Explosión de felicidad en el Roig Arena con la victoria de España ante Argentina
La provincia de València se ha visto repleta de una euforia colectiva con la segunda estrella de España

Miguel Angel Montesinos
El día más importante del país a nivel deportivo en los últimos 16 años se saldó con una victoria para la selección española. Fue Rodrigo Hernández quien cogió el relevo de Leo Messi a la hora de levantar el trofeo que coronaba a España como la selección campeona del mundo, un trofeo que para España solo había levantado Iker Casillas allá por 2010. Miles de personas se reunieron en multitud de lugares para poder ver rodeados de sus amigos más cercanos y del resto de españoles -y argentinos- la final del Mundial. Uno de ellos el Roig Arena, que ya abrió sus puertas para el partido de semifinales contra Francia. No fue el único enclave en el que se reunieron miles de aficionados españoles para disfrutar del triunfo de la selección. La plaza del Ayuntamiento de València, Foios, lugar de origen de Ferran Torres, goleador del partido, o la Pobla de Vallbona, de donde es Álex Grimaldo, han sido algunos de los muchos municipios que han puesto pantallas gigantes para poder ver el partido más importante de los últimos 16 años.
Niños, adolescentes, adultos jóvenes y otros más experimentados formaban parte de la plantilla que recorría Valencia entera anhelando una victoria para España. Desde el principio, la confianza y seguridad de los aficionados llenaron las plazas, recintos, polideportivos, casales y bares de forma magistral convirtiendo a la provincia entera en un templo en el que se rezaba por la segunda estrella de la selección española de fútbol. Un final de ensueño para un torneo en el que España ha demostrado ser superior al resto de selecciones que todo el país ha celebrado con gritos de euforia y abrazos que significaban ser campeones del mundo. Valencia entera se preparaba para convertir la provincia en una fiesta que inundaba cada centímetro de suelo de camisetas rojas y blancas, banderas rojigualdas y caras pintadas con los colores nacionales. Todo con un solo propósito: animar, desde la distancia, a 25 jugadores que cargaban con el peso de llevar la ilusión de casi 50 millones de personas a sus espaldas.
Un día para la historia del deporte
Faltaban horas para que resuene el pitido inicial en Nueva York y la tensión y nervios eran notables. Las camisetas de España forman parte del ‘outfit’ oficial del día para apoyar a la selección en una efeméride que tan solo ha ocurrido en una ocasión anteriormente, cuando Iker Casillas levantó el trofeo al cielo de Johannesburgo. Desde varias horas antes, el partido ya se encontraba en juego en las calles valencianas, que inundadas por el amor nacionalista que desprende el fútbol, ya formaban parte de la vestimenta oficial del día.
El Roig Arena volvió a abrir sus puertas deseoso por realizar su función de talismán antes del encuentro que decidirá quién será el próximo campeón mundialista durante los próximos cuatro años. No es el único lugar en el que miles de personas se unirán para ver el acontecimiento deportivo más importante en los últimos 16 años. La plaza del Ayuntamiento, los casales falleros y cientos de polideportivos de los pueblos de la periferia valenciana, como Foios o la Pobla de Vallbona, dispondrán también de pantallas gigantes para que los más fanáticos del fútbol puedan llenar de camisetas rojas y blancas, banderas rojigualdas y caras pintadas las calles. Una serie de complementos que iban inundando toda Valencia desde horas antes del partido gracias a los aficionados que deseaban ver a España conseguir su segunda estrella. Una marea de nacionalismo futbolero que opaca a la afición albiceleste que habita València.
La confianza previa al encuentro
La seguridad y los nervios aparecen y desaparecen de forma constante. Una serie de emociones comunes al tener en cuenta que se trata de una final mundialista, posiblemente el partido más importante que un jugador puede disputar y que una afición puede vivir. "Llevo todo el día entre nervioso y tranquilo, ahora mismo estoy bien, pero cuando empiece ya veremos", afirma Alejandro, uno de los hinchas que ha salido a las calles a vivir el partido rodeado del resto de españoles. A él se suma Marcos, que admite: "si jugamos como lo hicimos contra Francia la victoria está asegurada".

