Pioneras
Kubalita, la portera valenciana que abrió el camino, recuerda la historia olvidada de las pioneras del fútbol femenino
La primera portera de la selección española revive su trayectoria a través de la película 'Pioneras: Solo querían jugar', un homenaje a una generación que jugó sin recursos, sin reconocimiento y contra los prejuicios de toda una época
"Mi padre era agricultor de muy pocas palabras y, sin embargo, el lenguaje del fútbol es lo que nos unió”

Kubalita, una de las pioneras del fútbol femenino en la redacción de Levante-EMV. / Fernando Bustamante

Mucho antes de los estadios llenos, las retransmisiones televisivas y el reconocimiento internacional del fútbol femenino español, hubo mujeres que simplemente querían jugar. Sin apoyo institucional, sin apenas recursos y en muchos casos soportando incomprensión social, insultos y prohibiciones, aquellas futbolistas abrieron un camino que hoy sostiene el deporte de élite. No había cámaras suficientes para registrarlo, solo había una certeza compartida: querían jugar.
Esa memoria es la que recupera 'Pioneras: Solo querían jugar', la película dirigida por Marta Díaz de Lope Díaz, que reconstruye los primeros pasos del fútbol femenino en los años setenta, en un país donde ese deporte era todavía un territorio prohibido para ellas.
En plena España franquista, bajo la influencia de la sección femenina y un orden social que delimitaba con rigidez el papel de las mujeres, un grupo de jóvenes comenzó a organizar partidos en condiciones precarias. Lo hacían sin pretensión de cambio histórico, pero acabaron convirtiéndose en su origen.
La película recrea los primeros pasos del fútbol femenino organizado en España a través de personajes inspirados en mujeres reales que, pese a las dificultades, lograron llenar campos de tierra, barro y charcos. Entre ellas aparecen figuras históricas como Kubalita, la primera portera de la selección española femenina, junto a otras pioneras que abrieron un camino que entonces parecía imposible.
La memoria que llega tarde
Kubalita, nacida en València en 1956, forma parte de esa generación que no se reconoció como pionera hasta décadas después. Su relación con la película llegó en la fase final del proyecto, cuando el engranaje creativo ya estaba cerrado y el relato prácticamente definido. Fue entonces cuando pudo verla por primera vez en un pase privado en Madrid.
Esa primera visión tuvo un fuerte impacto emocional. No tanto por el reconocimiento, sino por la distancia temporal: ver su propia historia reconstruida desde la mirada contemporánea le obligó a revisitar una etapa que durante años había permanecido en segundo plano. El documental del NODO incluido en la película le resultó especialmente duro, un recordatorio incómodo de cómo fueron tratadas aquellas futbolistas.
Después llegaron otras proyecciones, como la del Festival de Málaga, donde la respuesta del público terminó de reconectar su experiencia personal con la dimensión colectiva del proyecto. A partir de ahí, su implicación pasó de ser testimonial a convertirse en apoyo activo a la difusión del film.

Fernando Bustamante
"Jugué con futbolistas que hoy serían internacionales"
Uno de los elementos que más insiste en reivindicar es la calidad del fútbol que se jugaba entonces. Frente a la imagen reducida o caricaturizada que a menudo se ha transmitido, defiende que el nivel competitivo era alto y que muchas de aquellas jugadoras habrían podido desarrollar carreras profesionales si las condiciones hubieran sido otras. "Jugábamos muy bien al fútbol. Jugué con futbolistas que hoy serían internacionales sin ninguna duda", indicaba Kubalita en declaraciones a Levante-EMV.
Sin embargo, lamenta la falta de registros audiovisuales: "Había muchísimo talento, pero no quedó documentado como merecía. Hubo encuentros con 10.000 personas en el campo del Levante o con La Rosaleda llena y prácticamente no existen registros audiovisuales que hagan justicia a aquello", comentaba.
La relación con su padre le ha marcado para siempre, su fiel seguidor que le acompañó en todos sus momentos futbolísticos. “Mi padre me dijo que me apuntara al fútbol si quería, era mi fan número uno. El lenguaje del fútbol no tiene fronteras. Mi padre era agricultor de muy pocas palabras y, sin embargo, el lenguaje del fútbol es lo que nos unió”, subrayaba Arce.

