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Francisco Muñoz Murgui

"¿Déficit y deuda? No es momento de ponerse en plan austero"

El nuevo decano de Económicas asegura que las buenas noticias para la economía valenciana «vendrán de la mano de las inyecciones sanitarias y de las inyecciones financieras»

Francisco Muñoz Murgui, en la Facultad de Economía de la Universitat de València. | LEVANTE-EMV

Francisco Muñoz Murgui, en la Facultad de Economía de la Universitat de València. | LEVANTE-EMV

Francisco Muñoz Murgui (Casinos, 1957) es doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universitat de València y Actuario de Seguros por la Universidad Complutense de Madrid. Los actuarios, mediante la aplicación de principios matemáticos, son expertos en el manejo de riesgos, un perfil muy reclamado en banca, seguros, firmas contables y agencias de calificación.

¿Tiene alguna buena noticia para la economía valenciana?

Las buenas noticias vendrán de la mano de las inyecciones sanitarias y de las inyecciones financieras. En el lado positivo, y como hecho diferencial ya revelado, es que las administraciones públicas valencianas, las empresas y los agentes sociales están poniendo todo su empeño en consensuar una estrategia de recuperación que permita aprovechar las oportunidades que siempre surgen en los momentos más críticos y disruptivos. En nuestro caso, como digo, llegarán en buena medida acompañadas y apuntaladas por un mayor porcentaje de población vacunada y por una asignación significativa -se habla de 14.000 millones de euros- y a la vez eficiente de fondos europeos Next Generation.

¿Cuándo y cómo saldremos de esta crisis?

En la Comunitat Valenciana, más de una tercera parte del empleo se concentra en el sector servicios: turismo, hostelería, comercio, ocio, transporte, entretenimiento, que todos sabemos son los sectores más afectados por las restricciones sanitarias a la movilidad. Por tanto, también habrán de ser los sectores que con mayor celeridad se recuperen en la medida que se levanten dichas restricciones. Más incierta, en cambio, puede ser la recuperación de las exportaciones de bienes, casi otro 30 % del PIB valenciano, que precisamente fueron la apuesta ganadora que permitió a la empresa valenciana recobrar la senda de crecimiento tras el brutal pinchazo, en 2008, de la burbuja inmobiliaria y la consecuente casi desaparición del sistema financiero autóctono. En esta ocasión, en cambio, por el formidable alcance temporal y espacial de la covid-19, con las principales economías mundiales todavía expectantes sobre dónde se situará la cresta de la cuarta ola, las exportaciones valencianas se ven penalizadas por una composición donde predominan algunos de los productos con peores pronósticos internacionales, como es el caso del automóvil.

La pandemia o el bloqueo del canal de Suez por un barco han puesto de manifiesto de nuevo lo interconectados que estamos pero también los riesgos que comporta. ¿Puede contribuir todo ello a un mayor repliegue nacional?

El proceso globalizador vivido a lo largo de este siglo ha sido espectacular y ha marcado la evolución de la economía mundial, pero disponemos de estudios que confirman que el crecimiento del comercio internacional se había detenido al menos un año antes de la eclosión de la pandemia. El tsunami de Japón de 2011, o la guerra comercial desatada a partir de 2017 entre EE UU y China, por citar dos eventos catastróficos, sin llegar a tener la consideración de cataclismo de la actual pandemia, ya pusieron sobre aviso a las empresas multinacionales de que posiblemente estaban subestimando los riesgos asociados a las cadenas globales de producción. En general, el comercio internacional reacciona negativamente frente a cualquier ‘shock’ de manera mucho más violenta que la producción agregada de cada país. Esto en parte es debido al peso relativamente mayor de los bienes durables entre los ítems habituales del comercio internacional. Los seis días de bloqueo del canal de Suez y la persistente duración de la pandemia, con cierto asincronismo entre países, están acentuando la consolidación de las producciones de todo tipo de bienes dentro de los territorios nacionales, algunos por razones de pura necesidad y oportunidad. Destacable, como ejemplo próximo, el caso del clúster textil de Ontinyent reconvirtiendo la actividad de medio centenar de empresas locales hacia la fabricación de material sanitario. Pero, si atendemos a lo ocurrido en anteriores crisis, ciertamente de menor entidad, la reconstrucción y el crecimiento futuro de la economía valenciana tendrán que apoyarse y mucho en la innovación y la competitividad exterior.

¿Hay que replantearse las cadenas de valor?

El siguiente paso al reconocimiento de los riesgos que comentaba sería su evaluación, o dicho de manera sencilla, asignarles una prima o precio que incremente el coste del producto o servicio intercambiado. Otro factor a valorar, además del impacto de la pandemia, viene dado por la creciente percepción por las sociedades occidentales de las posibles consecuencias negativas que la actividad económica global, organizada como está a través de esas denominadas cadenas de valor globales, tiene sobre la sostenibilidad medioambiental. Acuerdos como el de París, sobre medidas para reducir la emisión de CO2 y otros gases de efecto invernadero, también al final vía precio, van a forzar a que los diferentes actores económicos, institucionales, públicos y privados, pongan su atención en como ecologizar dichas cadenas. Objetivo estratégico que sea más fácilmente alcanzable a través de su limitación que de la implementación de otras medidas como la de un transporte menos contaminante, que también.

¿Ve peligros para las empresas y hogares de la concentración bancaria, que parece no haber terminado todavía?

La fusiones y adquisiciones de bancos, una vez superados los solapamientos de sucursales, contribuyen al abaratamiento de los costes de explotación. La consecuencia es la pérdida de acceso físico a las oficinas que su cierre supone para determinados sectores de la población, por residencia (zonas rurales) o por edad (avanzada) y, en la mayoría de los casos, por ambas cosas a la vez.

El déficit público y la deuda están desbocados por toda la artillería para superar la crisis. ¿Cómo devolveremos ese dinero?

No es momento de ponerse en plan austero. Además, el volumen de deuda, tanto pública como privada, hay que ponerlo en relación a la capacidad de crecimiento que se genera con esos fondos. En el caso de la deuda pública es bien conocida la ratio sobre el PIB y, a diferencia de las personas, podemos decir que los países tienen «vida infinita». Por tanto, los costes de este ajuste sin precedentes para volver a una senda de crecimiento sostenido se irán repartiendo entre las sucesivas generaciones, con un enfoque de largo plazo para que no resulten inasumibles, por gravosos, para ninguna de ellas en particular.

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