C uando tras doce años todavía estábamos cicatrizando las heridas de la Gran Recesión, nos hemos visto sorprendidos por otra crisis económica provocada por la pandemia. ¿Cómo conseguimos recuperarnos en la anterior crisis? Reajustando con gran esfuerzo nuestras empresas para ser competitivas y exportar. Esa fue la clave.

Pero ahora tenemos un problema añadido. El precio del flete marítimo está por las nubes e influye directamente, tanto en la importación de las materias primas que nuestras factorías necesitan para producir, como en la posterior exportación del producto terminado. En 2020 el coste de exportar desde el Puerto de Valencia sufrió un incremento del 23% y en 2021 (hasta abril) del 47%.

¿Y quién marca el precio del flete? Ni más ni menos que el libre mercado (la ley de la oferta y la demanda).

Últimamente he oído mucho que este precio es fruto de acuerdos entre las grandes navieras que controlan el mercado a su antojo como si fuera un monopolio. Falso.

Es cierto que las compañías navieras están agrupadas en tres grandes alianzas que prácticamente suponen la totalidad del mercado, pero es falso que pacten precios. Ni tan siquiera las navieras que están bajo una misma alianza puesto que su principal competencia es precisamente quien comparte los mismos barcos, rutas y frecuencias.

La industria marítima es cíclica. Hoy la demanda de servicios marítimos supera la oferta y es por eso que los precios de los fletes son tan caros. Las navieras ya han pedido nuevos barcos y contenedores para suplir esa escasez, pero como los barcos no se fabrican de un día para otro, todavía nos quedan unos meses de fletes altos. Cuando esos barcos y contenedores se entreguen, seguramente provocarán una sobre-oferta y entonces… llámenme adivino, pero los fletes bajaran a precios, posiblemente, por debajo de coste y algunas navieras comenzaran a perder dinero como sucedió en los últimos años hasta la irrupción de la pandemia.

Llegado ese momento se retirarán barcos, reducirán servicios de nuevo y ante cualquier pico en la demanda, comenzará de nuevo el ciclo de fletes caros.

Y así una y otra vez. El ejemplo más reciente ha sido el reajuste de servicios de modo traumático al iniciarse la pandemia. Y la razón fue el miedo de las navieras a la contracción del transporte internacional, pero nadie podía prever que con el confinamiento domiciliario de medio mundo se desencadenaría una explosión de compras por internet de productos para uso doméstico.

Por tanto, señores importadores y exportadores, ruego se armen ustedes de paciencia porque todavía nos quedan unos duros meses de fletes altos que como bien saben y sufren ustedes, difícilmente se pueden repercutir en su integridad al cliente final.