Mundial 2026
La afición argentina en Valencia, una minoría ruidosa: «Prefería perder antes que no poder celebrarlo en nuestro país»
Cientos de emigrantes viven la final del Mundial con una intensidad desgarradora, dejándose sentir por todos los rincones del centro de la ciudad

Aficionados argentinos antes de la final. / Esteban San Canuto
Una pequeña Buenos Aires a escasos metros de la 'plaza roja'. Más de 500 personas se congregaron en la calle del Convento de Santa Clara, ilustre vecina de la plaza del Ayuntamiento de València, donde se celebran y se viven masivamente los títulos de la selección. En esa estrecha calle se instaló una gran pantalla para seguir el partido. No era Nueva York, pero la pasión no le anduvo a la zaga. Las banderas españolas inundaban la plaza del Cap i Casal; el banderazo argentino daba color y pasión a esta vía, por momentos transmutada en la Avenida 9 de Julio bonaerense.
Los cánticos de los aficionados albicelestes resonaban en la calle, cortada por completo. Cuando unos coreaban el nombre de su selección, los otros respondían con mayor entusiasmo y ahínco. Había niños, ancianos, amigos, familias y hasta parejas. Pero no de cualquier tipo, sino argentinas y españolas.

Thiago y Florencia, hijo y madre, siguiendo la final en Valencia. / Esteban San Canuto
En medio de la multitud, dos jóvenes, algo vergonzosos, explican, como diría la prensa rosa y en exclusiva, que se están conociendo. Coincidieron en la carrera, ya que ambos estudian Ingeniería de Telecomunicaciones. A pesar de no querer formalizar la relación, tras esta entrevista dan por hecho que sus amigos y familiares se enterarán.
Temían enfadarse, dicen, pero finalmente decidieron ver el partido juntos. «Con ella lo siento mucho más», explican Gabriela Mirapeix y Ezequiel Pardo, de 21 y 22 años. Ella, valenciana; él, argentino. No han discutido: simplemente, «hemos estado sin hablarnos un par de minutos y ya lo hemos arreglado».

Una pareja hispano-argentina, junto a la plaza del ayuntamiento. / Esteban San Canuto
Entre los numerosos seguidores de la Albiceleste también aparece algún aficionado con la camiseta española. Sin embargo, en todo momento reinó una buena convivencia.
Thiago y Florencia son madre e hijo y proceden de Argentina. Llevan siete años viviendo aquí y aseguran: «El ambiente es bueno, a España los queremos como países hermanos». Felicitan a los españoles con respeto. «Creemos que toda celebración debe hacerse con respeto al rival».
Han venido desde Alzira y han dejado allí a sus amigos. «Queríamos estar rodeados de nuestros hermanos argentinos, aunque prefería perder antes que no poder celebrarlo en nuestro país», sentencia. Noche de nostalgia en este rincón de Valencia. Se sienten orgullosos del partido disputado. Tras la derrota, quieren sumarse al festejo por el triunfo de España.

Ezequiel Pardo y Gabriela Mirapeix, durante el partido. / Esteban San Canuto
La casualidad conduce hasta otra pareja argentino-española, una de esas que parecen sacadas de una película. Ella era nutricionista y él, un cliente que quería perder peso, ponerse en forma y verse mejor. Se conocieron en la clínica de nutrición de María. «Fue un flechazo, una conexión única», explican. Después se siguieron en Instagram y el amor continuó forjándose. Leandro lo tiene claro: «Estoy feliz por la victoria. Hemos estado en la semifinal y yo ya me siento campeón. Vivo en España, mi pareja es española y estoy contento». Dos comunidades hermanas solo divididas durante 120 minutos.
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