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Mercado laboral

La vuelta a la oficina se impone al teletrabajo tras el segundo verano de covid

Las personas que solo ejercen desde sus casas tienen el doble de posibilidades de superar las 48 horas de trabajo a la semana; según un informe de Eurofound

Dos empleadas en una oficina, junto a otros escritorios vacíos.

Dos empleadas en una oficina, junto a otros escritorios vacíos.

"Por la presente, desde la dirección le comunicamos que a partir del próximo lunes se pone fin al programa de teletrabajo y todos los empleados deben reincorporase de modo presencial a sus puestos". Miles de trabajadores han recibido este correo (o uno de similar) a lo largo de los últimos días, coincidiendo con el inicio del curso. El presencialismo está arrinconando al teletrabajo en la actual fase de la pandemia y, tras el segundo verano de la era poscovid, muchas empresas han acabado de culminar el regreso a la oficina de sus empleados. Los datos que el Instituto Nacional de Estadística (INE) actualizará el mes que viene permitirán medir cómo de intensa ha sido esa vuelta a lo presencial tras más de año y medio de pandemia, pero los sindicatos señalan que se ha intensificado y que las empresas que siguen con ello se decantan más por modelos híbridos que por el ejercicio totalmente en remoto.  

Jordi es un ingeniero de datos que trabaja para una multinacional con sede en el Poblenou de Barcelona y en el último año ha ido alternando de manera intermitente e irregular el escritorio de su casa con el de la oficina. Explica que antes del verano los mandaron dos semanas a casa porque hubo un pequeño brote de covid. Luego les dejaron escoger si querían venir o trabajar desde casa y como no coincidió con su jefe, decidió trabajar desde casa la mayoría de días porque no tenía que coordinarse con nadie. La primera semana de septiembre Jordi recibió el correo anteriormente citado y volvió a tener el escritorio de su cubículo como punto de referencia. “En verdad nos dan bastante libertad para decidir si venimos o no, pero los jefes prefieren que estés. Eso se nota”, comenta. “Algún día está bien, pero a mí la verdad es que teletrabajar todos los días no me gusta, me cuesta mucho desconectar”, añade.

Tras año y medio de pandemia las investigaciones sobre los efectos y demás derivadas del teletrabajo han proliferado y existe un cierto consenso de que “el teletrabajo ha venido para quedarse”. El deseo de los trabajadores, mayoritariamente es ese; tal como constata una reciente encuesta de la escuela de negocios Eada. Según esta, el 68% de los trabajadores consideran que, tras año y medio de pandemia con esta modalidad (en mayores o menores dosis), la experiencia ha sido buena o muy buena. Y solo el 12% la califican de mala o muy mala.

No obstante, ello no implica que esté exento de riesgos. Una de las conclusiones más comunes entre los múltiples estudios publicados es que teletrabajar suele estar asociado a echar más horas de las que se acaban haciendo en la oficina. Un estudio publicado este septiembre por Eurofound señalaba que los empleados que trabajan de manera habitual desde casa tienen el doble de probabilidades de acabar haciendo más de 48 horas semanales y de atender llamadas o contestar correos de trabajo durante su tiempo libre. 

Coordinarse a distancia cuesta más

Las mayores dificultades para coordinarse entre compañeros de trabajo y con la dirección es otra de las desventajas que muchas empresas le ven al teletrabajo, especialmente si este es total. Concretamente el 60% de las pymes catalanas afirma que ejercer a distancia dificulta esa comunicación interna, según un estudio presentado hace unos días por la patronal Pimec

Y esa es la causa que ha provocado que a Magda la hayan llamado de vuelta a la oficina este mes. Esta barcelonesa trabaja en una pequeña editorial infantil de menos de 10 trabajadores. Como la plantilla lleva años siendo la misma, se conocen y han conseguido mantener una buena cohesión y coordinación a distancia durante esta pandemia. No obstante, justo este mes la propiedad ha decidido contratar a un nuevo gerente. “Entiendo que tengamos que volver a lo presencial, porque tendrá que conocernos y saber cómo trabajamos. A mí me ha fastidiado, porque vivo en la otra punta de la ciudad y con el teletrabajo me ahorro casi dos horas al día de autobús”, cuenta. 

