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La falta de chips desploma la producción de Ford Almussafes más que la pandemia

En dos ejercicios deja de producir más de 100.000 unidades

Planta de Ford  Almussafes

Planta de Ford Almussafes

El mundo aguardaba a este 2021 como el año del fin de todos los males que trajo consigo el fatídico 2020. Sin embargo, la pertinaz pandemia está dilatando la recuperación en muchos sectores económicos, especialmente los ligados al turismo. La industria, por su parte, comienza a retomar el pulso pese a las disfunciones que todavía se arrastran por los efectos del coronavirus en el comercio global. Aunque no todas.

El automóvil sigue gripado y ha encadenado la crisis sanitaria con una crisis de componentes que está lastrando la producción de nuevos vehículos en todo el mundo. La tormenta está sintiéndose en España, el segundo productor europeo de vehículos y que está viviendo una plaga de ERTE en sus factorías para rebajar los niveles de fabricación y adecuarlos a la disponibilidad de microchips, pero en Ford Almussafes está descargando con más fuerza y, al contrario que en el entorno nacional, está afectando más incluso que la pandemia.

Según los datos de producción del primer semestre en la factoría valenciana a los que ha tenido acceso este diario, los primeros seis meses de 2021 han sido sensiblemente peores en términos de actividad que la primera mitad del año de la covid, en el que la fábrica estuvo completamente parada durante cerca de un mes. Aquella clausura de toda actividad no esencial hizo caer la producción de Almussafes en un 41 % respecto a la de 2019.

España sube, Almussafes baja

Pues bien, la falta de semiconductores que azota al sector desde finales del pasado año ha agravado ese retroceso otro 26 % interanual, mientras que en el resto de fábricas españolas la producción crece un 26 % respecto al año pandémico. La diferencia entre los coches fabricados por Ford Almussafes en los primeros semestres de 2019 y 2021 se eleva al 56,2 %. Traducido al número de vehículos producidos la gravedad de la escasez de microchips se hace más evidente.

En los primeros seis meses del último año ‘normal’, 2019, Ford Almussafes dio salida a 192.500 vehículos nuevos. Esa cifra se desplomó hasta los 113.300 vehículos por la pandemia, los cierres y la lenta reapertura posterior al confinamiento. Pues bien, un año después las nubes no solo no se han disipado sino que descargan con más fuerza. Los problemas de suministro han dejado la fabricación de coches en apenas 83.500, más de 100.000 unidades por debajo respecto a 2019.

Analizados por modelos, los datos de producción a los que ha tenido acceso este diario evidencian que la multinacional de Detroit está priorizando la fabricación del Kuga, que ya supone más de la mitad del volumen total de la planta. De las 83.500 unidades de este primer semestre, 43.150 corresponden este utilitario deportivo, la estrella de Almussafes al ser con diferencia el que mejor funciona en el mercado.

Y es que en una situación de carestía de semiconductores, los fabricantes deben cuidar mucho a qué modelo destinan cada una de estas preciadas piezas, que actúan como pequeños cerebros del automóvil.

Así, la Transit Connect, que ronda también el 25 % de descenso respecto al año previo y del que se han fabricado 28.750 unidades, es el otro modelo que sale reforzado del reparto. Junto al Kuga suponen más del 86 % del total de coches fabricados en el primer semestres mientras que los otros tres —Mondeo, S-Max y Galaxy— apenas suman 11.600 unidades entre los tres.

Impacto en el empleo

Evidentemente, los problemas de suministro y el desplome de producción también han repercutido en los trabajadores de Almussafes. En lo que va de 2021 ya acumulan tres ERTE —los mismos que en el año de la pandemia— distribuidos en casi un centenar de jornadas y el turno de noche, suspendido en mayo, seguirá sin funcionar al menos hasta septiembre, cuando concluirá el actual expediente.

Además, en marzo la compañía estadounidense planteó un ERE para 630 trabajadores, de los que ya han salido en torno a 400. Lo más alarmante fue que Ford no vinculó estos despidos con la pandemia ni con la crisis de los chips, sino con una caída «estructural» de la demanda por el proceso de electrificación en el que está sumido el sector.

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