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La generación que creció con una estrella en el pecho

Mientras sus padres, los ‘boomers’, crecimos con una España y una selección acomplejada, ellos lo han hecho entre Eurocopas y un Mundial

Los niños del gol de Iniesta son hoy los jóvenes que celebran otra final de la Roja y los protagonistas de una España integradora y más segura de sí misma

Dos grupos de amigos celebran juntos la clasificación de España para la final tras ganar a Francia, en una finca al sur de València.

Dos grupos de amigos celebran juntos la clasificación de España para la final tras ganar a Francia, en una finca al sur de València. / ED

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J.M. Bort

J.M. Bort

València

Hay dos Españas futbolísticas (y sociales) separadas por una generación. La primera es la de quienes crecimos en aquella España algo cutre, acomplejada y resignada, convencida de que los grandes siempre eran los demás y de que la selección acabaría cayendo, como casi siempre, en cuartos de final. La segunda es la de los jóvenes que hoy tienen entre 20 y 30 años. Ellos crecieron en una España muy distinta: con una democracia plenamente consolidada, un país mucho más seguro de sí mismo e integrador y una selección instalada entre las grandes potencias del fútbol mundial. No conocieron ese complejo de inferioridad. Su infancia coincidió con la edad de oro de la Roja, entre las Eurocopas de 2008 y 2012 y el Mundial de Sudáfrica de 2010, el culmen de todo. El gol de Iniesta moldeó su forma de entender el fútbol y también la propia identidad de la selección. Para ellos, España nunca fue la eterna aspirante que se quedaba a las puertas, sino un equipo que acudía a los grandes torneos con la convicción de poder ganarlos.

Felipe, nacido en febrero de 2002 y actualmente empleado en un hotel de cuatro estrellas, es de los que conserva un recuerdo muy nítido de aquella noche. Tenía nueve años y vio la final en un chalet familiar del término municipal de Altura. «Lo recuerdo perfectamente. Estábamos todos juntos en el salón y acabamos celebrándolo en la piscina», rememora. Todavía conserva imágenes muy concretas: «Recuerdo el gol de Iniesta, los gritos, los saltos, la cara pintada... Incluso teníamos una réplica de la Copa del Mundo».

«Me he dado cuenta de que todo el mundo está conectado con la selección, le guste o no el fútbol. Mi novia y sus hermanas están viendo todos los partidos. Durante el Mundial nos olvidamos de los problemas, de las diferencias políticas y de los conflictos. La selección une mucho»

Aquella final forma parte de su memoria familiar, pero reconoce que la selección actual le genera una conexión distinta. «La veo muy cercana, muy campechana. Luis de la Fuente transmite la imagen de un padre y, además, muchos jugadores son prácticamente de mi edad». Cree que las redes sociales han cambiado la forma de vivir el fútbol. «Vemos cómo viven, qué comen o cómo se relacionan. Eso hace que empatices mucho más».

Chavales festejan el pase a la final el pasado martes.

Chavales festejan el pase a la final el pasado martes. / Diego Ramadés / Europa Press

Para él, el gran éxito de esta selección va más allá del deporte. «Me he dado cuenta de que todo el mundo está conectado con la selección, le guste o no el fútbol. Mi novia y sus hermanas están viendo todos los partidos. Durante el Mundial nos olvidamos de los problemas, de las diferencias políticas y de los conflictos. La selección une mucho».

«Es como una familia»

Lucas, nacido en febrero de 2005, apenas tenía 5 años cuando España conquistó su primer Mundial. Los recuerdos de aquella noche son menos numerosos, pero siguen intactos. «Recuerdo pocas cosas, pero las tengo muy grabadas». Entre ellas, la dureza del juego de Holanda. «Nunca se me ha olvidado la patada de De Jong a Xabi Alonso». También conserva en la memoria la parada de Iker Casillas ante Robben, el gol de Iniesta y la celebración posterior. «Iba con mi madre por la Gran Vía en el coche y todo el mundo iba pitando». Este domingo repetirá el ritual, aunque ya no con la familia, sino con sus amigos, en la casa de campo donde han seguido la mayor parte del campeonato. «Esta selección representa la perseverancia. Además, técnicamente es un escándalo. Yo la veo más como una familia que como un equipo de fútbol».

