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Foios revive el minuto 106 con Ferran Torres

Tres semanas después del gol que dio a España su segunda estrella, el pueblo se vuelca con su ídolo en un homenaje marcado por la emoción, los recuerdos de la final y el orgullo de su vecino más ilustre

Ferran Torres: "Es un orgullo ver toda la gente que ha venido a verme"

Miguel Angel Montesinos

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Jaume Vidagañ

Jaume Vidagañ

Foios

En Foios, el tiempo parece haberse detenido en la noche del 19 de julio. En el minuto 106 de la final del Mundial, cuando Ferran Torres marcó el gol que le dio a España su segunda ‘estrella’ y convirtió a su vecino más ilustre en héroe nacional. Han pasado tres semanas, pero en el pueblo todavía se habla de aquel instante como si hubiera ocurrido ayer.

En las terrazas de los bares, en las tiendas, en las conversaciones entre amigos, en las familias... todo gira alrededor de lo mismo. De Ferran. Del Mundial. Del gol. De aquel minuto 106 que ya forma parte de la historia de Foios. Durante todo este tiempo, una pregunta se ha repetido una y otra vez: «¿Cuándo vendrá Ferran?».

Este viernes se resolvió la duda. Dos horas antes del inicio del acto, el parking del Sector Sud ya no era un aparcamiento cualquiera. Vallado para controlar el aforo y convertido por un día en un pequeño estadio al aire libre, se había transformado en una sala de espera compartida por todo un pueblo. Cientos de personas aguardaban bajo el calor en una cola que se extendía casi hasta el municipio vecino de Meliana, muchas de ellas con camisetas de España, del Barcelona o con el nombre y el número 7 de Ferran a la espalda.

No todos habían llegado desde Foios. Pedro, Cristina y Martín venían desde Benaguasil para que el pequeño, muy futbolero, pudiera ver en persona al jugador que le había dado a España su segundo Mundial. Valeria había salido de Córdoba a las tres de la madrugada junto a su madre y su tía para ver a su ídolo en persona. Y María del Mar, Lucía y Leire llegaron directamente desde Gabaldón, en Cuenca, con una fotografía de Ferran a tamaño real para intentar conseguir su firma.

Valeria y su madre, llegadas desde Córdoba

Valeria y su madre, llegadas desde Córdoba / JV

«Tenía claro que si marcaba en la final iba a venir a verlo», explicaba Valeria, fiel seguidora del delantero de Foios. Su promesa se cumplió tres semanas después. «Le voy a apoyar siempre, en las buenas y en las malas, esté donde esté».

También había quien no necesitaba desplazarse demasiado para sentirse privilegiado. Maite Palanca contemplaba el escenario desde el balcón de su casa, situado junto al recinto. «Jamás me hubiera imaginado que desde el balcón de casa pudiese ver algo como esto», contaba, entre felicidad, orgullo y nervios por poder verlo y abrazarlo.

A las 17.30 horas se abrieron las puertas y la espera se convirtió en fiesta. Hubo carreras para coger el mejor sitio, cánticos de «¡Viva España!» y gritos de «¡Ferran!». Muchos niños y jóvenes se agolparon frente al escenario. No querían perderse ni un segundo del regreso a casa de su ídolo.

Ferran llegó a las 18.25 horas, cinco minutos antes de lo previsto. Primero saludó a su familia, que le esperaba en la parte trasera del escenario. Después salió ante el público y el Sector Sud explotó. El nombre de Ferran se multiplicó entre gritos y aplausos. Los móviles se levantaron para grabar el momento. Tres semanas de espera terminaban allí.

La emoción también tenía un rincón reservado en primera fila. Su madre, especialmente emocionada, no perdió detalle de las palabras de su hijo. Tampoco el resto de la familia, pendiente de cada frase mientras Ferran hablaba ante su pueblo. Entre el ruido de más de un millar de personas había una escena mucho más íntima: los suyos escuchando al campeón del mundo como quien escucha al Ferran de siempre.

