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Entrevista

Víctor Lapuente Giné, investigador en Suecia: "España piensa en salir de la crisis con el maná de la UE, y Suecia, con reformas"

“La pandemia es una oportunidad para redescubrir la comunidad, que es una de las maneras que tenemos de proporcionar sentido a nuestra vida”

Víctor Lapuente.

Víctor Lapuente Giné (Chalamera, Huesca, 1976) es doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Oxford. Ahora trabaja enseñando e investigando en el Instituto de Calidad de Gobierno de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) y es uno de los autores del Índice Europeo de Calidad de los Gobiernos (EQI), que mide la igualdad, la calidad de los servicios públicos y la corrupción de cada región de la Unión Europea (UE). En ese estudio, Asturias sale muy bien parada. De hecho, es la región que saca las mejores notas.

–¿Cuáles son las conclusiones de su estudio?

–Siempre se ha hablado en Europa de la convergencia, de que nos vamos pareciendo cada vez más los unos a los otros. Estos informes vienen a indicar que, al menos, una cosa es la percepción y otra es la realidad. Hay una profunda brecha entre regiones que se mantiene a lo largo de los años. Esto como conclusión más general. En el caso de España estamos viendo una “italianización”, y se lo explico ahora. La primera vez que hicimos el informe, el país en el que había claramente más diferencias era Italia, las regiones del norte estaban muy bien valoradas y las del sur peor. Ahora España ha ido ampliando sus diferencias, con el País Vasco muy claramente arriba y otras, como Cataluña, abajo. Se nota esa regionalización y ese aumento de las diferencias regionales dentro del país, lo que es bastante llamativo. Hay muchas cuestiones a tener en cuenta. La primera vez que hicimos la encuesta, Cataluña salió muy mal y resulta que habíamos recogido los datos cuando salieron los escándalos de corrupción allí. A lo largo del tiempo, desde el año 2010 hasta ahora se han ido ampliando las diferencias entre las regiones en España. Asturias es de las que suele salir arriba.

–¿Y por qué Asturias está tan bien clasificada?

–La razón no es fácil de saber. Nosotros hacemos una descripción, no un análisis causal. Es cierto que parece que las comunidades del norte de España están mejor situadas, lo mismo que ocurre en Italia. También las comunidades que son relativamente pequeñas puntúan ligeramente mejor y las más grandes, como Andalucía o Cataluña, son las que peor nota obtienen.

–¿Y eso tiene alguna explicación?

–En las pequeñas parece que hay una mayor conexión con la ciudadanía. Este estudio es importante porque, aunque sea una percepción, va relacionado a muchos resultados económicos, de confianza social, confianza de los ciudadanos unos en otros... Con esto quiero decir que los resultados están relacionados con otras cuestiones, pero no sabemos cuál es la relación causal. No podemos identificar si esto es porque hay mejores perspectivas económicas y por eso la gente lo puntúa mejor; o lo contrario, como resultado de una buena percepción del gobierno hay más empresas y más trabajo. Lo que sí que sabemos es que las regiones que puntúan más alto en esta encuesta suelen tener buena nota en otros indicadores, como en el de calidad de vida. El nuestro es un análisis a vista de helicóptero, de pájaro.

–¿Cómo hacen el estudio?

–Son encuestas a 90.000 ciudadanos de 200 regiones de Europa, salen a unas 400 encuestas por región. Es el estudio más grande de percepción de gobierno que se hace en Europa. Son percepciones, y de la percepción a la realidad puede haber un trecho. Pero también es cierto que muchos actores económicos se mueven por percepciones hoy en día. Ahora hay trabajos que intentan ver la relación entre este indicador con, por ejemplo, las muertes por el coronavirus. No es una relación directa, pero si se encuentra que en aquellos lugares en los que ha habido una caída de esas percepciones se han producido más muertes, por la sensación de que tu región está decadente.

–¿Cómo están las regiones españolas en comparación con las del resto de Europa?

–Depende un poco de con quién nos comparemos. Si nos comparamos con todas, no estamos muy bien, ligeramente por debajo de la media. En todo caso, hay algunas en España que están muy altas, como Asturias, País Vasco y La Rioja, que están en posiciones muy destacadas. Luego hay otras, como Cataluña o Canarias, muy por debajo de la media de la Unión Europea. Hay mucha diversidad.

–¿Existe la región con la democracia perfecta?

