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Va de Bo

El Trofeo Moscatel o el triunfo de la rebeldía

En el verano del 68, con los rescoldos del mayo francés, en un pueblecito valenciano de habla castellana se iniciaba la revolución que a medio plazo recuperaría la dignidad del Joc de Pilota, el que llenaba calles y plazas de España y media Europa

Calle El Mesón de Godelleta, año 1982.

Calle El Mesón de Godelleta, año 1982. / Levante-EMV

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Alberto Soldado

Alberto Soldado

València

En mayo del 68, los niñatos de la burguesía parisiense jugaron a ser revolucionarios. Paralizaron universidades, confluyeron con sindicatos obreros y montaron un clima de insurrección general que acabó contagiando a media Europa. Pero “aquello duró lo que duran dos peces de hielo en un wiskhy on the rocks…” No podía triunfar una revolución liderada por gentes que al mismo tiempo predicaban paz y amor…y disfrutaban de las ventajas burguesas. Quedaron, eso sí, frases tan hondas como la de “prohibido prohibir” que viene a ser como la síntesis de la filosofía relativista…

En el verano del 68, con los rescoldos del mayo francés, en un pueblecito valenciano de habla castellana se iniciaba la revolución que a medio plazo recuperaría la dignidad del Joc de Pilota, el que llenaba calles y plazas de España y media Europa. El Juego de Pelota había sido prohibido varias veces a lo largo de los siglos por aquello de que ocupar espacios públicos para divertirse siempre provoca recelos de las autoridades, interesadas en el sosiego. En ese pueblo se dio el caso de un vecino que, harto de que los pelotaris invadieran su tejado en busca de las pelotas colgadas, encaró su escopeta de caza hacia el pelotari amenazándole con disparar si no bajaba del tejado. La cosa no pasó de la anécdota pero demuestra y simboliza la lucha entre lo estático y lo ilusionante, lo paralizante y lo atrevido. Aquel pelotari no sólo siguió subiendo a los tejados o peloteando muchas veces sólo contra la pared sino que ideó un torneo para recoger el espíritu revolucionario, de rebeldía contra la corriente uniformadora que había desplazado el Joc de Pilota a los rincones de las memorias de viejos, a las páginas de la literatura, al desván de estudiosos de curiosidades. El conformismo hubiera sido regresar “a la maldición de las sábanas frías…”. Ese primer torneo llenó la calle, levantó pasiones de pueblos contra pueblos, despertó corazones dormidos y años después, contagiadas las ilusiones en decenas de calles, se consolidó el torneo El Corte Inglés de Galotxa, faro que iluminó otras grandes iniciativas.

El Mayo del 68 tuvo sus frutos pues incubó unas generaciones que cambiaron ritos, derribaron prohibiciones y exigieron nuevos modales éticos. Sin saberlo, aquel primer torneo de agosto del 68, incubó un resurgir de la ética del deporte aficionado y un respeto a la tradición del pueblo capaz de respirar en el naufragio de sus identidades, en el océano despersonalizador.

Ese es el triunfo del Trofeo Moscatel. El triunfo de la rebeldía.

Esta noche se juega la final a partir de las 21.30 horas. Por primera vez, una final nocturna, lo que puede calificarse como histórico. Dos poderosas formaciones dignifican la exitosa historia de casi sesenta años Llegan desde Montserrat y Faura, dos pueblos con solera pelotística, con historia para presumir. Tanto o más que los niñatos que jugaron a ser revolucionarios. Para revolución la de este torneo.

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