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Coches dana

"Me vendieron un vehículo con la correa de distribución a punto de romperse"

Javier Montañés, que perdió un automóvil y una moto con la dana, denuncia un calvario con el coche que adquirió en una firma de vehículos de ocasión tras la catástrofe, un PureTech: "me dijeron que funcionaba superbién y yo, que buscaba un coche fiable, lo compré sin saber que estaba dando mil fallos"

Tras varias averías, este joven valenciano ha tenido que revenderlo, quedándose sin él y con 4.500 euros todavía por pagar

Montañés, frente a su coche, a mediados de noviembre.

Montañés, frente a su coche, a mediados de noviembre. / Levante-EMV

Juanma Vázquez

Juanma Vázquez

València

"Yo perdí un coche y una moto con la dana. Por eso, necesitaba con urgencia un vehículo y acudí a la tienda de Flexicar de Xàtiva, donde vi un Peugeot y el chico que me lo vendió me dijo que no me iba a dar problemas. Sin embargo, era un PureTech, con un defecto de fábrica reconocido, y no me lo dijeron". Quien habla al otro lado del teléfono es Javier Montañés, uno de esos miles de valencianos que el 29-O vio cómo el agua de una catástrofe inimaginable se llevaba por delante su medio de transporte. Fue un golpe considerable para un joven que "necesitaba un coche para poder ir a trabajar y moverme". Sin embargo, esa pérdida -y la posterior adquisición- iba a ser el punto de partida de un nuevo calvario. El mismo que, un año después, le ha obligado a quedarse sin coche y con 4.500 euros aún sin pagar.

Más de un año de problemas

Sus problemas, no obstante, comenzaron mucho antes. En concreto, desde el mismo noviembre de 2024 en el que decidió ir a una tienda de Flexicar en busca de un nuevo modelo. Allí, Montañés recuerda que vio -por un precio de 9.000 euros- "un Peugeot, que era el mismo fabricante del que yo había perdido, con 100.000 kilómetros". Acuciado por esa necesidad, hizo caso a esa 'señal'. Sobre todo, después de que el vendedor "me dijo que funcionaba superbien y yo, que buscaba un coche fiable, lo compré sin saber que estaba dando mil fallos".

Los PureTech, sin ir más lejos, han acumulado una serie de problemas de fiabilidad -que se han traducido, incluso, en demandas colectivas de consumidores- que han sido reconocidos por el propio fabricante, el grupo Stellantis. No obstante, "yo no sabía nada de mecánica y me vendieron el vehículo con la correa de distribución a punto de romperse", explica el joven. "En un taller me dijeron que era una estafa en toda regla", añade sobre el resultado de una transacción para la que Levante-EMV ha intentado contactar hasta en tres ocasiones en las últimas semanas con Flexicar, sin éxito.

De la correa de distribución al embrague

Esa correa de distribución fue el primer problema. Tras un mes de reparación gracias a que tenía "garantía 'premium'", Montañés recuperó su coche 'nuevo'. Sin embargo, "al poco tuve una señal de fallo de motor". Una alerta que le obligó a volver a llevar el coche al servicio de reparación de la firma de segunda mano y allí "me dijeron que el fallo había desaparecido y eso es imposible, porque los fallos quedan registrados". Ante la imposibilidad de saber qué había pasado, este valenciano acabó recogiendo el vehículo y volviéndolo a usar. Pero el problema "me salió de nuevo. Era un error del catalizador y estuvo otro mes en el taller".

La lista de inconvenientes, no obstante, no acabó ahí. "Un día empezó a oler a quemado. No me entraban las marchas y me quedé tirado hasta que vino la grúa". Cuando se revisó el vehículo y reclamó por un nuevo problema, tuvo que enfrentarse a la decisión de "tener que pagar 600 euros para sustituir el embrague. Me decían que no entraba en garantía porque era yo quien lo había desgastado. Y no era así". Una nueva arista en una situación que para Montañés ha sido de "total impotencia". "Sientes rabia. No hubo un mínimo de humanidad, me decían todos siempre que no podían hacer nada". "Imagina perderlo todo y que no te digan nada, que pasen de ti", añade.

Venta de nuevo

Finalmente, a mediados de noviembre y tras meses y meses de problemas, se rindió. Vendió el coche a la propia Flexicar a cambio de 4.000 euros, menos de la mitad de lo que le había costado. Un tormento que, eso sí, todavía no ha acabado. "Para comprarlo pedí un préstamo en el banco que sigo pagando", asegura este joven valenciano, que aún tiene pendiente de devolver otros 4.500 euros. "Me quedo con una deuda y sin coche", concluye. La cara amarga que, indirectamente, sigue dejando la dana más de un año después.

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