Fútbol y poder
De Trump en el VAR a Lamine Yamal en Gaza: el Mundial de la geopolítica en el que también ha triunfado España
En la era de la polarización, la selección ha proyectado una marca de país muy similar a la España real que difiere del ruido de parlamentos y redes sociales: periférica, meritocrática e integradora con la inmigración, una idea que incomoda pero que también ha seducido
El estilo colectivo, a contracorriente de las selecciones de estrellas, sería una metáfora de la posición de España a nivel internacional, apunta un experto en Relaciones Internacionales
Lucía Feijoo Viera

Un mural de Lamine Yamal en las ruinas de Gaza, una camiseta española convertida en icono de moda en las calles de Barcelona, un goleador inesperado de Don Benito (provincia de Badajoz), un combinado sin madridistas por primera vez en un torneo internacional y una sentencia leída en Luxemburgo que cierra dos décadas de choque político y territorial en España en vísperas de otra final de un Mundial. Si el deporte es un instrumento de poder blando y un campo abonado a las metáforas para explicar el signo de un tiempo, estos podrían ser los hilos para, uniendo balón y geopolítica, coser el tapete del momento actual español.
La selección de Luis de la Fuente proyecta una idea de país con la que la mayoría parece sentirse cómoda, a tenor de las audiencias, el entusiasmo y el oceáno de camisetas ‘blanco España’. Un equipo que, al mismo tiempo, ha recogido el elogio global por su juego brillante y su propuesta colectiva. “Este equipo traslada una España diversa y plural, no solo a nivel territorial. Que el principal ídolo de la selección sea un jugador de ascendencia marroquí, creo que es muy significativo del tipo de marca país, la imagen que proyecta a España a través de la selección”, comienza David Gómez, experto en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, y autor de un podcast futbolístico de El Orden Mundial y la revista Panenka.
Hay base para sostener esa diversidad que ha seducido en España, superadora de la polarización eterna Madrid-Barcelona. El liderazgo goleador de Oyarzabal (Eibar) o Merino (Pamplona), la presencia masiva de futbolistas mediterráneos (14, de Cubarsí, Girona; a Baena, Roquetas) o la irrupción del extremeño Pedro Porro dibujan el peso de la periferia territorial y económica, una país de ciudades intermedias donde no todo pasa por Madrid, pero que no suele aparecer en el Telediario. Hay otra diversidad, la cromática: españoles de primera generación como Nico Williams y Lamine Yamal que protagonizan una integración migratoria sin traumas ni choques culturales.

Pedro Porro, héroe de las semifinales. / Carlos Ramírez / EFE
También se ha subrayado de esta selección la normalidad con la que estos futbolistas expresan sus posiciones en cuestiones como la salud mental, la discapacidad o la diversidad sexual. Es un equipo con versos libres, como Borja Iglesias, el futbolista más activo del país en campañas contra la homofobia. O Marcos Llorente, pero en otro sentido, que ha amplicado teorías conspirativas.
Incluso se trataría de un grupo que ha sublimado, a través de su entrenador, una sentido real de la meritocracia, acudiendo al torneo sin futbolistas del Real Madrid pese a las presiones mediáticas (ya la sufrió Luis Aragonés de manera brutal por desconvocar a Raúl), o capaz de sentar en el banquillo a uno de los mejores jugadores del mundo como Pedri.

Gol de Merino contra Bélgica, en cuartos de final. / CHRISTOPHER TORRES / EFE
Es una idea de España, por otro lado, que puede entusiasmar a Javier Bardem, el actor afincado en EEUU conocido por sus posiciones progresistas y que no se pierde un partido del torneo. Pero que también incomoda a una parte del país, la que aparece retratada en artículos como el de Mariano Rajoy sobre la “Francia sin franceses”, o la que no se reconoce en un equipo con un jugador que celebra goles rezando a Alá.
España FC, sin "vetos cruzados"
Son los atributos que pueda proyectar este combinado. Pero luego está la conexión muy pocas veces conseguida con un país poco entregado históricamente a su selección. “España es un país en el que el fútbol de clubes es hegemónico. ¿Por qué este combinado nacional está conciliando mayores adhesiones?”, se pregunta Simón Alegre, profesor de Ciencia Política en la Universitat de València. “Éxitos deportivos aparte, existe un interesante paralelismo con la arena política. La competición de clubes genera una red de antagonismos que, inevitablemente, conduce a un sistema de vetos cruzados, como el de la polarización de nuestro sistema de partidos”.
Ese es el escenario que estaría sorteando este equipo, un equipo del que nadie se apropia y que, por tanto, es de todos: “No se trata solo de la composición diversa y mestiza de la actual selección española. La primacía del colectivo contribuye a disipar las típicas animadversiones que pueden generar algunos futbolistas o su vinculación con clubes concretos. Eliminar esos vetos cruzados, esa polarización que nos inocula el algoritmo de las redes sociales, es una parte no menor de la aceptación generalizada de este equipo”, defiende. Por una vez, España sería el ‘club’ con más aficionados del país.
El Mundial cierra la herida 2010-2026: del 'procés' a la amnistía
Siguiendo en el terreno político, David Gómez subraya un paralelismo y una diferencia con la España de 2010, cuando otra selección con alma colectiva ganó el primer Mundial con Del Bosque, Villa, Casillas y compañía. El torneo se jugó en plena tensión social por la sentencia contra el Estatut de Cataluña, que se conoció días antes de la final de Iniesta. Fue el punto de partida del ‘procés’ que partió en dos el país durante 15 años. Esta final de Nueva York llega tras la sentencia del TJUE que avala la amnistía y cierra este capítulo de la permanente crisis territorial.
“Esta selección simboliza una mayor unión todavía que la que vimos en 2010. Coincidió con esas manifestaciones en contra de la sentencia del Constitucional, que fue el germen del ‘procés’. Estamos viendo un cierre de todo eso, de una España que se ha lamido y se ha curado las heridas, y que parece más cohesionada a través de la selección”, cuenta.

