La industria alimentaria es un importante motor para la economía a nivel mundial. Una clara muestra de ello ha sido su resiliencia y su capacidad para mantenerse a flote mostrando su solidez en una situación tan incierta como la que ha provocado la pandemia de la covid-19. Según los últimos datos del Ministerio de Agricultura, en la Unión Europea el principal sector dentro de la industria manufacturera es el de los alimentos y las bebidas. Cuenta con una cifra de negocios superior a los 1.205.000 millones de euros y engloba 219.000 empresas que dan empleo a más de 4,82 millones de personas. Fortaleza que también se da en España, donde esta industria representa el 2,5 % del PIB, cuenta con 30.573 empresas, una cifra de negocios de 130.795,8 millones de euros y con 506.200 trabajadores. En la Comunitat Valenciana las cifras no se quedan atrás con 2.596 compañías del sector, 42.245 empleados y una cifra de negocios de 10.426 millones de euros.

Estos datos constatan la gran responsabilidad que tiene esta industria, a la cual se suma un desafío global: proporcionar dietas saludables de sistemas alimentarios sostenibles a una población mundial en crecimiento que previsiblemente llegará a los 9.000 millones de personas en 2050, según estimaciones de las Naciones Unidas. Esto implica un cambio de paradigma. Es necesario transformar la forma en que se produce, se distribuye, se consume y se revaloriza la comida. Y es que, según la FAO, cada año se desperdician en el mundo un tercio de los alimentos producidos para consumo humano, lo que supone graves consecuencias económicas, sociales y medioambientales. Para ello hay que dar respuesta a diferentes retos muy exigentes: la mejora de la trazabilidad de los productos, la reducción del desperdicio alimentario, la disminución del uso de plástico en los envases, la seguridad alimentaria, la nutrición personalizada o la creación de una nueva generación de proteínas complementarias que generen un impacto positivo en el entorno.

En este contexto de transformación, la innovación es, sin duda, el principal pilar. Los proyectos disruptivos tienen la capacidad de reforzar el tejido empresarial donde se desenvuelven y de atraer inversión e interés público. Implican la transición hacia un sistema alimentario más saludable, sostenible, resiliente y justo. Además, la innovación es crucial para que la industria alimentaria se adapte a la actual demanda de la forma más eficiente posible, teniendo en cuenta las tendencias del mercado. En este momento muchas empresas deben replantearse su modelo de negocio y aunar sinergias con proyectos emergentes disruptivos para crecer, pero, sobre todo, para hacerlo de manera responsable.

Para entender todo este contexto y vislumbrar las áreas de oportunidad para todos los actores involucrados a lo largo de la cadena agroalimentaria, KM ZERO Food Innovation organiza la tercera edición de ftalks Food Summit los días 14 y 15 de octubre en Valencia, que posicionará a la Comunitat como el epicentro de la innovación alimentaria. Un encuentro al que asistirán más de 40 referentes mundiales que están liderando el cambio para conversar sobre el futuro de la alimentación, que contará con proyectos totalmente disruptivos como cubiertos o envases comestibles, marisco o queso ‘plant-based’, proteína vegetal hecha con residuo agrícola, biotecnología para elaborar masa madre o neveras inteligentes.