El cambio climático lleva a reinventar la gestión del agua
Facsa alerta en su último informe, que combina el rigor científico con la visión de expertos del sector, sobre el impacto de los extremos climáticos en los recursos hídricos y plantea una hoja de ruta basada en la innovación y la anticipación

Jose Claramonte, director general de Facsa, durante la presentación del segundo informe de la compañía. / Mediterráneo
Sequías más prolongadas, olas de calor más intensas y lluvias torrenciales cada vez más frecuentes y severas. El clima actual poco tiene que ver con el de hace apenas medio siglo. Los efectos del cambio climático ya no son una amenaza lejana, sino una realidad tangible que se traduce en impactos económicos, ambientales y sociales cada vez más graves. Y lo más preocupante: no actuar a tiempo sale cada vez más caro.
Conscientes de esta urgencia, Facsa pone sobre la mesa un debate que ya no admite demora. La compañía acaba de presentar su segundo informe, Impacto de los extremos climáticos en los recursos hídricos: desafíos y estrategias de mitigación, elaborado junto a la consultora Red2Red, con quien el año pasado ya presentó un primer estudio centrado en el modelo de gestión del agua en España. Este nuevo estudio, que consolida a la compañía como una de las voces de referencia en la gestión sostenible del agua, combina el rigor científico con la visión de expertos del sector para lanzar un mensaje claro y respaldado por los datos: el precio de la inacción frente a los extremos climáticos será mucho mayor que el de invertir en la adaptación a esta nueva realidad.
El estudio pone cifras a una realidad que ya golpea con fuerza al país y, especialmente, a las zonas mediterráneas como la Comunitat Valenciana. Según recoge el documento, si España no acelera su adaptación al nuevo contexto climático, podría perder hasta un 8% de su PIB en los próximos 25 años, lo que equivale a unos 136.000 millones de euros. Una cifra que incluye los daños materiales o la degradación de los ecosistemas, y también la pérdida de productividad y el aumento del gasto público.

Informe 'Impacto de los extremos climáticos en los recursos hídricos: desafíos y estrategias de mitigación'. / Mediterráneo
Además de estos, la compañía apunta a otros costes directos que acarrea la falta de adaptación: infraestructuras dañadas, cultivos arrasados o servicios esenciales interrumpidos. Pero los impactos indirectos, aunque menos visibles, son igual de preocupantes. La inacción compromete la competitividad del país, deteriora la salud y la cohesión social, y pone en riesgo sectores industriales clave para el desarrollo económico y el bienestar del territorio.
Ante este escenario, el informe plantea una hoja de ruta para reducir los daños y ganar resiliencia. Reforzar infraestructuras, modernizar redes y mejorar la gestión podría reducir entre un 40% y un 65% las pérdidas previstas. Para ello, Facsa propone triplicar la inversión anual en resiliencia hídrica hasta los 6.000 millones de euros, lo que permitiría evitar más de 88.000 millones en impactos a medio plazo. «Prepararse ahora es más eficiente y menos costoso que afrontar las consecuencias de la inacción», subraya el director general de la compañía, Jose Claramonte.
Retos estructurales
El informe señala también un problema estructural: el modelo actual de gestión del agua en España fue diseñado para un clima que ya no existe. En este sentido, Claramonte apunta que «la planificación hidrológica y las infraestructuras se concibieron para un escenario que hoy ha quedado obsoleto y ahora funcionan al límite de su capacidad. Esto genera tensiones entre los distintos usos del agua y agrava las desigualdades en el acceso al recurso».
Ante este contexto, Facsa propone una transformación integral del sistema que combine la modernización de infraestructuras, la innovación tecnológica y una gobernanza del agua más colaborativa. «Necesitamos un cambio de enfoque que incorpore el riesgo climático en la planificación y que implique a toda la sociedad. Solo así podremos garantizar un servicio sostenible y resiliente», señala el director general.
La empresa defiende, además, la necesidad de pasar de la reacción a la anticipación, con sistemas de alerta temprana ante sequías e inundaciones, redes digitalizadas capaces de detectar fugas en tiempo real, diversificación de fuentes mediante reutilización y desalinización, y soluciones basadas en la naturaleza, como humedales artificiales o drenajes urbanos sostenibles.
Propuestas para la resiliencia hídrica
Facsa no solo se limita al diagnóstico y análisis de la situación, sino que plantea en su informe medidas concretas para avanzar hacia una gestión del agua más adaptada y resiliente. Propuestas que ponen el foco en la innovación y la cooperación, y que pasan por una mayor inversión en infraestructuras hídricas, la protección de los ecosistemas, el impulso a la digitalización, la sensibilización de la ciudadanía y una mejor anticipación de los riesgos.

Decálogo para la resiliencia hídrica. / Mediterráneo
Un planteamiento que refuerza el compromiso de Facsa con la sostenibilidad y la transformación del sector, y que la consolida como un actor clave en un reto compartido: garantizar el futuro del agua en un país que actualmente ya siente las consecuencias del cambio climático.
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