La brecha salarial entre hombres y mujeres continúa siendo una realidad en el mercado laboral de la Comunitat Valenciana, aunque mejore respecto a la crisis de 2008. Según constatan los datos de la Encuesta de Estructura Salarial, del Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondiente al ejercicio de 2018, el salario medio anual bruto de las valencianas era de 19.235 euros, frente a los 24.537 del de los varones. Eso supone una diferencia de 5.301 euros menos o un 21,6% inferior, dicho en términos relativos. «A este ritmo, el Parlamento Europeo señala que tardaremos sesenta años en conseguir la deseada igualdad retributiva»; es decir en el año 2081, lamentaban ayer la secretaria de Formación, Empleo e Igualdad de UGT-PV, Pilar Mora, y la secretaria de la Dona de CC OO-PV, Cloti Iborra.

Los últimos datos del INE, que se refieren a las retribuciones medias por sectores y tramos de edad, no así a idénticas categorías profesionales o mismos puestos de trabajo específicos dentro de la empresa, revelan que esta diferencia de retribuciones tiene como consecuencia que las valencianas tendrían que trabajar 79 días más al año para que su ganancia media anual se equiparase a la de los hombres. O lo que es lo mismo, las mujeres dejan de percibir ingresos salariales por trabajar desde el 12 de octubre. Y esas distancias son más notables a partir de los 50 años (cuando crece la brecha por encima del 20 %).

Los últimos datos publicados aún no reflejan la repercusión de la crisis sanitaria derivada de la pandemia en el mercado laboral de la autonomía, especialmente en sectores más feminizados como el comercio, actividades sanitarias, servicios sociales, educación, personal doméstico y hostelería. Con todo, la ONU ya advirtió de que la covid-19 podría revertir los tímidos avances de las mujeres en la citada brecha salarial, cuya vulnerabilidad económica y social se vería agravada. Los sindicatos atribuyen esa diferencia de 5.301 euros anuales en la Comunitat Valenciana a que las mujeres están ocupadas en sectores peor remunerados y sufren las elevadas tasas de contratos a tiempo parcial (75,9 % del total).

Otros elementos relevantes en la conformación de esta brecha son los complementos salariales, que tradicionalmente retribuyen aspectos como el esfuerzo físico o la disponibilidad horaria, penalizando a las trabajadoras que, al asumir en solitario tareas de cuidado, compiten en desigualdad de condiciones.

Según Cloti Iborra, el factor determinante es la jornada laboral. «Si hombres y mujeres tuvieran la misma distribución entre trabajo a tiempo completo y parcial ésta se reduciría a la mitad, pero la gran mayoría de los contratos a tiempo parcial son ocupados por mujeres», advierte al hablar sobre precariedad. Mientras, Pilar Mora resalta que la brecha en cuanto a la tasa de actividad de las mujeres está doce puntos por debajo de la de los hombres y ha bajado desde la crisis de 2008, cuando era 19 puntos mayor. Sin embargo, «esto no es por una mejoría de la situación de las mujeres, sino por destrucción de empleo masculino, cuya situación ha empeorado», puntualizó la dirigente de UGT-PV.

También en las pensiones

La brecha de las pensiones también existe. Se situó en un 34% en 2020. Mientras la pensión media mensual de los hombres era de 1.133 euros, la de las mujeres fue de 747 (-385 euros), con lo que se sitúa por debajo del salario mínimo interprofesional de 2020 (950 euros/mes).

Para corregir estas diferencias, junto a la extensión de los planes de igualdad, las centrales reclaman políticas públicas que incidan en las causas que generan la brecha. «Urge combatir discriminaciones culturales, sociales y laborales que impiden la participación plena de las mujeres, así como políticas de corresponsabilidad familiar y de ocupación que garanticen trabajo de calidad y salarios dignos», concluye Iborra.