Aficionados de la selección esperan el inicio del partido / MED
Conforme se acercaban el momento los nervios iban creciendo. Muchos de los lugares velaban por el desfogue a través de la música. Canciones como 'La Roja Baila' o 'Superestrella' fueron algunas de las más gritadas en los momentos previos al partido que decidiría todo. A ellas se sumaron cánticos como el ya tradicional "Yo soy español, español, español" o el "Que viva España" que ya entonó Manolo Escobar en su momento. Poco después, Quevedo se convirtió en el cantante que pondría banda sonora a la previa del partido con sus canciones más reconocidas del nuevo disco. Las gradas del Roig Arena y las miles de personas que comenzaban a disfrutar del encuentro en los diferentes lugares, ya teñidos de rojo, amarillo y blanco, pitaban a cada imagen de jugador argentino que aparecía en la pantalla y ovacionaban a la selección nacional. Subían los decibelios conforme se iba acercando el inicio del encuentro y la tensión cada vez era más palpable. El primer momento de hermanamiento se vio durante los himnos, donde miles de personas se cogían de los hombros para entonar las notas del himno nacional y abuchear en conjunto al argentino.
No fue hasta pocos minutos antes del encuentro cuando dejaron de entrar aficionados al recinto multifuncional valenciano, que ya había colgado el cartel de "no quedan entradas" a las pocas horas de que se abriese el plazo para poder solicitarlas. Más de once mil personas llenaron las gradas del Roig Arena, que dedicó su mayor ovación previa al encuentro al momento en el que Gianni Infantino, presidente de la FIFA, presentó frente al público del MetLife Stadium la copa que acredita al campeón del mundo de la FIFA, y que no tardó en cambiar a los pitidos a Mario Alberto Kempes cuando el exjugador valencianista levantó el mismo trofeo.
La clave del juego en equipo
Igual que contra Francia, la selección dirigida por Luis de la Fuente vuelve a tener capacidad suficiente para vencer a Argentina. "Messi es Messi, pero nosotros jugamos mejor en equipo que ellos", admite Marc, uno de los aficionados que se encuentran en los alrededores del Roig Arena. La clave es el juego en equipo, pero también hay lugar para los jugadores. Lamine Yamal volvió a llevarse la palma como el jugador más importante del equipo, pero también aparecieron otros nombres como Marc Cucurella, que todo apunta que deberá ser el encargado de frenar al 'astro' argentino, Fabián Ruiz, Rodrigo Hernández o Mikel Merino.

Lamine Yamal durante el partido ante Francia / JESÚS JAVIER PRADO
El recién fichado por el Real Madrid fue uno de los jugadores más ovacionados en el momento en el que apareció en pantalla, ya que se ha vuelto una de las mayores sensaciones de la selección en los últimos años. No tardaron en aparecer tampoco las ovaciones y los aplausos hacia el resto de jugadores que forman la plantilla española, ni tampoco los pitidos y abucheos para los del equipo dirigido por Lionel Scaloni, ligeramente inferiores a los que recibieron los jugadores franceses.
Comienza el partido, suben los nervios
Sonaba el pitido inicial y se notaba la importancia del encuentro. Seguían en aumento los decibelios, cesaron las canciones de ambiente puestas por megafonía, pero comenzaron a hacer acto de presencia los primeros “UY” con las dos primeras ocasiones de Lamine Yamal, las quejas al árbitro por no pitar las faltas y los gritos de tensión. La intensidad del juego del combinado argentino subía las revoluciones. Los mas fanáticos pedían de forma desesperada una primera cartulina amarilla para los jugadores albicelestes sin dejar de celebrar cada saque de esquina se celebraba como si fuera un gol, las recuperaciones hacían a la hinchada aplaudir de forma constante y cada internada por banda

