10 de agosto de 2018
10.08.2018
Juventud

Un español se emancipa ocho años más tarde que un sueco

El paro juvenil, la precariedad de los empleos y la escasez de las ayudas públicas son las causas

10.08.2018 | 18:16
Un español se emancipa ocho años más tarde que un sueco

Los jóvenes españoles se emancipan en promedio a los 29 años, según los últimos datos del barómetro europeo Eurostat. Los más precoces en abandonar el hogar familiar, en cambio, son los suecos, que lo hacen a los 21 años, seguidos a poca distancia por los daneses y los luxemburgueses. Los sociólogos apuntan el paro juvenil, la precariedad de los empleos y la escasez de las ayudas públicas para comprar o alquilar una vivienda entre las principales razones que explican esta diferencia, acentuada también por razones culturales.

De los diecinueve países de la zona euro, España ocupa el sexto lugar por la cola por lo que respecta a la edad en la que los jóvenes abandonan el hogar familiar, solo superada por Italia (30,1 años), Eslovaquia (30,8 años), las repúblicas que formaban la antigua Yugoslavia (31,5 años), Croacia (31,9 años) y Malta (32,2 años). El promedio europeo se sitúa en 26 años. En España, según los últimos datos del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, referidos al primer semestre de 2017, la tasa de los jóvenes emancipados menores de 29 años no llega al 20 %.

Francisco Núñez y Roger Martínez, sociólogos y profesores de los Estudios de Artes y Humanidades de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), coinciden en señalar que entre las principales razones que explican estas cifras tan pobres en cuanto a la emancipación de los jóvenes están el paro juvenil y la precariedad laboral de los jóvenes. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) cifran en el 36,33 % la tasa de paro de los menores de 25 años.

Francisco Núñez explica que las dificultades de encontrar un trabajo que permita al joven emanciparse, sumadas a la precariedad de los sueldos de muchos empleos y la subida de los precios de compra y de alquiler, hacen retrasar la opción de irse de casa a los jóvenes. El salario medio de un joven español de entre 16 y 29 años se situaba en 2017 en poco más de 11.000 euros, una cifra superior para el colectivo de 30 a 34 años, que rondaba los 15.000 euros, según el Consejo de la Juventud de España. Con estos sueldos, el endeudamiento de un joven para comprarse una vivienda sube hasta el 60 % (en el caso de los menores de 29 años) y superaría el 40 % entre los que tienen entre 30 y 34 años, unas cifras muy superiores a los índices de endeudamiento tolerable, que se sitúan cerca del 30 % del salario neto.

Núñez alerta de la irrupción de una nueva burbuja inmobiliaria, que afecta no solo a la compra de vivienda, sino también al alquiler, algo que no ocurre solo en España, sino que también se da en otras capitales europeas, como París o Londres, o en otros destinos turísticos en auge, como Budapest. «También aquí se da una gran especulación urbanística y se acaparan las viviendas de los centros históricos, lo que hace desplazar a los jóvenes a las periferias o a las ciudades satélite», explica.

Un tema de tradición cultural

La escasa cultura de emancipación de los jóvenes del sur de Europa también explicaría, según Núñez, por qué los jóvenes españoles tardan más en irse de casa que los jóvenes de otros países europeos. Pone como ejemplo Estados Unidos, donde la mayoría de jóvenes abandonan el hogar familiar cuando estudian la carrera y difícilmente no vuelven ya a él. «Sería extraño para un padre estadounidense tener un hijo en casa con 25 o 30 años, porque lo viviría como un fracaso», apunta el sociólogo, que añade que, en cambio, en España a la mayoría de padres no les importa tener a los hijos en casa hasta edades tardías. Además, añade el sociólogo, la permanencia de muchos jóvenes en el nido familiar responde a su voluntad de «alargar la adolescencia y la juventud durante mucho tiempo».

Roger Martínez explica también que en España tradicionalmente muchos jóvenes, a la hora de emanciparse, esperaban a reunir el dinero suficiente para pagar la entrada de un piso. «Esto en el norte de Europa no ocurría, porque el paro juvenil ha sido mucho menor y en general han existido más ayudas públicas y mejores condiciones laborales; por lo tanto, la norma social es irse de casa antes: quedarse en casa de los padres una vez superados los 18 o 20 años era visto como una anomalía», explica.

Escasas ayudas públicas

Martínez apunta también que en Europa existe más vivienda pública para jóvenes y más ayudas universales al alcance de este colectivo. Pone como ejemplo Reino Unido, donde existe el programa Housing Benefit, un subsidio que depende de los ayuntamientos del distrito que ayuda a pagar el alquiler cuando alguien no se lo puede permitir. «Aquí, desde los años noventa, se han ido realizando pequeñas actuaciones para ayudar a los jóvenes a acceder a la vivienda, tales como algunas promociones públicas y programas para poner alquileres asequibles a disposición de los jóvenes, pero no han sido universales ni han tenido un impacto significativo», afirma. A pesar de ello, Núñez opina que el aumento de las ayudas públicas sería solo un empuje que impulsaría a los jóvenes a irse de casa, pero que son necesarias otras mejoras de calado estructural, tales como sueldos más dignos o la reducción de las cifras de paro. Con todo, asegura que transcurrirán años antes de que España se sitúe a los niveles europeos.

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