"El buen anuncio no solo aparece, aparece bien"
Juan Antonio Álvarez, responsable de Marketing de Smalticeram, participó en el segundo desayuno informativo organizado por Club de Marketing del Mediterráneo (CMM) sobre fina línea que separa la publicidad del contenido

Juan Antonio Álvarez, responsable de Marketing de Smalticeram. / Miguel Angel Montesinos

¿Cómo pueden distinguir los consumidores entre entretenimiento y publicidad?
Lo que permite a los consumidores distinguir entre entretenimiento y publicidad es cómo los hace sentir. El entretenimiento les ofrece algo, una historia, una emoción, una idea, no exige nada a cambio, al menos de entrada. La publicidad, en cambio, suele interrumpir, señalar, casi siempre quiere algo, tu atención, tu clic o tu compra.
En el fondo, la diferencia está en la conexión emocional. El entretenimiento busca resonar, la publicidad, en cambio, suele buscar reacción. Y eso, las audiencias hoy lo saben.
Hoy en día se premia la autenticidad, ¿cómo se adaptan las marcas para conectar emocionalmente con el público?
No todas se adaptan. Algunas aún siguen hablando como si el consumidor fuera un público cautivo, no una persona con criterio. Pero las que sí han entendido el cambio están dejando de gritar para empezar a escuchar.
Las marcas que han comprendido este nuevo paradigma se muestran con propósito, con voz propia. Se posicionan con claridad, cuentan historias que reflejan tensiones reales y cambian sus formas, se muestran vulnerables, menos pulidas, menos aspiracionales. Más humanas. Además de ser creíbles, son coherentes.
Ahora es tendencia el branded content, que las marcas cuenten historias. ¿Es una forma de generar fidelidad sin vender directamente?
Puede serlo. El branded content representa una oportunidad única para construir vínculo sin recurrir al viejo “cómprame”.
Cuando una marca se alinea con una conversación cultural significativa para su comunidad, puede apropiarse de un terreno simbólico o emocional que la conecta con un relato más amplio que su propia oferta. Desde ahí, es posible generar una afinidad auténtica.
Pero para que ese vínculo sea duradero, la narrativa debe ser sólida y coherente con el propósito de la marca. No puede depender de modas pasajeras, sino sostenerse en el tiempo y evolucionar junto a su comunidad.
Porque si el vínculo se rompe, no hay fidelidad que lo resista.
Parece que los jóvenes desconfían de la publicidad tradicional, ¿cómo debe ser el mensaje para que llegue a las nuevas generaciones?
Debe ser honesto. Las nuevas generaciones han crecido expuestas a miles de estímulos por minuto y, en medio de ese ruido constante, han aprendido a valorar su tiempo como nunca. No están dispuestos a entregárselo a algo o a alguien que no conecta con su forma de ver el mundo.
No les interesa un mensaje diseñado para persuadir, ni aquel que habla sobre ellas, sino el que habla con ellas.
Y, sobre todo, el mensaje no puede parecer auténtico, lo es, o no lo es.
Líneas rojas a la hora de diseñar un anuncio basado en el entretenimiento
La primera línea roja sería disfrazar una intención comercial sin ofrecer nada a cambio. El entretenimiento no puede ser una excusa para vender, si el espectador siente que fue engañado, no vuelve.
La segunda, contar una historia vacía. El entretenimiento sin una verdad detrás, no deja huella, y si no deja huella, no construye marca.
Y la tercera línea que nunca puede rebasarse es forzar el tono. El entretenimiento solo conecta cuando es fiel a lo que la marca es, no a lo que quiere parecer.
La clave está en recordar que entretener no es lo mismo que agradar. Se puede incomodar, provocar, emocionar, pero nunca manipular.
¿Qué debe llevar un anuncio para destacar del resto?
Una verdad, no una pose o una emoción genérica. Algo que no suene a briefing, que diga algo que realmente importe para conectar.
También necesita intención. No vale con “estar”. ¿Para qué estás? ¿Qué quieres provocar? Si no hay una intención clara, el mensaje se diluye y no deja nada.
Y sobre todo, necesita contexto. El buen anuncio no solo aparece, aparece bien. En el canal adecuado, con el tono que toca y en el momento justo. Hoy, destacar no es gritar más fuerte. Es decir, algo que merezca ser escuchado.
Nombra un caso de éxito de anuncio en la actual era post-publicidad
Un gran ejemplo, y además un caso de éxito propio, es la pieza audiovisual creada por Smalticeram España con motivo de su 25 aniversario.
No hay producto, ni datos técnicos, ni una sola cifra. En su lugar, se narra una historia emocional, casi poética, sobre su recorrido. "Simply better" actúa como declaración de propósito. Un agradecimiento sincero a todas las personas que han formado parte del camino. Y eso es lo que la convierte en una pieza verdaderamente relevante.
La marca celebra su historia apropiándose de un territorio simbólico, el del tiempo y el valor de lo colectivo. Ese gesto, contar sin vender, agradecer sin exigir, es lo que distingue hoy a Smalticeram, una mirada diferente en un sector profundamente industrializado. Una declaración de pertenencia. Y por eso, funciona.

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