Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
TRIBUNA OPINIÓN

La fórmula ganadora del ahorro

Javier Fano, Responsable de Banco Mediolanum en Zona Levante

Javier Fano, Responsable de Banco Mediolanum en Zona Levante

Javier Fano, Responsable de Banco Mediolanum en Zona Levante / Diego Lafuente

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Sabemos que, tarde o temprano, tendremos que afrontar grandes desembolsos. Algunos serán imprescindibles, como adquirir una vivienda, costear la educación de los hijos o procurarse una jubilación tranquila mientras que otros resultan más aspiracionales, como un viaje inolvidable, una segunda residencia o una boda por todo lo alto.

Entonces, si somos conscientes de que esos gastos llegarán, ¿por qué no anticiparnos a ellos y prepararnos para afrontarlos sin depender de un crédito que nos condicione o de una pensión que no cubra nuestro nivel de vida? Hay dos formas de afrontar estos hitos financieros: solicitando un préstamo no planificado, que implica un coste y riesgos si nuestras circunstancias cambian, o poniendo a trabajar el ahorro a través de herramientas de inversión.

Existe una fórmula ganadora para optar por esta segunda vía, válida para cualquier objetivo, que consiste en convertir el ahorro en un recibo fijo mensual. ¿Cómo? Introduciéndolo en la ecuación de nuestras finanzas personales. De tal manera que, cuando cobremos nuestros ingresos, solo gastemos aquello que nos queda después de descontar el ahorro. Es decir, siguiendo la fórmula: ingresos – ahorro = gastos.

Frente a esta regla, la mayoría de las personas aún aplican otra a la inversa: ingresos – gastos = ahorro. El problema de esta versión es que el ahorro acaba siendo residual o inexistente. Porque, al recibir nuestros ingresos, acostumbramos a gastar primero para disfrutar del presente, dejando el ahorro para el final (si queda algo). Pagamos facturas, hipoteca, colegios, cenas, escapadas… y si hay un sobrante, lo guardamos.

El cambio de mentalidad es sencillo y profundamente transformador: el ahorro no debe ser una variable opcional, sino una constante prioritaria. Solo así podremos afrontar con tranquilidad necesidades vitales y caprichos del futuro.

Para lograrlo, es clave contar con una planificación financiera profesional. Un asesor puede ayudar a establecer metas, decidir cuánto ahorrar, cómo invertir y, sobre todo, diseñar una estrategia adaptada a tus posibilidades para no depender de terceros y poder hacer realidad tus planes.

De este modo, cuando llegue el momento de pagar una universidad, disfrutar de la jubilación o comprar una vivienda, habrás acumulado, si no todo, sí una buena parte del capital necesario. Y lo mejor: sin sacrificar tu calidad de vida presente.

El catalizador de esta fórmula ganadora es el tiempo. Cuanto antes empieces, más sencillo será alcanzar tus objetivos. La constancia y el horizonte temporal juegan a favor del inversor. No importa cuánto puedas ahorrar, sino cuándo empiezas y durante cuánto tiempo.

Porque el ahorro, bien gestionado, no es renuncia; es libertad para elegir. No dejes al azar la constante más importante de esta fórmula ganadora.

Tracking Pixel Contents