CEV
Vicente Lafuente, un baluarte para Garamendi
El nuevo presidente de la patronal de la Comunitat Valenciana es uno de los más firmes respaldos del líder de la CEOE, al que conoce desde hace 25 años

El presidente de la patronal CEV, Vicente Lafuente, en su despacho / JM LOPEZ
Tras dos décadas al frente de la patronal valenciana del metal y después de bajarse en el último momento del tren que le hubiera llevado a la presidencia de Feria Valencia, en 2019, Vicente Lafuente no ha dejado pasar esta ocasión y, para sorpresa de casi todos, se lanzó al ruedo y su sola presencia, como quien dice, puso fin a la trayectoria de Salvador Navarro como presidente de la Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana (CEV). Desde el 6 de noviembre, fecha en que su antecesor había anunciado que optaría -esperaba que sin competidores- a un nuevo mandato que habría elevado su estancia en el cargo a los 18 años, es el nuevo líder de los patronos valencianos. Además, por aclamación. El pasado día 19 ascendió a los altares en la patronal española CEOE al ser designado vicepresidente por su buen amigo Antonio Garamendi, otro hombre del metal.
Navarro y la delegación valenciana eran claramente proGaramendi, pero Lafuente lo es mucho más. La suya es una amistad de llamada semanal si no pasa nada. Si hay lío, a diario. Se conocen desde hace 25 años, cuando el uno presidía Confemetal y el otro era su vicepresidente. Casi como ahora. Como Garamendi, Lafuente también se va a poner una remuneración en la CEV. Todo un baluarte para las pretensiones del líder patronal de repetir en el cargo a finales de 2026 y la confirmación de un respaldo, el valenciano, también seguro ante la posible competencia con el expresidente de Cepyme, Gerardo Cuervas.
Reto
El nuevo presidente de la CEV tiene ante sí un reto ya inveterado entre la representación empresarial de la Comunitat Valenciana que parecía que su antecesor había encauzado y que, a la postre, ha sido una de las causas de su caída: la vertebración. Dicho de otro modo, mantener la unidad y evitar que los empresarios alicantinos, de manera especial, rompan la baraja. Es la vieja pulsión de las suspicacias hacia València. De momento, gracias a su perfil integrador, directo y franco en sus opiniones, las aguas han vuelto a su cauce. Otra cosa es por cuánto tiempo.

Vicente Lafuente, en su despacho de la sede de la patronal valenciana / JM LOPEZ
A ello dice que se va a aplicar este empresario de 61 años, nacido en València, y cuyos orígenes están en una empresa familiar del ámbito del metal, un destino que tal vez habría evitado si la mala pata en el fútbol no se hubiera colado en su vida cuando era joven. De juvenil destacó como defensa central y fue fichado por el Mestalla, el filial del Valencia CF, donde llegó a percibir los primeros y magros emolumentos que permitían augurar un futuro como profesional del balón. Pero todo fue muy efímero. En plena pretemporada, en un partido en Córdoba, se lesionó la rodilla. La operación y la posterior rehabilitación salieron mal. Si quería seguir una carrera como futbolista debía pasar otra vez por el quirófano. Dijo no. Y se volcó entonces, con solo 17 años, en la empresa.
Postguerra
En la postguerra, su abuelo paterno, que era trabajador del metal, creó una firma de recubrimiento de artículos metálicos en el barrio de Russafa que fue el precedente de la empresa familiar Cromados Lafuente. El padre tomó el testigo en los años sesenta y dio un enfoque más industrial al negocio, incluido el traslado al polígono Fuente del Jarro (Paterna). Ese fue el territorio de la infancia y juventud del presidente de la CEV, quien, pese a las buenas notas en la escuela y a superar el acceso a la universidad, se decantó por la empresa tras cerrarse el camino del deporte.
Ahí transcurrió su vida profesional durante tres décadas, hasta que la Gran Recesión se llevó por delante a la mercantil, una pyme que en el momento de presentar concurso de acreedores, en 2010, empleaba a dos decenas de trabajadores. Dos años después la firma entró en liquidación y a Lafuente no le quedó otra que reinventarse. Fue entonces cuando decidió crear otra empresa de la misma actividad: Metalrec. A ella ya se ha incorporado su hijo, que estudió turismo pero que al final, como su padre, ha optado por el negocio familiar. Lafuente no oculta un cierto estrés en estos días. Su acceso a la presidencia de la CEV ha coincidido con el traslado de las instalaciones de Metalrec a una nueva nave en Moncada, en l'Horta Nord de València. La firma se dedica a la decoración y recubrimiento de metales para instalaciones y comercios de alta gama y hoteles. Tiene doce trabajadores.
Se define progresista en lo social y conservador en lo económico. Casado a los 22 años con una profesional del interiorismo y padre también de una hija abogada, el año pasado vendió una casa en Nàquera y compró una segunda residencia en Teruel, cerca de Valdelinares. Allí es donde ahora desconecta lejos de la urbe valenciana y donde da paseos por la montaña, se baña en el río, compensa el ejercicio con buenas comidas y confraterniza con los lugareños. Los antípodas de CEV, CEOE, Metalrec, València, Madrid...
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