Una cuestión de costes... y cómo se reparten

Tiempo y también dinero se ahorran los empleados con el teletrabajo, que a su vez también puede ser fuente de gasto, si se tiene en cuenta la factura del wifi o esa silla nueva para no destrozarse la espalda tras ocho horas sentado. Pues pocas empresas se han rascado el bolsillo para habilitar equipos con los que trabajar desde casa, especialmente las más pequeñas. Volviendo a la encuesta de Pimec, el 56% ha gastado 0 euros para aplicar el teletrabajo. “Ahora hemos empezado a recibir muchas consultas sobre este tema coincidiendo con la escalada de precios de la luz. El trabajador no puede asumir los gastos derivados del teletrabajo, la ley lo deja claro”, recuerda la secretaria de política sindical de UGT de CataluñaNúria Gilgado

La sindicalista admite que muchos trabajadores acaban asumiendo parte de esos gastos, porque la empresa no quiere pagarlos, pero ellos prefieren poder seguir teletrabajando algunos días a la semana. Y es que la alternativa, si la empresa no quiere asumir esos gastos y cumplir con la ley, es que todo el mundo vuelva a la oficina. La nueva ley aprobada hace prácticamente un año (22 de septiembre del 2020) dejaba en manos de patronal y sindicatos su despliegue, pues depende del consenso entre empresa y trabajador si se teletrabaja y en qué condiciones. 

El problema es que esas reticencias por parte de las compañías de asumir nuevos gastos está lastrando la implantación de acuerdos de teletrabajo y en muchas empresas se está consolidando esta práctica pero de manera informal. Lo que implica riesgos, pues no se tienen en cuenta los derechos de desconexión digital ni muchas veces de privacidad. “El otro día un trabajador que nos contó que en su empresa les obligan a tener una reunión de Zoom abierta durante toda la jornada para controlar que trabajan. Eso es algo totalmente ilegal y que si hubieran pactado un acuerdo de teletrabajo no pasaría”, explica Gilgado. 

"Si bien es cierto que durante la pandemia tuvimos que hacer una gestión a prisa y corriendo, ahora no hay escusas para no hacer un teletrabajo planificado. Interpelamos al empresariado, [...] no deberíamos perder esta oportunidad", era el mensaje que lanzaba esta semana pasada el secretario general de Pimec, Josep Ginesta. 

La Administración también regresa a sus puestos

No solo los trabajadores del sector privado han acelerado su vuelta a oficina este mes de septiembre, tras el segundo verano poscovid. Los empleados públicos de las diferentes administraciones también han culminado, o acelerado, su regreso a lo presencial y han disminuido notablemente el tiempo disponible que hasta ahora tenían para ejercer desde sus casas. Cada institución ha seguido su propio guion: mientras la Generalitat culmina este mes un regreso progresivo, la Administración General del Estado ha recortado sin negociación con los sindicatos de tres a un día las jornadas hábiles para que sus empleados ejerzan desde casa.

A finales del mes de junio la ‘consellera’ de Presidència, Laura Vilagrà, comunicó a las centrales que comenzaba la operación retorno para unos 40.000 trabajadores públicos. Esta ha sido progresivo y con autonomía para cada departamento, aunque con la premisa común de que a finales de septiembre todo el mundo tenía que estar con el régimen vigente antes de la pandemia: dos días de teletrabajo como máximo a la semana. No gustó entre las centrales la orden, que consideraron “apresurada”, pues coincidió en su inicio con el repunte de contagios de la quinta ola

Más abrupto ha sido el proceso en el caso de los funcionarios estatales, que recibieron esta semana el anuncio del Ministerio de Hacienda y Función Pública de que a partir de octubre sus días de teletrabajo quedaban recortados de tres a uno a la semana. Aquí las centrales han manifestado su rotundo rechazo, ante la falta de negociación previa sobre esta medida.  


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