Asistimos sobrecogidos al espectáculo: la quiebra de casi todas las Cajas de Ahorros por la más que severa incompetencia y corrupción de sus gestores políticos y sindicales ha herido gravemente al Erario Publico hasta el punto de que hemos tenido que ser rescatados por la Unión Europea, con tal de evitar la quiebra, no sólo de estas Cajas o banca pública, sino por contagio de la propia economía española.

Los españoles han pagado con creces estas incompetencias y corruptelas de la clase dirigente a base de disminuciones de sueldos, despidos, subidas de precios, desahucios... Por tamaño desmán se palpa en España una desconfianza total en los partidos y sindicatos tradicionales hasta el punto de que partidos hasta hace pocos meses desconocidos superan ya a PP y a PSOE en las encuestas.

Seguramente tanta incompetencia, corrupción y violación de lo público no será fácilmente perdonada por los ciudadanos, que para más escarnio, han visto, y por millones, como se les hurtaban los ahorros por esas mismas Cajas de supuestos Ahorros, para seguir con ellos financiando los préstamos sin retorno a sí mismos y a los amiguetes, las obras más disparatadas, las pensiones y regalías más vergonzosas e inmerecidas, o el atraco puro y duro a la caja de estas Cajas mediante las tarjetas «black» u opacas.

Último capítulo de esta burla cruel a tanta gente que por el camino ha perdido los ahorros de toda una vida, sus trabajos e ilusiones, sus hogares, sus familias. Y siendo ello además, aparentemente legal, lo que finalmente está teniendo que ser resuelto por los jueces, que si ya tenían una gran sobrecarga de trabajo, ahora además han de atender a estos cientos de miles de ahorradores engañados por las Cajas, lo que supone, sin duda, más gasto para el Erario Público, es decir, otro grave daño colateral para nuestro país. Lo que gracias al sentido común y a la ejemplar profesionalidad de nuestra judicatura, se está resolviendo, casi al 100%, en sentencias favorables a los preferentistas y obligacionistas subordinados, que están recuperando sus ahorros por estas sentencias judiciales. Siempre nos quedara la Justicia, pues, y también para resolver el ultimo engaño que al final de la escapada protagonizaron Rato y compañía: cuando ya no bastaba birlarle los ahorros a los clientes para seguir sufragando las Cajas quebradas por la orgía de 20 años de incompetencia y corrupción, entonces idearon la enésima triquiñuela de las fusiones y de sacar a bolsa a una empresa quebrada, como si fuera nueva y boyante, con informes económicos de matute, y así conseguir otro rescate más de los clientes, y del público en general, ahora vía una supuesta suscripción de acciones.

Dilapidado, pues, el sablazo de las preferentes y subordinadas, acudieron al parqué con su último crecepelo: «Compre cliente, compre nuestras acciones, que me las quitan de las manos...que han comprado mi padre, mi madre y todos mis hermanos...» ( la imagen de Rato tocando la campana indeleble quedó en la retina de los miles de ahorradores engañados ). Y para en mayo de 2012, ni un añito después, enterarnos de golpe y porrazo, que éste era el último timo, que tampoco era verdad lo de la sonrisa y la campanita de Rato, que con estas acciones tampoco estábamos ante un «producto seguro, de una empresa solvente y de una rentabilidad garantizada?» ¡que no señores, que tampoco! que todo esto no era nada más que el ultimo chicharro, a título póstumo de tan honrados banqueros -que en realidad no eran nada más que cutres yonkies pero de nuestro dinero-.

Porque tampoco eran acciones, !ni ná de ná! que de 23 mil millones de euros era el tamaño de su adicción y el roto de nuestro agujero.