Raso y junto al palo
Robo en Italia y Sánchez Mejías presidente ejemplar

Ignacio Sánchez Mejías, el torero de la Generación del 27 / Levante-EMV
España convivió en 1934, entre el fútbol de un Mundial arrebatado indecentemente y la muerte de Ignacio Sánchez Mejías. Este, torero y escritor pasó a la historia de la literatura tanto por lo que escribió por lo que le escribieron. La elegía que le dedicó Federico García Lorca está seguramente en los exámenes de la prueba final de los bachilleres actuales. Lo que no suele constar en la biografía literaria de Sánchez Mejias muerto “ a las cinco en punto de la tarde” es la importancia social que tuvo en el fútbol. Ignacio murió en agosto de 1934, por la gangrena que padeció después de la cornada sufrida en Manzanares, cuando España sufrió en mayo el atraco del futbol italiano que tenía necesidad de ganar para complacer a Benito Mussolini. En la Liga española el profesionalismo ya se había implantado con traspasos y contratos en miles de pesetas.
Sánchez Mejías presidió el Betis Balompié en los meses entre de las temporadas de 1928 y 1929. Su participación en el mundo futbolístico fue la confirmación de que el profesionalismo no solo había llegado, sino que había que empezar a ponerle normas. El presidente bético fue el primero que estableció el contrato anual para los jugadores y sueldo mensual de 250 pesetas. A Peral le hizo formar sui primer contrato profesional. Y no solo eso, sino que impulsó la formación del Betis que el año de su muerte fue campeón de Liga.

El torero español Ignacio Sánchez Mejías al volante de un coche de carreras / EFE
El Betis creado por Sánchez Mejías llegó a la final de Copa de 1931. Tuvo que eliminar a la Real Sociedad. El partido de ida se jugó en San Sebastián y los jugadores durante del regreso se enteraron de que se había proclamado la República. El partido de vuelta lo disputaron dos con nombre distinto; Betis Balompié, sin real y Donostia sin Real Sociedad. El Betis eliminó después a Madrid y Arenas de Ghecho. La final la perdió con el Athletic de Bilbao.
“Las cinco en punto de la tarde” fueron anteriores a la conquista del título liguero, el único en la historia de su club y por ello no pudo participar del éxito de la obra que él había comenzado. Además del ascenso de Segunda a Primera, puso cubierta en el estadio del Patronato, abanderó la creación de secciones deportivas dentro de la entidad como frontón y pista de tenis. Por su trayectoria en el Betis fue nombrado presidente de honor. “No hay príncipe en Sevilla que comparársele pueda.”
El “Llanto por Ignacio Sánchez Mejía” surgió por el dolor que a sus amigos les causó la cornada que acabaría siendo mortal que le infirió un toro llamado Granadino. El diestro fue amigo de los miembros de la llamada Generación del 27 y en su finca de Pino Montano dio una fiesta en la que los intelectuales, los poetas, compartieron merienda con futbolistas. Por el impulso del torero llegaron al club verdiblanco jugadores como Lazcano, Urquiaga, Areso, Adoldfo, Lecue, Rom,ero, Enrique, Adolfo II y Timimi. Su primer inatento de potenciar la plantilla con futbolistas vascos se lo prohibió a Federación. Su terna de fichajes lo componían Lazcano, Marculeta y Bienzobas. La alineación titular que ganó el campeonato del que no pudo disfrutar la compusieron Urquiaga; Areso, Aedo; Adolfo, Peral, Soladero; Timimi, Lecue, Unamuno, Enrique y Sanz. Con anterioridad ya había contratado a Pedrosa, Angelillo, Altuna, Sanabria, De la Hoz Carreño y Herrera.

