inclinan hacia delante. Ferran Torres no es titular esta vez. «Ya estamos», protesta alguien desde una mesa. «Luego lo sacará», responde otro. El comentario arranca algunas sonrisas. En Foios, cualquier alineación se analiza inevitablemente desde una pregunta: ¿juega Ferran?

El primo segundo de Ferran, de espaldas, con el nombre en la camiseta.

El primo segundo de Ferran, de espaldas, con el nombre en la camiseta. / J.M. López

Si le preguntas a un vecino qué piensa del delantero, la respuesta suele empezar por la misma palabra: orgullo. Después aparecen los matices. En la Peña Valencianista, por ejemplo, muchos desean volver a verlo algún día en Mestalla, aunque no todos coinciden. Su abuelo se encargó de dar una nota discordante hace unos días en TVE al confesar que, puestos a elegir, preferiría verlo vestido de granota antes que de blaugrana.

El primo segundo

El partido comienza y los más jóvenes, sentados en las primeras filas con la camiseta blanca de España, la más vista durante este Mundial, lideran la jarana. Entre ellos hay un primo segundo del futbolista. También se llama Ferran y también lleva el nombre de Ferran estampado en la espalda. Es el ejemplo de la omnipresencia del futbolista en la sala. El parecido es motivo de bromas. «Sólo te falta salir en la segunda parte», le dicen.

En las últimas filas está Ubaldo, uno de esos personajes populares que forman parte del paisaje humano de cualquier localidad. Saluda con una sonrisa, comenta su admiración por su paisano y conserva una ilusión que comparte con muchos de los presentes: volver a ver algún día a Ferran con la camiseta del Valencia CF. Porque en Foios Ferran Torres no es sólo un futbolista internacional. Sigue siendo el chico del pueblo que llegó a la élite.

España apenas tarda 9 minutos en adelantarse. El gol de Lamine Yamal provoca los primeros aplausos y, casi de inmediato, un masclet estalla en la calle. ¡Pum! La explosión hace sonreír a varios asistentes. No será la última. Hay costumbres valencianas que sobrevivien a miles de kilómetros del escenario donde se disputa el partido.

Un grupo de jóvenes de Foios, entre ellos el primo, en la Peña Valencianista.

Un grupo de jóvenes de Foios, entre ellos el primo, en la Peña Valencianista. / J.M. López

Con el marcador a favor, el ambiente se relaja. Las conversaciones fluyen entre jugada y jugada y casi todas terminan desembocando en el mismo nombre. Durante el descanso, Albert resume un sentimiento bastante extendido entre los presentes. «Soy del Valencia y a mí me gustaría que estuviese en el Valencia. Cuando juega con España, me gusta; si no, no».

Las risas acompañan la respuesta. No hay reproche, sino todo lo contrario. Xavi comparte la misma idea. «Del Valencia y a muerte con Ferran, que es del pueblo. En el Barça no me gusta, pero es lo que hay».

Los pueblos guardan una admiración especial por quienes consiguen destacar lejos de casa. Es una forma de reconocerse en ellos

La reflexión es compartida. Lo sienten suyo, celebran sus éxitos, siguen cada paso de su carrera. Pero les cuesta verlo vestido de azulgrana. Por eso los partidos de la selección funcionan como una especie de tregua sentimental. Los pueblos guardan una admiración especial por quienes consiguen destacar lejos de casa. Es una forma de reconocerse en ellos. De sentir que una pequeña parte de la identidad colectiva viaja con cada logro.

Mientras alrededor se habla de tácticas, cambios y clasificaciones, el primo segundo del delantero lo resume todo con una frase mucho más sencilla. «A ver si marca».

La espera termina nada más comenzar la segunda parte. Luis de la Fuente retira a Lamine Yamal y da entrada a Ferran Torres. La reacción es inmediata. Los aplausos recorren el local. Algunos señalan la pantalla. Otros sonríen. Ahora sí, el partido tiene un protagonista local.

Los aficionados de Foios celebran un gol, con Ubaldo al final, de pie con la camiseta roja de la selección española.

Los aficionados de Foios celebran un gol, con Ubaldo al final, de pie con la camiseta roja de la selección española. / J.M. López

Cada balón que pasa por las botas de Ferran se sigue con especial atención. Una conducción genera expectación. Un control orientado provoca comentarios. Un disparo hace que media peña se incorpore de golpe de la silla. Llegan las ocasiones. La primera se escapa por poco. La segunda también. Los lamentos recorren el local. «Va, hombre», exclama alguien llevándose las manos a la cabeza.

El fútbol siempre se reserva un último giro y ya en el tiempo añadido, Ferran encuentra la red. Durante unos segundos la alegría es casi absoluta. Hay abrazos, gritos y sonrisas. Ubaldo levanta los brazos antes incluso de que el balón termine de entrar. El otro Ferran salta de la silla. No es sólo un gol de España. Es el gol del vecino. El gol de Foios.

Queda mucho Mundial por delante. Lo sabe la gente de Foios, que vive el torneo con un ojo puesto en la selección y otro en el chico que un día salió de sus calles para triunfar

Entonces aparece el VAR. Alguien señala la pantalla. «Espera», dice uno. La revisión anula la jugada y la celebración queda congelada a medio camino. Los brazos bajan despacio. Se escuchan algunos lamentos y más de una queja resignada.

Da igual. Fuera acaba de sonar otro masclet y aún queda mucho Mundial por delante. Lo sabe la gente de Foios, que vive el torneo con un ojo puesto en la selección y otro en el chico que un día salió de sus calles para triunfar. Lo sabe también el primo y los amigos, que se marchan comentando la jugada con sus amigos. Lo sabe Ubaldo. Lo sabe Luis desde la barra.

Habrá más partidos y más tardes compartidas frente a una pantalla. Habrá más cervezas, más goles y más petardazos en la calle. Y alguien volverá a resumir el sentimiento general con la misma sencillez que el otro Ferrran. «A ver si marca, che»: Cuando lo haga, medio pueblo se irá corriendo con él a celebrarlo.

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