Levante femenino campeón de liga 2001. / ALBERTO SAIZ
"Teníamos compañeras que venían desde Sueca o Cullera"
La desaparición del fútbol de su vida no fue repentina, sino el resultado de un contexto precario y frágil: “En nuestro caso en Valencia teníamos detrás a una empresa de grandes almacenes muy potentes, Marcol Lanas Aragón. No cobrábamos ni teníamos seguro, pero teníamos material y desplazamientos. El problema llegó cuando la empresa entró en crisis”.
A ello se sumaba la dificultad de compaginar entrenamientos, desplazamientos y trabajo sin ningún tipo de estabilidad: “Había compañeras que venían desde Sueca o Cullera para entrenar tres veces por semana y luego jugar el fin de semana, todo sin cobrar y sin seguro. La Federación hizo mucho para que aquello se fuera apagando, pero también nuestras propias circunstancias personales y económicas acabaron haciéndolo inviable. Fue un golpe muy duro para todas”.
"Nos entrenaba como en el fútbol masculino"
Kubalita recuerda unos entrenamientos exigentes: "Tuvimos a un entrenador de Segunda División masculina que nos entrenaba sin misericordia, Piqueras. Nos llevaba al Saler entre zarzas, nos hacía jugar contra equipos juveniles masculinos. A mí como portera me colocaba sillas plegables para que tuviera que volar por encima de ella mientras me chutaban chicos. Nos preparó a un nivel altísimo". La rutina, según cuenta era, levantarse a las cuatro de la mañana, coger el autobús, comer un bocata, jugar, como otro bocata y regresar a casa para ir a trabajar al día siguiente.
"Hay algo que la gente desconoce, en Valencia existió una liga femenina con 12 equipos. Había equipos en Manises, Catarroja, Dénia, Alcoi o Alicante, entre otros. Y en muchos pueblos había muchísimo público viendo nuestros partidos", explicaba Kubalita.

Kubalita, en su etapa de jugadora. / FERNANDO BUSTAMANTE
"La operación de mis rodillas me cambió la vida"
La carrera deportiva de Kubalita terminó de forma pronto debido a problemas físicos. Una intervención en ambas rodillas, motivada por una inestabilidad ligamentosa detectada en su juventud, alteró su movilidad. Aquella operación no solo puso fin a su trayectoria deportiva, sino que marcó una transformación profunda en su relación con el cuerpo y con el fútbol. “Me operaron de las dos rodillas cuando tenía veinte años y me pusieron dos tornillos. Eso cambió mi vida. No solo dejé el fútbol, dejé de ser la persona que era cuando jugaba”, lamentaba.
"Me dolía muchísimo ver el calentamiento de porteros en Mestalla"
Durante años, el fútbol dejó de formar parte de su vida cotidiana. Llegó incluso a resultarle difícil permanecer en un estadio durante largos períodos. La conexión emocional era tan intensa que la obligaba a alejarse: "Cuando iba a Mestalla no podía ver el calentamiento de los porteros, me afectaba demasiado. Con el fútbol femenino era aún peor, veía el Levante UD y a los 10 minutos tenía que marcharme porque me dolía muchísimo".

Integrantes del equipo de fútbol Atlético Godella femenino entre 1969 y 1971. / LEV
"Empiezo a curarme cuando hablo y recuerdo mi pasión"
El proceso de reconciliación llegó mucho después, a través de documentales y proyectos que le permitieron volver a mirar su pasado desde otra perspectiva. A partir de ahí, el fútbol femenino contemporáneo empezó a ocupar de nuevo un espacio en su vida, ya sin dolor, pero con memoria. "Me obligó a abrir una parte de mi vida que tenía completamente guardada. Todo el recuerdo del fútbol lo tenía en un disco duro, no se sabe en qué carpeta de mi cerebro. Ahí es cuando empiezo a recordar mi pasión y sobre todo la relación con mi padre, ahí es cuando empiezo a curarme”, explicaba Carmen.
Más de 40 años como enfermera oncológica
Sin embargo, reducir la vida de Kubalita únicamente al fútbol sería quedarse con una parte de la historia. Porque mientras el deporte ocupó apenas unos años de su juventud, su otra gran vocación la acompañó durante más de cuatro décadas.
La valenciana desarrolló su carrera profesional como enfermera oncológica en el Instituto Valenciano de Oncología (IVO), una faceta que reivindica con el mismo orgullo con el que recuerda sus días bajo los palos. De hecho, siempre insiste en que se recuerde esa parte de su trayectoria porque ha sido "su otra pasión y su otra vida".
Durante más de cuarenta años trabajó acompañando a pacientes y familias en algunos de los momentos más difíciles de sus vidas. Una profesión que define como exigente y dura, pero también profundamente enriquecedora desde el punto de vista humano.

Kubalita, la primera portera de la selección española de fútbol femenino. / Fernando Bustamante / LEV
Mismo hilo conductor: el valor de las personas
Quizá por eso habla del deporte desde una perspectiva que va más allá de los resultados o los títulos. Después de haber compartido vestuarios, campos de fútbol y también habitaciones de hospital, Kubalita encuentra un mismo hilo conductor en ambas experiencias: el valor de las personas. Un legado que, como ocurre con las pioneras que retrata la película, trasciende mucho más allá del terreno de juego.
Aun así, cuando mira atrás, no tiene dudas. Todo mereció la pena. El fútbol le permitió vivir experiencias únicas, representar a su país y compartir momentos que todavía hoy le emocionan. Pero, sobre todo, le enseñó el enorme valor humano del deporte. Habla de la capacidad que tiene para crear vínculos, para inspirar a niños y niñas o para acompañar a personas en momentos difíciles. "Ha merecido la pena al cien por cien", resume. Una reflexión que conecta también con el mensaje de 'Pioneras: Solo querían jugar': el de una generación de mujeres que abrió camino sin ser consciente de que estaba haciendo historia. Y Kubalita fue una de ellas.

25 aniversario del nacimiento de la liga femenina. / LEV
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