La industria valenciana ha entrado en hibernación tras la decisión del Gobierno de que las empresas no esenciales paren su producción para frenar la espiral de contagios del coronavirus. El trabajo en las 740 áreas empresariales de la Comunitat Valenciana ha caído desde el lunes un 90 % y prácticamente solo están activas las firmas agroalimentarias, químicas y de producción de plástico y cartonaje. El paro forzoso afecta a 181.000 asalariados valencianos empleados en el sector industrial, según un informe de la Cámara de Comercio de Valencia. El freno de la actividad por esta nueva medida alcanza a 904.938 asalariados de todos los sectores, a los que hay que añadir un gran número de autónomos que trabajan en actividades como la construcción, hostelería, transporte y comercio (solo en estos cuatro sectores hay 160.000 afectados).

El descenso de la actividad industrial ha sido progresivo en los polígonos tras la declaración del estado de alarma y se precipitó el lunes después de la orden del Gobierno de que paren las empresas no esenciales. Diego Romá, gerente de la Federación de Polígonos Empresariales de la Comunitat Valenciana (Fepeval), incide en que prácticamente toda la industria manufacturera ha parado por completo. «El lunes todavía quedaban trabajadores en las empresas para cerrar las líneas de producción. Los empresarios han actuado con mucha responsabilidad», apunta Romá.

El presidente de la Cámara de Comercio de València, José Vicente Morata, asegura que la medida del Gobierno ha afectado a todos los sectores, desde el azulejo y el mueble, al juguete, la iluminación y el calzado. La decisión del Ejecutivo ha sido polémica porque cogió desprevenidas a las empresas del sector secundario que se encontraron con dificultades para parar hornos o para sacar stocks con destino a la exportación. Ayer, el gabinete de Pedro Sánchez hizo pública una nota aclaratoria que despeja que muchas dudas. Las firmas, como las del azulejo o vidrio, que utilizan hornos que en algunos casos tardan tres días en apagarse ?y luego encenderse? podrán mantenerlos con un mínimo personal para vigilancia, según Morata, quien destacó sobre todo que la nota permite a todas las firmas industriales reenviar los productos ya fabricados con destino al exterior.

En este sentido, explicó que el turismo y la exportación son la principal fuente de riqueza de la Comunitat Valenciana y solo la segunda garantiza la salida de la crisis, porque el primero difícilmente se va a recuperar a corto plazo.

Morata destacó que la nueva situación es «asumible» siempre y cuando pasado el 9 de abril, como está previsto en el decreto, todas estas actividades no esenciales puedan volver a la actividad. En caso contrario, «será un desastre, con pérdida de mercados extranjeros y la entrada en concurso de acreedores de muchas empresas y de una forma mucho más rápida que en la crisis de 2008».

En el parque empresarial Juan Carlos I (Almussafes) el gran parón se produjo el 19 de marzo por la decisión de Ford de paralizar su producción en Europa por el coronavirus. «Desde el cierre de Ford, el 70 % de las empresas había parado en el polígono de Almussafes», según fuentes empresariales. El polígono de Almussafes funcionaba ayer al 10 %, según precisa Romina Moya, gerente de los parques Juan Carlos I y Riba r3 (Riba-roja).

La industria del metal, que representa el 15 % del Producto Interior Bruto (PIB) de la Comunitat Valenciana, se encuentra paralizada al 85 % de su capacidad, según indica a este diario el presidente de la patronal sectorial Femeval, Vicente Lafuente. Esta actividad ya se vio golpeada por el decreto de estado de alarma, que obligó al cierre del comercio de ferreterías minoristas, electrodomésticos o coches. Algunos talleres podían abrir pero acabaron cerrando por falta de actividad. Solo un 1 % sigue abierto para urgencias.

La última medida del Gobierno, sin embargo, ha tenido un impacto generalizado. Según Lafuente, muchas industrias auxiliares del automóvil, aunque bajó el negocio tras el cierre de Ford Almussafes, seguían activas hasta ayer para suministrar a clientes internacionales que les exigían componentes. Ahora «el riesgo es si comprarán a otros». Entre los instaladores apenas trabaja ya el 10 % del total, los que se dedican a mantenimiento para sectores esenciales, dado que los vinculados a la construcción, como fontaneros o electricistas, han tenido que parar. En bienes de equipo como maquinaria o electrónica la mayoría ha cerrado y solo siguen funcionando las empresas relacionadas con el sector alimentario y las que se están volcando en fabricar respiradores para sanidad. Ortopedias y fabricantes de prótesis también siguen en activo.

Lafuente afirma que la gran incógnita es qué sucederá el 9 de abril, cuando estos sectores puedan volver a producir. En su opinión, si no se agilizan los avales y líneas de liquidez, algunas empresas no podrán mantenerse.