Penélope Cruz y Javier Bardem, en uno de los partidos. / Lavandeira. Jr / EFE
El Mundial de los ‘hombres fuertes’ y la crisis del multilaterismo
Paul Auster escribió que “los europeos encontraron una forma de odiarse sin hacerse trizas. Este milagro se llama fútbol”. El deporte se ha convertido en un instrumento de relaciones internacionales por medios pacíficos y este Mundial deja algunos titulares que definen el actual momento de la geopolítica global. “Primero, es el Mundial más global, no solo porque ha habido 48 participantes, sino porque creo que la correlación de poder entre las selecciones se ha ido equilibrando: hemos visto muchas selecciones europeas en cuartos, pero hemos visto nueve africanas en dieciseisavos y siete americanas en octavos. Hay un equilibrio cada vez mayor en esos países del sur global que demandan una voz propia en los asuntos internacionales y están creciendo como potencias futbolísticas”, defiende el autor del podcast Real Politik FC.

EEl presidente de la FIFA, Gianni Infantino, agasaja a Trump en el despacho oval. / ANNABELLE GORDON / POOL / EFE
Hay una segunda clave de interés. En la era Trump marcada por los liderazgos testosterónicos, también se ha hecho presente en el torneo el dominio de los 'hombres fuertes' y la crisis del multilateralismo. En ese contexto, la FIFA ha evidenciado su pérdida de influencia. “Antes la FIFA era un estado paralelo que funcionaba al margen de los estados-nación, que podía imponer y hacer prevalecer sus intereses obteniendo privilegios. Sin embargo ahora hemos visto como la FIFA ha tenido que ceder a los intereses nacionales de un estado, a costa de sus propios principios y a costa también de la propia organización del torneo, como ha sucedido especialmente con el caso de Irán [que no pudo concentrarse en Estados Unidos, o el veto a la entrada al país a un árbitro somalí]. Creo que esto es un reflejo de las dinámicas que estamos viviendo ahora. Las organizaciones internacionales se están viendo debilitadas por la sumisión a Estados Unidos demuestra”, añade David Gómez. El intervencionismo americano ha llegado al punto de que Trump intercedió ante el presidente de la FIFA para levantar la sanción a un futbolista del combinado de EE UU.
España, de Gaza a Irán, equipo a contracorriente
En esa liga del orden internacional, España ha proyectado una imagen singular de país. Ha sido también un Mundial de ‘hombres fuertes’ sobre el terreno de juego (la Portugal de Ronaldo; la Argentina de Messi; la Inglaterra de Kane y Bellimghan; la Francia de Mbappé, Olise o Dembelé), donde España ha subordinado las individualidades a la idea colectiva.

El delantero del Barcelona Lamine Yamal ondeó una bandera de Palestina durante la rúa de celebración del título de Liga. / videoaficionada @Nuriacamera / EFE
“Tienes una selección española que se asemeja más a ese multilateralismo, a esa idea de cooperación, donde todos intervienen, donde todos tienen su importancia. Creo que eso conecta muy bien con la posición a contracorriente que tiene España últimamente a nivel internacional [y que ha dado proyección a Pedro Sánchez], con esa firmeza frente al genocidio en Gaza, con el rechazo al comportamiento de Estados Unidos contra Irán en Oriente Próximo. En el campo de juego y en el campo político, España, en este mundo de hombres fuertes, cada vez más competitivo, cada vez más proteccionista, es hasta cierto punto contracultural, o disruptora, en comparación a lo que se está viendo en líneas generales”.
Curiosamente, en la franja de Gaza se ha animado estos días con fuerza a España. No parece casual que hace unos meses dos pintores crearan un mural con Lamine Yamal sosteniendo su bandera, algo que hizo durante la celebración de un título reciente.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el argentino Javier Milei. / EFE
El colofón del Mundial, la final de este domingo entre Argentina y España, también deja su propia narrativa geopolítica. La España que ha sido uno de los principales aliados internacionales de la causa Palestina se enfrenta a Argentina, país con vínculos históricos con Israel y a la que el primer ministro ha dado recientemente su apoyo. No por Messi. O no solo por él. “Milei es un gran amigo de Israel”, dijo Netanyahu en un podcast sobre el ultraliberal presidente de Argentina. Con todos ellos, con Milei, con Netanyahu y con Trump, lleva tiempo confrontando Pedro Sánchez en la esfera internacional. Quizá sea el partido paralelo que se libre esta tarde en el palco del MetLife Stadium de Nueva York durante la gran final, la meca de una religión global que siempre ha sido mucho más que once contra once.
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