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Campo valenciano

Cuando las patatas se cogen gratis en el campo

El derrumbe de los precios y la demanda, sobre todo en el canal Horeca, ha aumentado la práctica de dejar el producto en la tierra para que los particulares se lo lleven para su consumo

Vicent Ferrer, en sus campos de patatas en Meliana. m. a. montesinos

Los productores valencianos de patatas están sufriendo su particular crisis, por si no tuvieran suficiente en estos tiempos de pandemia. La demanda se ha contraído de forma significativa y los precios se han derrumbado, de modo que son unos cuantos los agricultores que, sin cámaras frigoríficas donde conservar el producto, han destruído estos tubérculos o los han dejado en los campos, para gozo de quienes, por costumbre o necesidad sobrevenida, la cogen para el consumo doméstico, según la Unió de Llauradors.

La organización agraria ha hecho una primera aproximación de las pérdidas que estos productores están padeciendo en una campaña nefasta: 12,6 millones de euros en toda la Comunitat Valenciana. En l'Horta, la situación es particularmente problemática. Como contaba a este diario Pepe Albert, la producción tiene un coste de unos 22 céntimos por kilo, mientras que los precios que ofrece el comercio se han quedado en 10. Por tanto, un pérdida de 12. Son las cifras que maneja también Vicent Ferrer, representante de la Unió en el Consell de l'Horta, quien añade que en los diez céntimos hay que incluir el IVA y en los costes de producción, lo que vale la recogida.

El miembro de la Unió de Llauradors explica que hay dos motivos fundamentales de la situación que atraviesa este subsector, que además ya padeció de forma severa las consecuencias de la tormenta Gloria, que afectó al 80 % de las parcelas en l'Horta Nord. Los agricultores volvieron a plantar tras limpiar los campos con la vista puesta en finales de abril y principios de mayo. Sin embargo, la crisis del coronavirus se ha convertido en la puntilla, principalmente por el cierre de hoteles, restaurantes y cafeterías, el conocido como canal Horeca, que ha reducido de forma considerable el consumo. A ello, según Ferrer, hay que sumar el hecho de que la gran distribución no suele proveerse con producto valenciano y tiende más a la importación.

En este contexto, la oferta, aunque la campaña está en su parte final, se ha disparado, pero no la demanda, lo que ha provocado la caída de precios. Como consecuencia, los productores que no disponen de cámaras de frío se han visto en la tesitura -los que no han abandonado el campo, que, según Ferrer, cada vez son más- de dar por perdida la cosecha y preparar esa tierra para cultivar en los próximos meses otras verduras. En otros casos, sí se ha efectuado la cosecha, pero «al ser tan barata la producción, el comercio solo se lleva las patatas más impolutas y perfectas, a diferencia de lo que sucede cuando son caras, que se lo llevan todo, y el resto ha quedado en el campo».

Esa producción rechazada -hasta que el agricultor no mueve la tierra para otro cultivo de temporada- queda sobre el campo, puede aguantar hasta dos meses y suele ser recogida por particulares para consumo propio. Gratis, claro. «Son gente normal. Van con bolsas o con sacos, si llegan en coche. Se ha hecho siempre, pero ahora más por la necesidad» provocada por la pandemia, afirma Ferrer, quien agrega que para algunos agricultores es una práctica beneficiosa porque facilita el nacimiento de más patatas.

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