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Uno de cada diez comercios golpeados por la dana aún no ha podido levantar la persiana

Unió Gremial asegura que alrededor de 1.200 negocios del sector cerrará tras la catástrofe, con actividades como las carnicerías, las panaderías o las librerías como algunas de las más perjudicadas

Confecomerç insiste en que el Consorcio adelante el 50 % del importe de los daños y que el Estado multiplique por cinco las ayudas para poder "empezar a funcionar"

García muestra discos duros afectados por la dana de octubre, en su tienda.

García muestra discos duros afectados por la dana de octubre, en su tienda. / Daniel Tortajada

Juanma Vázquez

Juanma Vázquez

València

El 29 de octubre, los propietarios de miles y miles de pequeños negocios valencianos vieron cómo los interiores de sus locales quedaban anegados por el agua, perdiendo con ello no solo mobiliario o stocks, sino también su forma de vida. Un golpe, fundamental en un pilar del tejido social y económico de los municipios, que cinco meses después de la dana está todavía lejos de haber vuelto a la normalidad. No solo por unas ayudas e indemnizaciones del Consorcio de Compensación de Seguros cuyas entregas de fondos aún no se han completado, sino porque alrededor de una décima parte de los negocios de una actividad esencial como el comercio todavía no ha vuelto a día de hoy a levantar la persiana.

La afección

Es lo que reflejan los datos recabados hasta ayer por una de las asociaciones de este sector, Unió Gremial, cuyo balance actualizado apunta a que son poco más de 700 comercios -equivalentes al 10 % del total- los que aún no han podido retomar su actividad. Eso sí, desde la entidad señalan que entre los que ya están funcionando "el volumen de ventas está siendo inferior a lo previsto", lo que se traducirá en que "la recuperación económica sea mucho más lenta de lo previsto inicialmente". Una preocupación que no es la única en el sector.

Porque como apunta su presidente, Mauro Lorenzo, cerca del 20 % -alrededor de 1.200 negocios- "no van a reabrir, bien porque no tendrán fondos suficientes o bien porque no tienen un relevo generacional para seguir con su actividad y estan cerca de la jubilación". Una situación que, geográficamente, cree que va a perjudicar a "todos los municipios" y que, especialmente, se va a cebar con algunas actividades como las librerías -ya en crisis antes de la catástrofe-, pero también en unas carnicerías o panaderías en las que "volver a poner en marcha esos negocios es muy caro", superando esos desembolsos los 150.000 euros. Una situación que ha provocado que muchos "no vayan a volver a abrir o hayan decidido ya irse a trabajar para otros carniceros o panaderos".

La importancia de las ayudas

Frente a este contexto, desde la otra patronal del pequeño comercio, Confecomeç, su presidente, Rafael Torres, pone el foco en dos horizontes para lograr que esos negocios "puedan empezar a funcionar". Por un lado, que el Consorcio adelante el 50 % del daño estimado por la dana, algo que considera fundamental para que la situación de esos locales "se desbloquee y puedan sacar la cabeza del agua". Por otro, Torres también destaca la necesidad de que "se multipliquen por cinco las ayudas estatales", porque de esos fondos cree que "dependerá que muchos puedan recuperar la actividad", especialmente los más "débiles, que son los que de menos de cinco trabajadores".

Sin embargo, Lorenzo cree que más que un "café para todos" se deben impulsar "medidas especifícas, que ayuden en lo que necesita cada uno". En este sentido, destaca que la mayoría del tejido del sector afectado "oscila en los 65 años", por lo que considera fundamental que desde las Administraciones se apueste ahora "por un acompañamiento para todos los autónomos que están cerca de retirarse, que sea una medida extraordinaria para que tengan una jubilación digna". Y, añade, también ve prioritario que, en las ayudas, haya "claridad y sencillez para que la gente pierda el miedo a pedirlas".

Germán García, con un ordenador que estaba el día de la dana en su tienda Snollocer Informática de Sedaví.

Germán García, con un ordenador que estaba el día de la dana en su tienda Snollocer Informática de Sedaví. / Daniel Tortajada

"Hemos trabajado a duras penas, haciendo servicios como podíamos"

Encontrar un comercio afectado por la dana que se haya recuperado por completo no es tarea fácil, menos aún si su local se encontraba en plena zona cero ese 29-O. Es una realidad que conoce bien Germán García, propietario de Snollocer Informática, uno de esos más de 400 negocios que se vieron «impactados al 100 %» por la riada en Sedaví. En su caso, como en el de sus vecinos, su negocio quedó «anegado por entre un metro y medio y dos metros de agua», afectando a todo lo que tenía en una tienda que, eso sí, no ha cerrado nunca por completo. «Hemos podido trabajar a duras penas, haciendo servicios como podíamos», destaca este propietario que apunta a que el tener «servicios fuera de l’Horta Sur es lo que nos ha permitido continuar».

Una 'supervivencia’ que no ha evitado que el golpe económico para su negocio haya sido considerable. «Valoramos en 150.000 euros las pérdidas», destaca García, quien – cinco meses después de la tragedia– también cree que aún le queda para estar recuperado al 100 %. «Hemos llegado al 80 % de la reposición de lo que teníamos aquí gracias a fondos propios y las ayudas», destaca.

En concreto, señala que entre los pagos del Consorcio y los apoyos de las distintas administraciones han podido sumar «105.000 o 110.000 euros», además de otros 20.000 que han venido de «un pequeño colchón que teníamos». Sin embargo, la suya no es una situación mayoritaria. «Hay muchos negocios que no tienen ese colchón y se les hace muy difícil seguir. Están a la espera del Consorcio, que está haciendo valoraciones muy dispares», remarca García, que señala cómo la sensación mayoritaria sobre el terreno es la mezcla «del desánimo porque el tiempo pasa» y «esa incertidumbre que te genera el no saber cuánto vas a cobrar y si vas a tener que cerrar o no». Así, tiene claro que el mayor riesgo de bajar definitivamente la persiana lo tienen «aquellos a los que esta situación les ha pillado sin relevo generacional» y que «pasarán meses hasta que se pueda volver a la normalidad» en la zona. 

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