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Foios vive la noche más grande de su vida

El pueblo de Ferran Torres vibra con su gol en la prórroga, mientras miles de aficionados abarrotaban también el Roig Arena y la plaza del Ayuntamiento de València

Foios, el pueblo de Ferran Torres, celebra la victoria de España en el mundial

Fernando Bustamante

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Foios/València

Foios vivió la final del Mundial como si el partido se disputara a unos metros de su plaza. Mientras decenas de miles de aficionados se repartían entre el Roig Arena, la plaza del Ayuntamiento de València y otros puntos de la Comunitat, el municipio de l’Horta Nord se convirtió en una parada obligada del mapa futbolístico por una razón evidente: allí nació Ferran Torres.

Desde mucho antes del pitido inicial, la plaza fue llenándose de vecinos dispuestos a desafiar el intenso calor para acompañar a la selección. Familias enteras, grupos de amigos y aficionados vestidos con la camiseta roja ocuparon cada rincón frente a la pantalla gigante instalada por el Ayuntamiento. El ambiente era de fiesta, pero también de expectación. En Foios no solo se seguía una final del Mundial; se esperaba el momento de uno de los suyos.

Aunque Ferran Torres comenzó el encuentro en el banquillo, nadie parecía inquietarse demasiado. Entre los corrillos se repetía la misma idea: tarde o temprano Luis de la Fuente recurriría a uno de sus revulsivos habituales. Y así fue. Cuando el delantero de Foios saltó al terreno de juego en la segunda parte, la plaza estalló en una ovación, consciente de que todavía podía ser decisivo.

La locura llegó en el minuto 106, nada más comenzar la segunda mitad de la prórroga. Ferran apareció para marcar el gol que desató una explosión de alegría en su pueblo. Gritos, abrazos, saltos y banderas al viento convirtieron la plaza en una auténtica fiesta. Durante unos instantes, la final dejó de jugarse a miles de kilómetros para trasladarse simbólicamente a Foios, donde celebraban el tanto de su hijo pródigo como si fuera propio.

La euforia aún fue mayor cuando el delantero volvió a enviar el balón a la red poco después. La celebración apenas duró unos segundos. El fuera de juego invalidó el tanto, entre gestos de incredulidad y lamentos, aunque nada pudo borrar la emoción del gol que ya había quedado grabado para siempre en la memoria de un pueblo que vivió la noche más especial de su futbolista más ilustre.

Lleno en el Roig Arena

Así celebra el Roig Arena el gol de Ferran Torres

Kevin Contreras

El Roig Arena volvió a abrir sus puertas para acoger en sus pantallas la final del Mundial ante la selección albiceleste, igual que hizo el pasado martes 14 en semifinales frente a Francia. Pero no fue el único enclave en el que se reunieron miles de aficionados españoles para disfrutar del triunfo de la selección. Aparte de Foios y la plaza del Ayuntamiento de València, hubo mucha gente en la Pobla de Vallbona, de donde es Álex Grimaldo. Niños, adolescentes, adultos jóvenes y otros más experimentados formaban parte de la plantilla que recorría Valencia entera anhelando una victoria para España. Desde el principio, la confianza y seguridad de los aficionados llenaron las plazas, recintos, polideportivos, casales y bares de forma magistral convirtiendo a la provincia entera en un templo en el que se rezaba por la segunda estrella de la selección española de fútbol.

Faltaban horas para que resuene el pitido inicial en Nueva York y la tensión y nervios eran notables. Las camisetas de España forman parte del ‘outfit’ oficial del día para apoyar a la selección en una efeméride que tan solo ha ocurrido en una ocasión anteriormente, cuando Iker Casillas levantó el trofeo al cielo de Johannesburgo.

El Roig Arena volvió a abrir sus puertas deseoso por realizar su función de talismán antes del encuentro que decidió quién es campeón mundialista durante los próximos cuatro años.

«Llevo todo el día entre nervioso y tranquilo, ahora mismo estoy bien, pero cuando empiece ya veremos», afirmaba Alejandro, uno de los hinchas que ha salido a las calles a vivir el partido rodeado del resto de españoles.

Sonaba el pitido inicial y se notaba la importancia del encuentro. Seguían en aumento los decibelios, cesaron las canciones de ambiente. El ambiente festivo y de animación se rebajó a partir de la pausa de hidratación.

El inicio del segundo tiempo retomó los nervios, las celebraciones de cualquier acción que favoreciera a ‘La Roja’ y los cánticos de los fanáticos españoles. «Es-pa-ña!» seguido de una serie de aplausos, el ya común «Yo soy español, español, español» y algún tímido «A por ellos» se comenzaban a vislumbrar a los pocos minutos del arranque. Fue en el minuto 54 cuando miles de españoles volvieron a llevarse las manos a la cabeza después de una clara ocasión que no terminó de concretar Mikel Oyarzabal.

El marcador permanecía inalterado tras la pausa de hidratación y volvía el nudo de la garganta causado por los nervios que generaba el encuentro. Los gritos de esperanza que terminaban siendo de desesperación con cada ocasión que no acababa en gol ya eran un tópico de la final y generaban un breve período de animación que finalizaba cuando desaparecía el peligro. Lamine, Ferran Torres, Nico Williams e incluso Laporte intentaban sin éxito romper el empate mientras los aficionados veían acercarse una prórroga que cada vez parecía más inevitable. La tarjeta amarilla a Enzo Fernández volvió a levantar los ánimos entre los espectadores, que incluso llegaron a mostrar peinetas al jugador del Chelsea, que volvieron a aparecer cuando expulsaron al argentino. Las últimas acciones previas a la prórroga dejaron entrever que muchos de los espectadores tenían más nervios que sangre corriendo por las venas

Arrancaba la prórroga y la tensión, junto con la polémica, seguía en el aire. Corría el minuto 97 cuando la locura recorrió España entera, después de que se anulase el primer gol del partido a Nico Williams. La segunda parte del tiempo extra volvió a empezar con cánticos de «Yo soy español» en las gargantas de aquellos a los que aún les quedaba voz, energía y la situación les permitía emitir algún tipo de sonido. Quince minutos eran los que faltaban antes de llegar a los penaltis cuando Ferran Torres, el de Foios, ponía a temblar a toda Valencia con el gol. El factor Ferrán, sumado a que es valenciano, hicieron que toda la ciudad, yi especialmente Foios, se convirtiera en una caldera a presión durante la celebración de título. Siguieron los nervios, ahora ya sumados a los primeros festejos. Con el pitido final, llegó el éxtasis.

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