Gaspar Rubio, en su etapa como jugador del Levante UD / Área de Patrimonio Histórico del Levante UD
Los grandes fichajes ya habían comenzado. El Madrid pagó 150.000 pesetas por Zamora, portero del Español. Por Ciriaco y Quincoces 6.000 al Alavés. El Racing de Madrid, equipo de Segunda que desapareció, compró a Valderrama por 15.000 y sueldo mensual de 1.500. En esa etapa adquirió a Gaspar Rubio jugador el Levante y la cartera madridista fue tan prodiga que no se paró ante las negativas de clubes como Real Unión del que salieron Luis y Pedro Regueiro. Por Peña, medio volante, pagó 6.000 pesetas al Arenas de Guecho. .
El presidente bético tuvo una vida muy interesante en lo político, literario, taurino y futbolístico con la pasión por un mujer muy importante en aquellos años. Fue amante de Pilar López la Argentinita. Su esposa era. Dolores Gómez Ortega, era hermana de los famosos toreros apodados Gallo. Una de las imágenes históricas de Ignacio fue la que se le ve llorando sobre la cabeza de Joselito, su cuñado, muerto en Talavera de la Reina.
El mundial de Mussolini
Italia organizó el Mundial y se propuso ganarlo con todos las artimañas posibles si era necesario. Para ello se valió de la designación de árbitros convenientemente “dopados”. España fue víctima de ello. Benito Mussolini no podía perder la oportunidad de que el fútbol tuviera trascendencia doctrinal. La selección italiana contó con los primeros oriundos que le iban a darle lustre. Monti, Orsi, Schiavo llevaron al conjunto a la final que ganó a Checoslovaquia por 2-1. Para llegar a este final fue necesario que derrotara a España de la manara mas ignominiosa que se recuerda de un torneo mundial.
España acudió con un equipo de figuras extraordinarias. Los italianos denominaron a Orsi el Paganini del futbol. A Ricardo Zamora le llamaron “Divino” y pusieron en él toda la magia que cabía adornar a un guardameta.
En los enfrentamientos clasificatorios hubo que eliminar a Portugal. En Madrid el 11, de marzo del 34, se vivió una a de las mayores goleadas de la historia por medio de Zamora; Zabalo, Quincoces: Cilaurren, Muguerza, Fede; Vantolrá, Luis Regueiro, Lángara, Chacho y Gorostiza. Isidro Lángara, que fue el delantero más apreciado en España y, posteriormente en Buenos Aires durante el exilio, batió cinco veces al cancerbero portugués, Luis Regueiro lo hizo en dos ocasiones y Vantolrá y Chacho completaron el abultado e insultante marcador. El partido de vuelta se jugó en Lisboa el 18, de marzo con el resultado de 1-2 con tantos de Lángara.
En aquellos años las eliminatorias no se sustentaban por la diferencia de goles. Había que vencer en los dos partidos. Esa norma se recordará inevitablemente cuando para el Mundial del 54, en Suiza, no se pudo salvar el escollo de Turquía.
Pesimismo antes de viajar
El viaje a Italia no encontró en España grandes pronósticos favorables No había confianza en una selección en la que formaron jugadores automáticamente históricos. Pese al modo tan franco con que se pasó ante los lusos había muchas dudas respecto a la trayectoria mundialista. La sensación pesimista no se compaginaba con la importancia de los seleccionados, todos ellos en los equipos más destacados de la Liga.
Los prolegómenos, como habría dicho Matías Prats, a quien tanto gustaba esta palabra, no dieron optimismo. Se preparó al equipo con tres partidos amistosos contra el conjunto inglés del Sunderland. Fue en las tres semanas anteriores al Mundial. Hubo empate en las dos primeras pruebas y se perdió en la tercera.
Ya en el Mundial a selección española tuvo que jugar prórroga contra Brasil a la que venció en Turín por 3-1. Fue en octavos de final. Solamente se habían clasificado dieciséis selecciones para lo que fue la primera fase mundialista. Llegaron los cuartos de final y a nuestra selección le tocó enfrentarse a la Italia que iba a ser campeona. Y ahí llegó la indecencia, el atraco, la fiesta para los fanáticos fascistas. Los trencillas se distinguieron pronto, pero su primera actuación destacada mundialista fue en 1930. En el Argentina-Francia que ganaron los argentino con el gol de Monti, después campeón con Italia, el árbitro señaló el final del encuentro y los dos formaciones se fueron a vestuarios. Alguien se dio cuenta de que el colegiado había cortado el juego en seis minutos y ello sirvió para que los dos conjuntos volvieran al terreno de juego a disputar los minutos que se había saltado el árbitro.
Cayeron en el desempate
Para el primer Italia-España fuse designado el señor Baert. Los españoles arrancaron bien y por medio de Regueiro, que aprovechó una jugada de Lángara, batió a Combi portero transalpino. La respuesta italiana fue casi inmediata. Monti marcó el signo del juego dando leña sin parar y con el consentimiento del señor Baert. Ferraris logró el empate, pero para ello fue necesario que varios jugadores empujaran y cargaran sobre Zamora para que evitara el tanto. El árbitro lo dio por válido y el primer periodo acabó en igualada. En la segunda parte marcó Lafuente, pero el “consentidor” lo anuló. El empate llegó al final de las dos horas de juego. Hubo que disputar desempate en la misma Florencia.
La primera alineación española fue: Zamora; Ciriaco, Quincoces; Cilaurren,, Muguerza, Fede; Lafuente, Iraragorri, Lángara, Luis Regueiro y Gorostiza. Después de la guerra consentida por Baert, España tuvo que echar mano de los jugadores suplentes para formar el once. Fue éste: Nogués; Zabalo, Quincoces; Cilaurren, Muguerza, Lecue; Vantolrá, Luis Regueiro, Campanal, Chacho y Bosch. Siete jugadores diferentes a los de la primera batalla.
El desempate acabó con la victoria italiana con gol de Meazza. La formula fue la misma: impedir que el guardameta, en este caso Nogués, no pudiera hacer nada por evitar el gol. En la segunda batalla Monti lesionó a Bosch quien tuvo que salir del terreno de juego. Lo mismo sucedió con Regueiro. También Quincoces fue seriamente dañado por lo que su puesto lo tuvo que ocupar Cilaurren. Bosch intentó jugar pero no tuvo más remedio que retirarse definitivamente porque no se tenía en pie.
Para rematar la función, Campanal batió a Combi pero el suizo Mercert interpretó que había habido fuera de juego. En opinión de los cronistas de la época dos españoles Zamora y Cilaurren formaron parte de la alineación ideal de torneo. Italia ganó la Copa Jules Rimet al derrotar en la final a Checoslovaquia por 2-1. Los goles los consiguieron Pucl,(Checolosvaquia) Ori y Schiavio, (Italia) por este orden. El árbitro del Italia-España, el suizo Mercet, como consecuencia de su actuación, fue suspendido por su Federación.
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