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Santiago Niño Becerra: "La incertidumbre acabará, pero nada estará seguro"

"En el futuro no habrá protestas. Vamos a ir todos hacia lo que estamos viendo en China: control biométrico de la población, carnet por puntos y lista de actividades antisociales"

Santiago Niño Becerra

Santiago Niño Becerra

¿Ha pensado un nombre para el sistema qué nacerá en el 2065?

No. ¿Sistema Corporativo? ¿Sistema de Plataformas?...

Si acertara, pasaría a la posteridad.

En todo caso, se parecerá al mundo que dibuja la película Rollerball (1975): unas pocas corporaciones que marcan la pauta, una paz social absoluta (sin libertad) y el desahogo a través del rollerball [una violenta mezcla de hockey sobre ruedas, rugby y motociclismo].

No baja su tono catastrofista.

Es un cartel que me han colocado y no entiendo el porqué. Si fuéramos nobles y mantuviéramos esta charla en el París de 1770 no sorprendería que dijéramos: «¿Qué mal pintan las cosas?».

¿Le alegra haber madurado en el XX?

Cuando acabé la carrera tenía dos posibles empleos y renuncié a los dos porque no me gustaba ninguno. No existía la incertidumbre.

Pero a la incertidumbre le quedan cuatro días, sostiene.

La incertidumbre acabará, pero nada estará seguro. No habrá incertidumbre a nivel corporativo, porque quedará quien tenga que quedar y se repartirán los mercados. El que esté integrado en un cuadro de una gran multinacional, seguirá el camino que se le marque. El que no, se preguntará: «¿Y mañana qué haré?». Será un vivir al día.

¿Cuántos estarán así?

El modelo trébol del sociólogo Charles Handy apunta a que habrá un 30% de integrados 100% útiles; un 30% de trabajadores a tiempo parcial y algo más del 30% restante, excluidos.

«Grasa que sobra», en palabras de Mary Callahan, la CEO de JP Morgan.

Jeremy Rifkin estimó en algún momento del siglo XXI solo hará falta el 5% de la población mundial para generar el 100% del PIB del planeta. En términos económicos, sobrará el 95% de la población. La gran pregunta –que nadie se formula– es si en el 2075 el mundo tendrá 12.000 millones de habitantes.

Se la hago yo.

No hará falta tanta población. Hoy es posible generar PIB con cero unidades de factor trabajo.

Mientras, ¿qué será del sobrante?

Aparecerá el trinomio social: renta básica, legalización de la marihuana y ocio gratis. Un «no molestes» en toda regla.

¿Quién se lo dirá a la cara?

Los estados quedarán disminuidos y, me lo invento, el Foro Anual de las Grandes Corporaciones fijará unas líneas generales de actuación y los gobiernos locales las implantarán. Los municipios, distintos a los actuales, ganarán importancia.

Siempre habrá posibilidad de revuelta.

Ni revuelta, ni motín, ni protesta. Vamos a ir todos hacia lo que estamos viendo en China: control biométrico de la población, carnet por puntos, lista de actividades antisociales.

Occidente tiene espíritu de lucha.

Los millennials –los más adultos de la nueva era– ya no se rebotan. «¿Contra quién te vas a rebelar?», te dicen. Y la generación T, la primera 100% digital de la Historia, aceptará lo que venga.

Un consejo al menor de 12 años.

Siempre me he comunicado mal con los niños. Mejora cuando son mayores de 15. Aun así, la experiencia, que era un activo de los mayores, estará devaluada.

Oiga, ¿alguna vez se distrae?

Me gusta la fotografía, que es la única manifestación del presente que tenemos. Me encanta el retrato de personas y de mis dos gatos, y captar los amaneceres y las puestas de sol.

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