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Antonio Cabrales Goitia

"En el futuro, episodios como esta pandemia pueden ser frecuentes"

«Muchos ciudadanos y empresas no habían hecho planes para eventos catastróficos de este tipo. Algunos se pensaban que sus negocios eran seguros y han visto que no es así»

Antonio Cabrales es catedrático en la Universidad Carlos III de Madrid. | LEVANTE-EMV

Antonio Cabrales es catedrático en la Universidad Carlos III de Madrid. | LEVANTE-EMV

Cabrales (Madrid, 56 años) ha obtenido esta semana el premio Rei Jaume I de Economía por sus «contribuciones» a la economía del comportamiento, las redes sociales y la teoría de juegos, una disciplina esta última donde brilló John Forbes Nash, Nobel de Economía en 1994, cuya vida inspiró el personaje de «Una mente maravillosa», protagonizada por Russell Crowe.

Como economista, ¿qué le ha enseñado esta pandemia?

Que muchos ciudadanos y empresarios no habían hecho planes para eventos catastróficos de este tipo. En particular, por ejemplo, en hostelería y restauración estaban acostumbrados a que incluso en la Gran Recesión no sufrieron grandes consecuencias. Algunos se pensaban que eran negocios seguros, aunque fueran más o menos boyantes. Y ahora se han dado cuenta de que no es así y que pueden tener fluctuaciones tremendas. Me contaba gente que trabaja en la agricultura que les sorprendía que hubiera negocios que les fuera mal un año y no pudieran sobrevivir, cuando en el campo a veces las cosas pueden ir mal dos años o más. Es muy interesante, porque el futuro puede llegar a ser así, que episodios como esta pandemia sean más frecuentes. La automatización, por ejemplo, está por venir en muchos sectores. Si mi vida depende de conducir un taxi, estaría asustadísimo. La transformación energética por el cambio climático también nos va a cambiar de forma radical. Hay muchas cosas que van a cambiar muy deprisa y nos tenemos que acostumbrar. Espero que la pandemia haya hecho ver a mucha gente que las cosas cambian y a veces más rápido de lo que pensamos. En negocios acostumbrados a la volatilidad se protegen, como les sucede a los agricultores con los seguros.

¿En qué medida influyen nuestros caracteres, miedos o manías en nuestro comportamiento económico?

Muchísimo. Por ejemplo, sabemos que los humanos tenemos una tendencia mayor a la impaciencia de lo que creemos. Un ejemplo sería lo de apuntarse al gimnasio en enero para ir solo dos semanas. Otro es que sabemos que debemos ahorrar porque no sabemos cómo serán nuestras pensiones, pero el día a día del consumo nos impide el ahorro. Queremos consumir ahora. El coche de ahora es más importante que no poder pagar de mayor la calefaccion de tu casa. Es una forma del ‘carpe diem’, pero si lo miras racionalmente no parece una buena transacción. Seguramente, es más importante calentarme en el mañana que tener un coche aparatoso cuando con uno más normal podría vivir igual.

¿Los siete pecados capitales, como la gula, la envidia y la codicia, son los grandes motores de conducta económica?

Son, ciertamente, motores importantes. Están ahí por un motivo concreto. Los humanos queremos tener más porque nuestros genes nos empujan a tener más descendencia. Los que vivimos hoy día somos los descendientes de los que acumularon para poder alimentar a sus hijos y propargarse, mientras que los que acumularon menos y tuvieron menos hijos acabaron por desaparecer. Así funciona la evolución. No obstante, también la especie humana es una especie cooperativa. Hemos podido sobrevivir porque nos ayudábamos unos a otros. Un grupo de cinco puede capturar una pieza de caza mejor que uno solo. Por tanto, accedes a mayores recursos. Hemos aprendido a cooperar y hemos desarrollado instituciones para castigar al que no coopera. Por eso somos interesantes, porque por un lado queremos más recursos pero somos conscientes de que debemos conseguirlos en alianza con otros.

«Estudio qué tipo de cosas pueden suceder cuando la gente no tiene una racionalidad completa», afirma usted. ¿Qué puede suceder? Y, también, ¿no cree que hay gente a la que incluso le falta la racionalidad?

La falta absoluta de racionalidad es tan rara como la racionalidad absoluta. Todos intentamos conseguir algo mejor. Las conductas donde la gente se hace daño a sí misma son patológicas y cuando lo hacen no lo hacen todo el rato, sino para llamar la atención de los demás para que los ayuden. En teoría de juegos, estudiamos la presencia de equilibrios, que son situaciones donde todos escogemos lo mejor posible teniendo en cuenta que los demás están haciendo lo mismo y anticipando lo que los demás quieren hacer. Estudio situaciones estratégicas en las que es más fácil o difícil que algo suceda.

También deberíamos analizar qué influye en los dirigentes económicos y políticos a la hora de tomar decisiones que marcarán la vida de tanta gente, ¿no cree?

Sí. Un caso típico de estudio en el que he trabajado es qué puede hacer más interesante para los líderes políticos que su ciudadanía esté bien educada. Cuando el nivel de competencia política es muy elevado es más fácil que quieran que la gente sea educada. Y al revés cuando sucede lo contrario.

¿Somos previsibles los consumidores en nuestros comportamientos? Quiero decir, ¿lo tienen fácil los responsables de marketing para colocarnos sus productos? ¿Somos muy sugestionables?

Lógicamente, los responsables de marketing estudian esto con gran detalle, sobre todo los de digital, que tienen datos más abundantes y de mejor calidad. La forma como los generadores de contenidos en la red son capaces de matenernos viendo videos o escuchando música depende de poder anticipar los gustos de la gente. Los proveedores de servicios financieros, a través de nuestros datos de compra, son capaces de predecir si nos vamos a divorciar antes de que nosotros mismos lo sepamos. Vamos dejando pistas de nuestro comportamiento en nuestras decisiones de compra. Los proveedores tienen información de todos nuestros hábitos y compras porque dejamos pistas con nuestras tarjetas. Amazon sabe todo lo que has comprado en los últimos meses y eso le hace predecir qué te gusta y cuánto te gusta y, en consecuencia, lo máximo que estás dispuesto a pagar por ese bien y lo máximo que te puede cobrar.

Hay quien augura una década de desenfreno social tras estos dos duros años de crisis sanitaria. Algo parecido a los locos años veinte del siglo XX. ¿Por dónde van sus intuiciones?

No lo he pensado lo suficiente y no tengo una respuesta al respecto. Es importante que la gente sepa que los científicos no podemos opinar de todo.

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