Aniversario
Kempes, medio siglo del ídolo que trascendió la historia del Valencia CF
El 'Matador' debutó como valencianista el 16 de agosto de 1976 en el Taronja, un partido "deslucido" que dio paso a una etapa legendaria que, más allá de los goles, convirtió al argentino en un futbolista de impacto intergeneracional

La llegada de Mario Alberto Kempes al Valencia y su debut cumple medio siglo. / Valencia CF

Mediados de agosto de 1976. Mientras España todavía trata de situarse en un nuevo escenario político-social, el de la Transición, el deporte acaba de despedir unos Juegos Olímpicos en Montreal marcados por el boicot de las naciones africanas a la participación de Nueva Zelanda -cuyo equipo de rugby había disputado un encuentro en la Sudáfrica del 'apartheid', país excluido por el Comité Olímpico Internacional (COI)- en la competición. El mundo del fútbol, mientras, aún interioriza la belleza del lanzamiento de un penalti que pasará a la historia. El de Antonín Panenka en la final de Belgrado que proclama a Checoslovaquia como campeona de Europa. Sin embargo, casi dos meses después de ese acontecimiento, a miles de kilómetros de la ciudad de los Balcanes, otra imagen está quedando también para el recuerdo. Un delantero argentino, Mario Alberto Kempes, salta por primera vez al césped del Luis Casanova, su nueva casa. La misma en la que se convertirá en el mejor jugador de la historia de la entidad y en la que dejará una huella inicial que sigue impactando, imborrable e intergeneracionalmente, 50 años después.
Porque este domingo 16 de agosto se cumple medio siglo desde que el 'Matador' se vistió de corto por primera vez para jugar como blanquinegro. Un 'Trofeu Taronja' contra el CSKA de Moscú -de esos que contaban con un aroma diferente al de los torneos actuales- es el que sirve como ese primer escenario para conocer a un futbolista, ante todo, carismático. Hace menos de un mes que con sus medias caídas y su característica melena ha cumplido 22 años y su incorporación -tan aclamada como esperada durante los cuatro días que han transcurrido desde su aterrizaje hasta ese estreno en Mestalla- es vista como un refuerzo perfecto dentro de un mercado de fichajes en el que la entidad presidida por José Ramos Costa y con Bernardino Pérez Elizarán 'Pasieguito' en la secretaria técnica ha incorporado también para la delantera a un refuerzo experimentado como Carlos 'Lobo' Diarte procedente del Zaragoza. Junto a ellos, la triada ofensiva la complementa el holandés Johnny Rep.
Debut sin apenas descanso
Ese primer encuentro -que 'Marito' disputa sin rodaje tras haber estado sin entrenar durante semanas con su último club, Rosario Central, llegando además sin apenas descansar tras su vuelo y casi como un compromiso obligado por la elevada expectación que su fichaje ha desatado- no resulta alentadora. La propia crónica de este diario define su actuación como "deslucida" y "fallando balones fáciles, casi a portero batido, y para colmo lanzó a las sillas de gol su 'penalty' crucial Kempes es un jugador de una sola pierna". El Valencia CF, con su nueva estrella, se queda apeado de la final de su propio trofeo. La desencantada actuación de su debut, muchos años después, quedaría incluso relatada en los versos de 'Nostalgia de Bell Ville', de La Gran Esperanza Blanca.
La situación, en el inmediato plazo a ese partido contra los moscovitas, no mejora. Su siguiente batalla, el choque de consolación del cuadrangular ante el Hércules, deja otra pena máxima fallada en sus botas. En lo mediático comienza a haber inquietud. En el banquillo en el que se sienta Heriberto Herrera y en los despachos, sin embargo, la confianza en un jugador que acabará convertido en ídolo no se resquebraja.
Hay comprensión con un fichaje que ha sido complicado y, sobre todo, analizado. 'Pasieguito', como destacaba su hija Cristina en una entrevista con Levante-EMV en 2019, lo venía siguiendo desde el Mundial de dos años antes. Para cerrar su incorporación ese 1976, esa lupa no se ha relajado. Viaje de un mes a Rosario en el que el responsable valencianista no solo observa lo deportivo, sino que recorre carnicerías o bares en el barrio del jugador para saber cómo es, cómo se alimenta o cómo se cuida el que quiere que sea su futuro futbolista. La detallada investigación es satisfactoria. La negociación, no obstante, no resultará sencilla.
Los directivos de la entidad rosarina son reacios a desprenderse de su 'crack'. Pero tras un tira y afloja extenuante -y fijar finalmente un precio de 34 millones de pesetas por el acuerdo- el club argentino somete a un referéndum popular la salida de Kempes. El resultado, con acusaciones de amaño ante un rechazo generalizado de la afición local a la venta que no se plasma en el sino de la votación, sale favorable y el jugador acaba por firmar por el club blanquinegro. La incorporación, eso sí, tendrá otro 'susto'. Los médicos valencianistas encuentran en la revisión del 'Matador' un punto negro en su estómago. El diagnóstico es, cuanto menos, sorprendente. La mancha es un perdigón, en concreto, el que contenía la perdiz que el jugador se ha comido en Motilla del Palancar durante el trayecto desde Madrid -donde había aterrizado procedente de Argentina- a València.

Kempes, durante un partido con la camiseta del Valencia CF. / Valencia CF
Datos de leyenda
Pero lejos de anécdotas y unos primeros compases poco esperanzadores con la casaca valencianista, pronto el talento y el olfato de un delantero tan veloz como potente y bello en sus movimientos florecería a las orillas del Turia. Sería en el debut liguero -curiosamente, como esta temporada, con el Celta de Vigo y en Mestalla- en el que desatascaría su acierto con un doblete. Su acierto ya no se detendría, como un torrente. Esa misma temporada la cerraría con 24 dianas. La siguiente, con 46. En su carrera como valencianista acabaría reflejando datos de absoluta leyenda. Casi 300 partidos -sin contar amistosos- con la entidad en los que dejó 175 goles como un bagaje hecho legado.
En las vitrinas, una Copa del Rey -la de 1979, con un doblete en la final contra el Real Madrid-, la Recopa de Europa de 1980 -con otros dos tantos más- o la Supercopa de Europa de ese mismo curso. Todo antes de que el futbolista acabara saliendo, ya en 1981, rumbo a River Plate. Entremedias, su liderazgo en la Argentina que se llevó el Mundial -con seis tantos suyos, dos de ellos en la final contra Países Bajos- en 1978. Una prueba más -aunque no hacían falta- de la mística que rodea y rodeará siempre a un emblema del Valencia CF. A un ídolo intergeneracional, como no ha tenido otro el club, cuya nostalgia marcó la realidad de afición y entidad una vez este abandonó el equipo -tras haber regresado en 1982 para otras dos temporadas, con especial brillo en la segunda hasta sufrir una lesión en el hombro- definitivamente en 1984. La misma que nunca ha desaparecido del todo. La misma que siempre recordará a Bell Ville.
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