Así está viviendo la plaza del Ayuntamiento de València la final del Mundial de España / .
El ambiente festivo y de animación se rebajó a partir de la pausa de hidratación fruto de los nervios que seguían creciendo entre la afición española. No fue hasta el minuto 39 cuando volvieron a subir los ánimos gracias a un tiro de Oyarzabal desde la frontal del área. El disparo del jugador de la Real Sociedad dio inicio a una concatenación de actos que incitaron a seguir animando. La tarjeta amarilla a Lisandro Martínez, el disparo de Cucurella, que se marchó rozando el palo, y la posterior lesión del propio Lisandro Martínez provocaron que volviesen a sonar los cánticos de animación, siendo el “Argentino el que no bote” el más popular en el Roig Arena durante el encuentro. Una subida de ánimos que no fue suficiente para que el equipo entrenado por Luis de la Fuente se fuera por delante a un descanso bañado en música.
El inicio del segundo tiempo retomó los nervios, las celebraciones de cualquier acción que favoreciera a ‘La Roja’ y los cánticos de los fanáticos españoles. “Es-pa-ña!” seguido de una serie de aplausos, el ya común “Yo soy español, español, español” y algún tímido “A por ellos” se comenzaban a vislumbrar a los pocos minutos del arranque. Fue en el minuto 54 cuando miles de españoles volvieron a llevarse las manos a la cabeza después de una clara ocasión que no terminó de concretar Mikel Oyarzabal. El momento de mayor clamor fue en el minuto 60, cuando Ferrán Torres entró al terreno de juego con gritos de “Vamos Ferrán”, el viral “Oh Ferrán” y cánticos de su nombre seguidos de aplausos siendo coreados en toda Valencia.

Ferran Torres marca el tanto de España en la prórroga. / EFE
El marcador permanecía inalterado tras la pausa de hidratación y volvía el nudo de la garganta causado por los nervios que generaba el encuentro. Los gritos de esperanza que terminaban siendo de desesperación con cada ocasión que no acababa en gol ya eran un tópico de la final y generaban un breve período de animación que finalizaba cuando desaparecía el peligro. Lamine, Ferran Torres, Nico Williams e incluso Laporte intentaban sin éxito romper el empate mientras los aficionados veían acercarse una prórroga que cada vez parecía más inevitable. La tarjeta amarilla a Enzo Fernández volvió a levantar los ánimos entre los espectadores, que incluso llegaron a mostrar peinetas al jugador del Chelsea, que volvieron a aparecer cuando expulsaron al argentino. Las últimas acciones previas a la prórroga dejaron entrever que muchos de los espectadores tenían más nervios que sangre corriendo por las venas.
Otra prórroga para la historia con sabor a Valencia
Arrancaba la prórroga y la tensión, junto con la polémica, seguía en el aire. Corría el minuto 97 cuando la locura recorrió España entera, después de que se anulase el primer gol del partido a Nico Williams. Las caras de felicidad, de personas que aún no eran conscientes de que el gol no era válido, se mezclaban con los rostros de incredulidad de aquellos que no sabían qué era exactamente lo que había señalado el árbitro. Un gol anulado que provocaba una serie de expresiones confusas en los miles de fanáticos que estaban viviendo el partido.
La segunda parte del tiempo extra volvió a empezar con cánticos de “Yo soy español” en las gargantas de aquellos a los que aún les quedaba voz, energía y la situación les permitía emitir algún tipo de sonido. Algo menos de quince minutos eran los que faltaban antes de llegar a los penaltis cuando Ferran Torres, el de Foios, ponía a temblar a toda Valencia con el primer gol del encuentro. El factor Ferrán, sumado a que es valenciano, hicieron que toda la ciudad se convirtiera en una caldera a presión durante la celebración de título. Siguieron los nervios, ahora ya sumados a los primeros festejos que se veían entre gritos de “olé” cada vez que un jugador español daba un pase con acierto. La afición seguía eufórica ante el final soñado de la selección, que pudo aumentar su ventaja con otro gol del delantero de Foios que anuló el juez de línea por un fuera de juego milimétrico.

Kevin Contreras
Y ahora… campeones del mundo
El árbitro hacía sonar el silbato que indicaba que era el fin del encuentro entre gritos de emoción y euforia que recorrían toda una ciudad. Volvió a sonar el 'Sarà perché ti amo' en el Roig Arena, que ya se utilizó para celebrar la victoria contra Francia, en medio de abrazos que festejaban la victoria de España, lágrimas de incredulidad de aquellos que no vivieron el primer mundial y bufandas y banderas al viento.
Ahora sí, es el final perfecto a un Mundial en el que España ha demostrado ser la mejor selección que lo ha jugado y que ha terminado con la mayor gloria deportiva que la selección de Luis de la Fuente puede tener. Una selección que ya es eterna dentro de la historia del fútbol.
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