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El hidrógeno será clave para poder descarbonizar la industria y la aviación

Esta fuente de energía verde tiene un peso inesperado en los fondos de recuperación que proporcionará la Unión Europea a los diferentes Estados aunque en realidad no es ninguna «bala de plata climática», según los expertos

El Gobierno destinará 1.500 millones al desarrollo de hidrógeno verde hasta 2023

El hidrógeno está de moda. Europa prevé que represente hasta una cuarta parte del mix energético en 2050. El Gobierno le ha asignado al menos 1.600 millones de euros en el plan España Puede, más que a la sanidad y a la educación. El hidrógeno sirve para transportar energía producida por otras fuentes. Se clasifica en «colores». El gris se genera a partir del gas natural (CH4), causando emisiones. De hecho, es más intensivo en carbono que el uso directo del metano. El verde se genera a partir de electricidad, por medio de la electrólisis del agua. El auténtico viene de electricidad renovable, sin embargo, parte del fluido suele venir de fuentes fósiles. El azul es hidrógeno gris en cuya producción se aplica un sistema de captura y almacenamiento de emisiones. Este proceso reduce en un 60% las emisiones del gris.

Buena parte del hidrógeno se combinaría con CO2 para producir e-combustibles fáciles de transportar y de quemar en procesos de combustión convencionales. Estos    generarían CO2, que sin embargo se volvería a capturar del aire (una tecnología aún incipiente).

Europa apuesta por el hidrógeno verde, pero hoy este representa menos del 0,1% del hidrógeno europeo. «La pregunta es si otros colores podrían hacer de puente», observa Christoph Kiefer, del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC. «Es del todo incierto que la captura y almacenamiento tengan sentido económicamente y puedan escalar de forma rápida y masiva», alerta Kiefer.

El hidrógeno verde se considera la mejor opción para descarbonizar la producción de acero, la química o el transporte por avión y barco. Sin embargo, su papel en el coche y la calefacción plantea dudas. «Un coche alimentado con e-combustible necesita cinco veces más energía que uno eléctrico», observa Falko Ueckerdt, investigador del Potsdam Institute for Climate Impact Research. Una caldera doméstica de hidrógeno consumiría hasta 14 veces más electricidad que una eléctrica. Para producir con electrólisis una unidad de energía en forma de hidrógeno verde se necesitan muchas unidades en forma de electricidad.

Empresas gasísticas y petroleras, como la española Enagas, impulsan el gasoducto de hidrógeno Hydrogen Backbone Europe. La industria del gas natural se gasta 58,6 millones de euros anuales en lobbying en la Unión Europea a favor del hidrógeno, según un informe del Corporate Europe Observatory. El hidrógeno se amolda a sistemas de producción tradicionales como la producción en grandes plantas y al transporte por nave o por tubería. «Les permite a esas empresas seguir en el poder a base de acaparar las infraestructuras para producirlo y transportarlo», afirma Josep Nualart, investigador del Observatori del Deute en la Globalització.

Dudas razonables

España aspira a exportar hidrógeno. Pero países como Arabia Saudí, Australia y Chile podrían acaparar la producción por tener costes más baratos. Eso generaría nuevas dependencias geoestratégicas.

«No hay hidrógeno verde sin energía renovable dedicada exclusivamente a ello», afirma Jordi Cartanyà, responsable del Vall de l’Hidrògen. Sin embargo, los proyectos renovables están generando cada vez más conflictos.

«El hidrógeno está en sus inicios. El hidrógeno verde crecerá pero probablemente seguirá siendo limitado en los próximos 10 o 15 años y no podemos esperar que contribuya significativamente a la reducción de emisiones en este tiempo», observa Ueackerdt. Las opciones gris y azul prolongan el empleo de combustibles fósiles y los e-combustibles alargan la vida de la combustión convencional. «Existe el riesgo que ralentice opciones más efectivas de electrificación», apunta Ueckerdt.

«Hace falta mucha energía para generar el hidrógeno. Al contrario, deberíamos ir hacia una disminución del consumo», concluye Nualart.

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