«La unión de un país»

Álex Devís, nacido en agosto de 2005, era todavía más pequeño. Apenas tenía 4 años cuando vio la final en casa junto a su familia. Reconoce que los recuerdos son escasos, pero hay una imagen que nunca ha olvidado: «Se me quedó para siempre la imagen de Iniesta quitando la camiseta y le dedicó el gol a su amigo Dani Jarque». A diferencia de 2010, esta vez vivirá la final plenamente consciente y rodeado de sus amigos. «La espero con mucha ilusión, porque es la primera vez que veo a España llegar tan lejos en un Mundial viviéndolo de verdad». Para él, esta generación de futbolistas representa «la unión entre equipos y la unión entre todos los españoles».

Aficionados españoles celebran la Eurocopa en València.

Aficionados españoles celebran la Eurocopa en València. / Eduardo Ripoll

Aunque cada uno conserve recuerdos diferentes de aquella noche de Johannesburgo, todos coinciden en una misma idea. Si en 2010 las finales se vivían en el salón de casa junto a los padres y los abuelos, dieciséis años después serán ellos quienes se reúnan con sus amigos para animar a España. Los niños que celebraron el gol de Iniesta sin llegar a comprender su trascendencia son ahora los jóvenes que sueñan con ver a la Roja levantar de nuevo la Copa del Mundo. Y quizá, sin saberlo, estén construyendo los recuerdos que dentro de otros dieciséis años contarán a la siguiente generación.

«En España jugamos el mejor fútbol del mundo. Nosotros jugamos a otra cosa distinta que Argentina. Me encanta que estén Lamine Yamal y Nico Williams porque representan la España de hoy».

Martín, nacido en 2004, también conserva recuerdos muy viv

os de aquella final. La vio con su familia mientras pasaban las vacaciones en El Perelló, reunidos alrededor del televisor del apartamento. «Me acuerdo de que los holandeses pegaban muchísimas patadas, del gol de Iniesta y de que luego acabamos todos celebrándolo en la piscina. Fue una locura», recuerda. Convencido de que España volverá a levantar el trofeo, cree que la diferencia está en la manera de entender el juego. «En España jugamos el mejor fútbol del mundo. Nosotros jugamos a otra cosa distinta que Argentina». Pero, por encima de todo, destaca el simbolismo de la actual selección. «Me encanta que estén Lamine Yamal y Nico Williams porque representan la España de hoy: un país que progresa y crece también gracias a quienes vienen de fuera».

Igual que las chicas

Ana apenas tenía cinco años en 2010. Como tantos niños de su generación, vivió la final rodeada de su familia frente al televisor. No conserva demasiados recuerdos del partido, pero sí del ambiente que lo envolvió. «Recuerdo la ilusión que había antes, durante y después». Para ella, el éxito de la selección no es fruto de la casualidad. «España tiene las mejores escuelas de fútbol del mundo y eso se nota. Lo hemos demostrado con la selección masculina y también con la femenina, que fue campeona del mundo, aunque de eso se habla bastante menos».

Iniesta, en el momento de marcar el gol de España en la final del Mundial de 2010.

Iniesta, en el momento de marcar el gol de España en la final del Mundial de 2010. / Efe

Pilar también era una niña cuando España conquistó el Mundial. Pasaba las vacaciones con su familia en el pueblo, en la provincia de Teruel, y todavía recuerda con nitidez aquella noche. «El gol de Iniesta lo he visto después mil veces», sonríe. Cree que la evolución de la selección ha ido de la mano de la del propio país. «España va embalada y la selección es un reflejo de esa evolución».

Pablo, nacido en abril de 2007, estaba con sus abuelos en la casa que tenían en Cullera, ya que sus padres estaban de viaje. «Mi abuelo estaba llorando de emoción cuando terminó el partido. Nunca lo olvidaré. Y eso que por encima de todo era del Valencia CF, pero la selección es la selección».

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