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El alza del coste de la energía pone contra las cuerdas a las empresas valencianas

El comercio también denuncia aumentos de más del 25 %

Carlos Prades, presidente de la patronal valenciana del transporte, en imagen de archivo. | M. A. MONTESINOS

El precio de la luz ha acaparado casi toda la atención social y mediática por su explosivo incremento desde poco antes del verano, pero el coste del combustible, aunque más sigiloso, también se acerca a máximos históricos tras meses de subida. Su escalada, que arrancó hace un año aproximadamente, ha sido más paulatina pero ayer el precio del diesel y de la gasolina se situaba en torno a un 30 % por encima de sus registros del mismo mes de 2020. Esta coyuntura ha llevado a la inflación a tocar su techo en trece años y está poniendo en jaque a las empresas valencianas más expuestas a los carburantes, especialmente al transporte.

El presidente de la Federación Valenciana de Transporte y Logística (Fvet), Carlos Prades, constata esta situación así como la asfixia que está suponiendo para las compañías de la Comunitat Valenciana. «La subida viene produciéndose durante todo el último año, no es nueva. No está siendo tan drástica como la de la luz pero ya estamos pagando un 30 % más que el septiembre pasado», denunció ayer en declaraciones a este diario.

Según Prades, para una empresa logística la gasolina — «nuestra materia prima», concreta— supone cerca de un tercio de sus costes fijos, por lo que pasar de pagar 1,021 euros el litro de diesel —el precio que marcaba hace un año según los datos del Ministerio de Transición Ecológica— a 1,287 euros/litro que registró este martes (último día con información disponible) supone un «palo mensual» para las firmas del sector, lamenta Prades.

Un camión de transporte excede con facilidad los 1.000 litros de capacidad de carga en su depósito, por lo que llenarlo cuesta ahora casi 1.300 euros cuando en 2020 apenas excedía los 1.000.

Un sobreprecio que lo están asumiendo las propias compañías, según mantiene el máximo responsable de la patronal valenciana del sector. «No estamos pudiendo repercutirlo en nuestros clientes y nos vemos abocados a asumir los costes», denuncia Prades, que lo contrapone con la situación que se vive con el transporte marítimo. «Los fletes han subido mucho más que la gasolina, pero a nosotros no nos permiten repercutirlo y al transporte marítimo, sí. Es curioso», dice con ironía.

Otro sector que sufre con dureza el aumento de los costes energéticos, en este caso sobre todo el de la luz, es el comercio. Confecomerç, asociación representativa de las pymes valencianas, asegura que el 90 % de los negocios ha sentido un «importante aumento del recibo» y un 30 % dice que paga más de un 25 % de más. Además, denuncia que los tramos más caros son los que se ubican en el horario comercial.

La inflación se desboca

Esta subida de la luz y de los combustibles ha llevado a la inflación a su cota más alta desde 2008. El Índice de Precios de Consumo (IPC) subió un 0,8 % en septiembre en relación al mes anterior y disparó su tasa interanual hasta el 4 %, siete décimas por encima de la de agosto y la más alta en 13 años, según el INE.

El IPC interanual encadena así su novena tasa positiva consecutiva. Pese a esta evolución, el Banco Central Europeo (BCE) sigue considerando que el despegue de los precios registrado en los últimos meses sigue siendo un hecho coyuntural. La inflación subyacente (sin alimentos no elaborados ni energía), se sitúa en un 1 % y deja la diferencia (3 %) más alta de la serie histórica.

La escalada de los costes de los carburantes y la energía eléctrica está teniendo un impacto «demoledor» para el sector agropecuario valenciano, incapaz de repercutirlo en el precio de venta. Así lo sostienen los dirigentes de AVA-Asaja y la Unió de Llauradors, Cristóbal Aguado y Carles Peris, respectivamente. Los precios medios del gasóleo agrícola han ascendido entre un 25 % y un 30% en el último año. Se trata de un coste muy importante en aquellas explotaciones que requieren una elevada mecanización. Un ejemplo significativo es el arroz: una cosechadora necesita unos 400 litros de gasóleo al día durante las actuales labores de la siega, lo que implica un sobrecoste de más de 100 euros al día respecto al año pasado.

La coincidencia en el tiempo de la escalada del precio de la luz –tres veces más caro que hace un año– y la implantación desde junio de los cambios tarifarios por parte del Gobierno ocasiona un encarecimiento insostenible de las facturas de la energía eléctrica necesaria para extraer el agua destinada a regar las explotaciones. Según AVA, una comunidad de regantes que riega 650 hectáreas de cultivo (cítricos, uvas, olivar, almendros, frutas de hueso, etc.) paga, con el mismo consumo de agua, 2.500 euros más al mes respecto al mismo periodo del año pasado. Los sobrecostes mensuales se elevan entre un 10 % y un 30%, pero la organización teme que los contratos que vayan renovándose puedan llegar a duplicar o triplicar el precio del kw/hora durante un año. «La incertidumbre de cara al futuro preocupa de lleno al sector agrario y ganadero de la Comunitat por el impacto de estos costes energéticos en el precio de los suministros», advierte Peris.

Un impacto «demoledor» para el sector agropecuario valenciano

Una cosechadora de arroz necesita 100 euros más cada día de labor respecto al año pasado

J.L.Z. VALÈNCIA

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