María, la madre de Ferran Torres, junto a su abuela en Foios

María, la madre de Ferran Torres, junto a su abuela en Foios / Miguel Ángel Montesinos

Y Ferran habló de Foios. Mucho. «Es un orgullo ver toda la gente que ha venido a verme», reconoció. Después dejó claro que, pese a haber recorrido medio mundo, no piensa desprenderse de sus raíces: «Quiero muchísimo a mi pueblo. Allá donde voy siempre digo que soy de Foios. Soy ‘foiero’ siempre».

Cada vez que pronunciaba el nombre de su localidad, la respuesta era especialmente sonora. El público también celebraba sus referencias al Mundial, mientras seguía con atención las palabras del jugador. «Foios es el pueblo perfecto», aseguró. «Para mí es un honor volver aquí siempre que puedo; con la agenda que tengo es difícil, pero siempre es un honor tener a la gente de aquí».

Entre los amigos presentes estaba Vicent, uno de los que acompañaron a Ferran durante todo el Mundial en Estados Unidos. Desde allí vivió de cerca el camino que llevó a su amigo hasta el momento más importante de su carrera. «Ferran está muy contento de estar en Foios. Siente mucho estar aquí, en su tierra», explicaba. Y recuerda que ambos tuvieron desde el principio la sensación de que aquel Mundial podía regalarles algo grande. «Sabíamos que el destino nos iba a regalar algo. Lo tuvimos muy claro desde el primer partido y lo hablábamos cada día».

Ahora, tres semanas después, todavía cuesta asimilarlo. «Solo dos personas en España han vivido lo que supone marcar un gol en la final de un Mundial y uno de ellos es Ferran», recordaba Vicent. El amigo íntimo también incidía en el vínculo con su tierra: «Él siempre quiere venir a València cuando puede».

La familia también tuvo su momento. La hermana de Ferran subió al escenario y el futbolista recordó cómo los suyos le transmitieron calma durante la mañana de la final ante Argentina. Incluso tenían el «feeling» de que iba a ser el protagonista del partido. Y la abuela añadió una de esas pequeñas historias que explican cómo se vivió aquella noche en casa: contó durante el homenaje que tenía encendidas unas velas y unas estampitas de los patrones de Foios, Sant Roc y la Mare de Déu del Patrocini.

Pero todavía quedaba el momento que Foios llevaba tres semanas esperando volver a vivir.

En la pantalla gigante apareció el gol ante Argentina. La narración de Miguel Ángel Román acompañó de nuevo aquella jugada que cambió la historia del verano. Y cuando llegó el minuto 106, cuando Ferran volvió a empujar el balón a la red, Foios volvió a explotar. Los gritos se hicieron ensordecedores. El pueblo volvió a celebrar el gol como aquella noche de julio.

Solo que esta vez, el protagonista estaba allí.

En primera fila, su madre rompió a llorar. A su alrededor, el resto de la familia vivía también el momento con enorme emoción. Durante unos segundos, las tres semanas desaparecieron. Volvió el Mundial, volvió Argentina, volvió aquel instante. Y volvió a ocurrir en Foios, delante del propio Ferran.

Nadie se había movido durante el homenaje. Ni siquiera después de casi una hora de acto. El público había permanecido atento a cada palabra, había levantado los móviles, había aplaudido cada referencia a Foios y había gritado «¡España!» y «¡Ferran!» en distintos momentos. La despedida fue a la altura de la espera: todo el recinto entonó al unísono el ya viral «Oh, Ferran».

El campeón del mundo se marchó, pero la fiesta no. Nadie abandonó el Sector Sud. Sobre el mismo escenario llegó la actuación de Bombai y, después, la sesión de DJ. Los niños, los jóvenes, las familias que llevaban horas allí y quienes habían llegado desde kilómetros de distancia siguieron bailando hasta el final. Foios todavía no quería que terminara aquel día.

Y, quizá, por eso el tiempo tampoco volvió a ponerse en marcha de inmediato. Después de tres semanas girando alrededor del gol, del Mundial y de la pregunta de cuándo volvería Ferran, el pueblo necesitaba unas horas más para celebrar a su campeón. Solo cuando terminó la música, el Sector Sud comenzó a vaciarse y las calles recuperaron poco a poco su ritmo habitual, Foios volvió a ser Foios.

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