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Tribuna

Negacionistas portuarios

A quellos que negaron la autenticidad de la nieve que cayó en Madrid durante la tormenta ‘Filomena’ no son tan distintos de aquellos que se encargan de pintar al puerto como si fuese Chernóbil. Ambos eligen negar la realidad para evadir una verdad incontestable que, por algún motivo, les resulta incómoda.

Los negacionistas y sus teorías falsas pueden incluso resultarnos graciosos por lo ridículas que son sus afirmaciones (no es nieve, es plástico). Sin embargo, hemos llegado a un punto en el que se ha normalizado tanto la existencia de este tipo de sinsentidos que incluso parte de la clase política ha optado por aplicar esta fórmula para captar la atención (y los votos) de algunos. Y esto, sinceramente, tiene muy poca gracia.

¿Acaso no se dan cuenta del daño que se hacen y nos hacen? ¿Cómo va una sociedad (y especialmente los más jóvenes) a confiar en las instituciones públicas que nos rigen cuando son sus dirigentes quienes cuestionan y rechazan públicamente los informes técnicos y jurídicos de otros organismos públicos como Puertos del Estado?

Honestamente, estos comportamientos y contradicciones merecen una reflexión más profunda. Y no solo porque están en juego inversiones millonarias y decenas de miles de puestos de trabajo, sino porque, si no somos capaces de buscar la verdad entre tanta desinformación y ponemos en duda incluso los informes de instituciones públicas intachables, ¿Qué nos queda? ¿En qué o quién debemos de creer? Y si una parte de la población (cada vez más) ya no está dispuesta a confiar en los organismos que nos rigen, ¿En qué lugar nos deja esto como sociedad?

Seamos realistas. Los puertos no son los malos de la película. Todas las actividades realizadas y los bienes de consumo adquiridos y utilizados por las empresas y por la sociedad en general implican un consumo de energía, lo que se traduce en emisiones a la atmósfera. Dejemos de excusarnos en “el modelo de ciudad” o en otras banalidades que no nos llevan a ningún sitio. Combinemos el binomio sostenibilidad y crecimiento, y hagámoslo apostando decididamente por proyectos rigurosos y objetivos claros: Valenciaport Cero Emisiones 2030.

Solo de este modo alcanzaremos fórmulas de encuentro que nos permitan conseguir un mundo sostenible que sea capaz de desarrollarse económicamente. Por el contrario, si permanecemos en el engaño y en el negacionismo permanente, solo nos quedará el lamento y la melancolía. Como diría Joaquín Sabina, «lo que pudo haber sido, lo que nunca será». Espero que elijamos bien.

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