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Los goles de Kempes y el primer Mundial en color
Argentina superó la fase de grupos con dificultades y se alzó con su primer título mundial gracias a la decisiva actuación de Mario Kempes

Gol de Kempes a Perú en Rosario, durante el Mundial de Argentina 78 / Bernat Navarro Porter
Argentina, aquí el Mundial. Con esta letra arrancaba la sintonía que acompañaba las transmisiones televisivas del torneo en 1978. Los aparatos en color ya habían llegado a muchos hogares, aunque las marcas de televisores y los establecimientos de electrodomésticos intensificaron, por aquellos días, las campañas publicitarias para aumentar sus ventas. El reclamo principal era la presencia de la selección española, que volvió a estar presente en una Copa del Mundo después de haberse perdido las dos citas anteriores, México 70 y Alemania 74. El combinado hispano no superó la primera fase en tierras argentinas.
Aquel campeonato fue el último al que acudieron 16 participantes. La cifra creció hasta los 24 en el siguiente, el de España 82. No hubo ningún jugador valencianista en el equipo dirigido por Ladislao Kubala, pese a que los de Mestalla habían completado una notable campaña y habían acabado cuartos en la Liga. El portero Manzanedo, el defensa Carrete, el interior Arias, y el extremo Saura, podían haber acudido, aunque finalmente, quedaron fuera de la lista definitiva. Todos ellos debutaron como internacionales poco después del Mundial. Esa ausencia, y la devoción que se sentía por Mario Kempes, explican que en Valencia todas las miradas estuvieran pendientes de la que, finalmente, sería la gran estrella del torneo, el único jugador convocado por César Menotti, seleccionador albiceleste, que jugaba en una liga extranjera. La excepción estaba justificada.
Rep, Kurt Jara o Bonhof
Además del “Matador”, se dieron cita en el torneo algunos jugadores vinculados con el club de Mestalla, caso del holandés Johnny Rep, o el austríaco Kurt Jara. Igualmente, con la selección alemana, vigente campeona, jugaba Rainer Bonhof, que fichó por el Valencia a la conclusión del torneo. Todos ellos tuvieron un papel destacado con sus selecciones. También destacaron jugadores que estuvieron cerca de jugar en el Valencia, caso del francés Platini, o Hans Krankl, artillero de Austria, que militaba en el Rapid de Viena, y que se enfrentó a España en el primer encuentro, celebrado en el estadio bonaerense de Vélez Sarsfield, marcando un gol. Finalmente, Krankl fichó por el Barcelona, tras una truculenta historia.
El debut de España concluyó con derrota por 2-1. A esa decepción, siguió el empate con Brasil sin goles en Mar del Plata, duelo que ha pasado a los anales por la desesperante pifia de Julio Cardeñosa, cuyo fallo a un metro de la línea de gol, le elevó al altar de la popularidad menos deseada. Finalmente, una victoria estéril por la mínima ante Suecia cerró la participación española. La “Furia” cómo se le conocía entonces a la selección, tuvo que hacer las maletas y regresó a casa. Al mismo tiempo, Argentina, con enormes dificultades, superó a Hungría y a Francia. En el tercer y último encuentro de la primera fase, ante Italia, con ambos contendientes clasificados, vencieron los transalpinos por 0-1. Kempes fue titular en todos los partidos pero no marcó ningún gol. Un hecho sorprendente.
Al quedar segundo de grupo, el equipo argentino se trasladó a Rosario, para jugar, a continuación, frente a Brasil, Polonia, y Perú en la siguiente fase. Y ahí sí, apareció la fulgurante figura de Mario Alberto Kempes que decidió afeitarse el bigote que lució en los partidos celebrados en Buenos Aires para reencontrarse con el gol. La cábala surtió efecto. Sus dos goles frente a la gran Polonia de Lato, Deyna, y compañía, resultaron clave para la selección anfitriona. El empate sin goles ante Brasil obligaba a Argentina a vencer por goleada a Perú en el último duelo del grupo. Los de Menottí lograron media docena de tantos, dos de los cuales fueron obra de Kempes, que ya evidenciaba haber alcanzado un estado pletórico. Aunque las suspicacias envolvieron este desenlace, Argentina había logrado su gran objetivo: clasificarse para la final en la que se mediría con Holanda, que había superado a Alemania Occidental, Austria, e Italia, en un grupo netamente europeo.
Mario Kempes y Johnny Rep se encontraron en la final del Mundial, un año después de haber sido compañeros en el Valencia. El domingo 25 de junio de 1978 en el estadio Monumental, la selección argentina conquistó su primer campeonato gracias a una actuación sensacional de Kempes, autor de los dos primeros goles, el segundo en la primera parte de la prórroga que hubo de disputarse, tras finalizar los 90 minutos con empate a uno. El jugador valencianistas marcó las diferencias con su juego vertical y su determinación realizadora. Ese día quedó coronado como el mejor jugador del mundo. Su poderosa imagen con los brazos abiertos celebrando los tantos de cara a la grada del campo de River Plate, repleto de banderas, y con la incesante lluvia de papelitos, ha adquirido la condición de icono.
La consagración de Kempes abrió un período de gloria en Valencia, que fue más corto de lo deseado. En los dos siguientes ejercicios llegaron tres títulos, actuaciones inolvidables, y muchos goles de un jugador que enamoraba con su sola presencia. La magia de un ídolo que sigue siendo venerado en Mestalla muchos años después.
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