–No. El País Vasco es un referente de España y luego las regiones de Holanda, Dinamarca y algunas de Finlandia son las que suelen puntuar como las mejores de forma sistemática. Pero de ahí a hablar de una ideal, no.

–Acaba de publicar un libro sobre cómo debe ser el buen ciudadano. ¿Cómo debe ser?

–Lo que doy son unas pautas muy prácticas y un resumen de la sabiduría de hombres y mujeres mucho más inteligentes que yo para los cuáles una pandemia era algo normal. He recogido qué es lo que hacían para dar sentido a su vida en diez reglas muy sencillas.

–Decían que íbamos a salir mejores de esta pandemia. ¿Será así?

–Esto nos supone una ventana de oportunidad y la podemos aprovechar o no. Durante muchos años hemos ido acumulando unos índices de narcisismo extremadamente altos, los psicólogos calculan que hemos subido en un 30% en la escala de narcisismo. Nos hemos vuelto extremadamente individualistas, y olvidado de la comunidad. La gente de derechas se ha olvidado de la idea religiosa y, ahora, en lugar de democristianos tenemos a políticos de derechas que te dicen enriquécete sin ningún prejuicio, y la izquierda ha abandonado los lazos comunitarios y han abrazado un individualismo cultural, cosmopolita, olvidándose también de las tradiciones religiosas o patrióticas de su país. La pandemia es una oportunidad para redescubrir la comunidad que es una de las maneras que tenemos de proporcionar sentido a nuestras vidas. Hay un “revival”, si se puede decir así, espiritual o filosófico en general en el mundo.

–¿No hay peligro de que cuando la pandemia acaba se vuelva al punto de partida?

–Evidentemente, tenemos datos muy precarios, pero las encuestas señalan que, al menos, un 60% de las personas en Estados Unidos han cambiado la percepción que tienen del dinero. Mucha gente que antes consideraba que el dinero traía la paz mental ahora se han dado cuenta de que no es así y ven que el dinero es un instrumento para reforzar los vínculos con los demás, con la comunidad y con la familia.

–En su libro recomienda recurrir a los filósofos clásicos, ¿a qué se refiere?

–Hemos de redescubrir las virtudes clásicas. Los estoicos nos legaron cuatro virtudes casi mágicas, cardinales y que constituyen lo que es el carácter de una persona. Por un lado, debemos ser valientes, pero, por otro lado, debemos tener templanza, no lanzarnos demasiado y a todas las batallas, como un buen soldado. Y, luego, debemos ser prudentes y velar por nuestro propio negocio, es decir, el capitalismo individualista tiene un sentido, pero debe estar compensado con la justicia y en pensar en los demás. Esas cuatro virtudes, la valentía, la templanza, la prudencia y la justicia, son muy importantes y debemos redescubrirlas porque las hemos dejado olvidadas. También están las tres virtudes del mundo cristiano, el más religioso, que serían la esperanza, la otra sería la fe y, por último, el amor.

–¿Eso no es lo que se hace ya en la filosofía oriental?

–Se hace en Oriente, pero no se hace de la forma en la que los occidentales pensamos que se hace en Oriente. Ellos no busca la felicidad inmaterial, sino que pasan de la felicidad. El mensaje válido sería el estoico, es decir, no busques la felicidad para ser bueno, sino sé bueno y, luego, como resultado de construir un buen carácter puede que consigas la verdadera felicidad, que sería la ataraxia, la tranquilidad de espíritu.

–¿No choca todo eso con las soluciones propuestas desde Europa, que pretenden solucionar la crisis a golpe de talonario?

–Me parece muy bien la ayuda europea y la solidaridad. Quizá pensando en el dinero que viene de Europa alimentamos alguno de esos animales de los que hablo en el libro, que sería la idea de que en la política son todo derechos y que no hay deberes. Nos falta la parte de los sacrificios, como recibir el dinero y que, a cambio, los jóvenes hagan un servicio militar obligatorio a los 18 años. Lo digo porque me lo han puesto ahora para mis hijos suecos.

–Usted vive en Suecia, ¿no se parece aquello a la democracia ideal?

–A veces funciona mejor y a veces peor. Pero en algunas cosas sí que deberíamos de aprender porque en España estamos pensando en salir de la crisis en función del maná que nos llegue de Europa y aquí están pensando en salir de la crisis en función de las reformas que puedan hacer. Es un punto de vista diferente.

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