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La chufa pierde rentabilidad y nadie sabe por qué

La producción en l'Horta valenciana de este tubérculo esencial para la horchata no deja de caer en los últimos años y el sector pide a la Generalitat Valenciana que impulse un estudio para conocer sus causas

Francesc Espinosa, en su campo de chufas en Valencia

Francesc Espinosa, en su campo de chufas en Valencia / Levante-EMV

València

No caben dudas. Después de la paella, la horchata. Son los dos emblemas de la gastronomía de València. La primera es seguro motivo de anatema si el cocinero se vuelve temerario -¡qué decir si le da por añadirle chorizo¡¿Verdad Jaime Oliver?- y la segunda solo es lo que es si surge de la chufa. Este tubérculo machacado y mezclado con agua y azúcar es una de las inevitables estampas del verano. El sector de la horchata, sin embargo, palidece en estos momentos. La superficie cultivada con chufa dentro del ámbito de la Denominación de Origen Protegida (DOP) se ha reducido un 18,37 % entre 2020 y 2024, mientras que la producción total ha caído un 30,76 %. El rendimiento medio ha bajado de 1.388 kilogramos por hectárea a 1.178 en el período analizado. Se trata de una disminución del 15,13 %, según la Unió Llauradora y Ramadera, que ha lanzado la voz de alerta ante la deriva del que era uno de los cultivos más rentables de l’Horta Nord valenciana.

¿Qué está pasando? La Unió pidió la semana pasada a la Conselleria de Agricultura de la Generalitat Valenciana que financie e impulse un estudio encargado a la Universitat Politécnica de València para que trate de obtener todas las respuestas. A la espera del informe, si finalmente se consuma, el presidente del Consejo Regulador de la DOP y responsable de la sectorial de este cultivo en la citada organización agraria, Francesc Espinosa, confiesa que el sector está desconcertado: Ve la progresiva pérdida de rentabilidad pero no sabe a ciencia cierta cuáles son los motivos. Sí tiene, no obstante, intuiciones.

Campo de chufas en Valencia

Campo de chufas en Valencia / Activos

"No es algo aislado. Están afectados todos los campos, tanto los que tienen un rendimiento en kilos por hanegada históricamente alto, como los que no", afirma antes de poner encima de la mesa la primera de las creencias que tiene este sector integrado por unos 350 productores, todos ellos ubicados en Valencia y, de manera más concreta, en su Horta Nord, la misma que eludió la dana de 2024. No es otra que el cambio climático: "Tal vez hace demasiado calor en verano, porque la falta de agua seguro que no. Si no llueve, echamos manos del riego. Hace cinco años sí hubo sequía y restricciones, pero ahora no".

Plaga

Espinosa apunta otra opción, que la culpa esté en una plaga. En concreto, en la denominada mancha negra, que no afecta a la calidad de la chufa pero sí a su aspecto físico "y que podría ser perjudicial para el rendimiento de la planta". La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja), apunta al respecto que la mancha negra "causa graves daños en la piel de la chufa que deprecian su valor comercial, lo que dispara los 'destríos' -es decir, el desperdicio alimentario- en los secaderos".

Participantes en un concurso de ingesta de horchata y 'fartons' en Xàtiva

Participantes en un concurso de ingesta de horchata y 'fartons' en Xàtiva / Perales Iborra

Una tercera variable es la de los abonos. Los que se echan en los campos de chufas, como explica el presidente de la DO, utilizan como componentes básicos el nitrógeno, la potasa y el fósforo. El problema puede estar aquí en que la planta no absorba todo el fósforo, que este se quede en la superficie terrestre y bloquee la absorción de los otros dos compuestos, que son básicos para el crecimiento de la hoja y para propiciar que el tubérculo gane tamaño. Claro que el propio Espinosa recuerda que sus campos ecológicos los abona con estiércol de animales y, aunque este año aún no lo sabe porque la lluvia le ha impedido realizar la recolección, en los ejercicios anteriores hubo reducción de rentabilidad, así que es posible que el fósforo no tenga nada que ver.

Mala hierba

AVA señala otro factor que contribuye a disminuir la productividad de la chufa: una mala hierba invasora que se sospecha que probablemente pudo introducirse a través de chufas de países terceros que se confeccionaron en lavaderos de la huerta valenciana. "Los agricultores carecen de materias activas autorizadas para tratar esta especie y al intentar arrancarlas a mano pueden provocar que los fragmentos no retirados -como ocurre con las cañas- arraiguen al año siguiente. Al tratarse de una hierba más vigorosa que el cultivo, puede llegar a infestar campos enteros", afirma la organización.

Un productor en un almacén de chufa en una imagen de archivo

Un productor en un almacén de chufa en una imagen de archivo / JM LOPEZ

Así que ahí están las dudas y la esperanza es que la UPV pueda determinar la causa, porque la situación en los campos es compleja. Tras los 4,5 millones de toneladas de 2024, la producción de este 2025 se entima en cinco. Nada que ver con los 7 y 8 de no hace muchos años. Esa reducción ha mejorado los precios, que han pasado de 80 a 90/95 céntimos el kilo, pero la pérdida de rentabilidad está provocando que muchos productores jubilados dejen de plantar, puesto que "si no llegan a los mil kilos por hanegada no les sale rentable". Además, la producción actual en la zona es insuficiente. Hay que importar de África, sobre todo Guinea, "pero no tiene la calidad ni el sabor de la de la DOP y solo la utiliza la gran industria", dice Espinosa. Los hocheteros artesanos empiezan a tener problemas de abastecimiento.

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