Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Las últimas ovejas guirras de la ciudad de València

Ramón Sanfélix, que regenta en la pedanía de Massarrojos una explotación con 500 animales, afirma que el sector “está muy tocado”

Ramón Sanfélix, con sus ovejas en el Mas del Fondo

Ramón Sanfélix, con sus ovejas en el Mas del Fondo / Francisco Calabuig

Jordi Cuenca

Jordi Cuenca

València

No quedan más. En esta ciudad que ha invadido la huerta que la rodeaba, agricultores y ganaderos ya son casi unos intrusos. Las ovejas guirras que pastorea Ramón Sanfélix en la pedanía de Massarrojos parecen reliquias de otro tiempo. Son las últimas que viven en València. Y, pese a la singularidad de ser una raza autóctona, forman parte de un ejército diezmado, en serio riesgo de extinción. Porque apenas quedan otras 2.500 y el sector “está muy tocado”, como afirma este ganadero que también preside la Indicación Geográfica Protegida (IGP) de este animal doméstico.

La relación de València con su entorno agrario ha sido depredadora. La historia de Sanfélix puede ser un ejemplo. Durante generaciones, su familia se dedicó a la ganadería en los alrededores de la ciudad. Tenía, el padre y los hijos, más de 2.500 ovejas. A principios del nuevo siglo, sin embargo, el Estado les expropió las naves donde desarrollaban su actividad para hacer en unos casos polígonos industriales y en otros, como Paterna, un hotel.

Con el dinero obtenido, el padre compró naves en Llíria, la Pobla de Vallbona y Benisanó y siguió con la cría de oveja guirra. Ramón se independizó. En 2006 encontró la finca Mas del Fondo, en Massarrojos. Se trata de una parcela de mil hanegadas, cuya mitad está dedicada a la agricultura ecológica y el resto, a ganadería. Se produjo una simbiosis. Sanfélix necesitaba un especio para que pastaran sus ovejas y los propietarios de la finca andaban buscando a alguien que ‘cuidara’ sus campos. Y es que, como cuenta el ganadero, “una vez recogidos los productos, las ovejas limpian muy bien las tierras de cultivo y también los matorrales y las hierbas del resto de la parcela para prevenir incendios”.

Tradición

Así que ahí está ahora. Con 51 años, ya sabe que, si no sucede nada extraño, la tradición familiar no seguirá porque su hija y su yerno, aunque le echan una mano, sobre todo con la “burocracia”, no van a seguir su camino. Sanfélix es el propietario de 500 ovejas, de las cuales 480 son hembras reproductoras y 18, machos. Cada una de las primeras -unas dos y otras uno- tienen de media 1,5 corderos al año. Unos 400 lechales los vende este ganadero al Hotel-Balneario Las Arenas de València. El resto se los compra Ganados Torres de Llíria, que tiene cebadero y engorda los corderos para venderlos como ternascos en carnicerías y supermercados. De las ovejas se vende también la lana, pero no la leche para hacer queso, porque implica “mucha burocracia y gastar mucho dinero para tener una instalación de ordeño”.

Varias ovejas guirras propiedad de Sanfélix

Varias ovejas guirras propiedad de Sanfélix / Francisco Calabuig

La oveja guirra, como ha quedado dicho, es una raza autóctona. ¿Qué la diferencia de otros congéneres? Sanfélix explica que “es muy rústica, de campo. No le gusta estar en la cuadra. Y, sobre todo, no le molestan las altas temperaturas” de los veranos valencianos. Seguramente ayuda bastante su ‘traje’, ya que el vellón, o sea la lana, cubre el tronco y el cuello y parte de los miembros, pero deja libre tanto la cabeza como el borde inferior del cuello y el vientre.

Motivos

Este ganadero reivindica su condición de último entre sus pares. Recuerda que antes había en la ciudad de València pequeñas explotaciones de 30, 50 o 100 ovejas. “Todo ha desaparecido”, apunta. Y luego señala algunos motivos, como los generacionales, ya que los jóvenes “no quieren trabajar 24 horas al día y 365 días al año”, o como la burocracia: “Se creen que somos empresas grandes y nos exigen un papeleo excesivo, sobre todo desde Bruselas, que si la trazabilidad, que si el control informático de las altas y bajas, que si el censo virtual de animales… Todo informatizado y, si no tienes conocimientos, tienes que buscar un gestor. Todos los días hay que entrar en el ordenador. Suerte que mi hija y mi yerno me ayudan”.

Dos ovejas guirras

Dos ovejas guirras / Francisco Calabuig

Pero hay más cuestiones generales. Como las inspecciones o los efectos de plagas como la de la lengua azul, que se ha parado con la llegada del frío pero que tuvo brotes en poblaciones como Chiva o Cheste. Y la pérdida de rentabilidad. Los números de Sanfélix son elocuentes. “Hace 37 años, vendíamos 300 ovejas al equivalente cada una de ellas de 10.000 pesetas, es decir 60 euros. Ahora, por 100. Pero es que el camión de paja, que antes costaba 200 euros, ahora vale 1.200. Se ha multiplicado por seis. Un litro de gasóleo costaba 30 céntimos, ahora cinco veces más. Y con los medicamentos pasa los mismo. Vamos a peor. Un cordero debería venderse en el mercado a 250 euros”. Por si esto no fuera suficiente, las ayudas que el sector recibía de la Unión Europea han sufrido una merma relevante en los últimos tiempos, de tal forma que los 18,5 euros por oveja que recibían los ganaderos en 2006 se han quedado ahora en 16,10. Sanfélix no se explica por qué.

Tres ganaderos

El resultado es que solo quedan en la actualidad tres ganaderos de oveja guirra con más de 200 ejemplares. En la asociación que integra a este sector “somos doce y no llegamos en conjunto a las 3.000 cabezas”. Sanfélix exuda un cierto pesimismo. Cree que su mundo está en “peligro de extinción”. Pese a todo, se aferra a un clavo ardiendo: las promesas de la Generalitat de que este mismo año va a aprobar incentivos para tratar de captar “gente que quiera hacerse ganadero de guirra”.

De momento, “mi pelea está en que hagan cursos de ganadería de seis meses de práctica para que los aspirantes conozcan bien el oficio y no que sean de seis meses de teoría y siete de práctica”. Es básico, afirma, porque ahora muchos aspirantes lo dejan precisamente por la falta de práctica. Solo continúa con el oficio el 2 % o el 3 % y todos ellos suelen ser hijos de ganaderos”. También podría gritar: ¡Salvad a la oveja guirra¡

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents