La fiebre del oro en València: entre la inversión y la especulación
El precio del oro alcanza picos históricos, con el récord de los 5.000 dólares a finales de enero
El metal precioso se reivindica como activo refugio en un clima de incertidumbre geopolítica y económica. Los pequeños inversores valencianos se atreven con los lingotes, fondos cotizados y joyas

El oro alcanza precios históricos. / EFE

Cuando usted comience a leer estas líneas el precio del oro no será, posiblemente, el mismo que cuando termine. Es una muestra de la fuerte fluctuación del metal precioso que ha copado el protagonismo de las páginas 'salmón' de todo el mundo durante los últimos meses.
El oro ha recuperado un protagonismo indiscutible en las carteras de inversión en este inicio de 2026. La escalada de su cotización en los últimos tiempos -superando su récord de los 5.000 dólares a finales de enero- lo ha situado en niveles históricamente elevados, impulsado por un contexto internacional marcado por la inestabilidad geopolítica, las dudas sobre el crecimiento económico y la desconfianza hacia algunas divisas de referencia.
Inversores y bancos centrales
En los mercados internacionales, el metal precioso se mantiene cerca de máximos tras un ciclo alcista prolongado, alimentado tanto por la demanda de inversores como por las compras de bancos centrales que buscan diversificar reservas.
Este movimiento no ha sido lineal. La cotización ha combinado avances intensos con episodios de corrección, reflejo de la volatilidad financiera global y de los cambios en las expectativas sobre tipos de interés y política monetaria. Aun así, la tendencia en los últimos meses ha sido claramente ascendente, lo que consolida la percepción del oro como refugio en tiempos de incertidumbre.
«Cuando el mundo está tranquilo, el inversor se pone valiente. Cuando hay incertidumbre, el inversor se pone práctico. El oro suele beneficiarse de esa ‘búsqueda de refugio’», señala una de las empresas de compra-venta de oro que opera en València, un negocio que ha ido aumentando su presencia en los barrios del 'cap i casal'. El concepto de ‘refugio’ es literal: proteger poder adquisitivo en épocas complicadas.

Una tienda de compro oro. / S. F.
Así lo explica Antonio Sánchez, profesor de Economía Aplicada de la Universitat de València y director de la Cátedra de Política Económica y Social de la Comunidad Valenciana de la UV. Desde el ámbito académico valenciano, el análisis introduce matices. Sánchez atribuye el auge actual del oro a la debilidad de alternativas tradicionales de reserva de valor. «Otras opciones como el dólar o el euro están en una situación muy cuestionable, debido a los comportamientos de los gobiernos. Es una situación de fuerte incertidumbre», explica.
Sánchez recuerda que el oro suele ganar atractivo cuando se deteriora la confianza en el entorno económico general. «El oro es un elemento de protección y búsqueda de defensa de riqueza», señala, aunque advierte de que no siempre es una inversión sencilla para perfiles minoristas: la evolución del precio «puede ser errática» y acarrear costes.
A su juicio, el nivel actual de precios también incorpora un componente especulativo. «Probablemente, está sobrevalorado porque hay un problema de fuerte incertidumbre sobre la situación en Europa por una debilidad estructural desde hace tiempo. En función de la efectividad de las políticas puede ser que se requiera menos uso del oro. Es una subida más bien especulativa», apunta. En el corto plazo, considera posible que la cotización siga al alza, pero no descarta una posterior estabilización o incluso correcciones si cambia la percepción de los grandes inversores.
Pequeño inversor
Más allá de los grandes fondos, el interés se ha extendido al pequeño ahorrador. Las fórmulas para invertir en oro son hoy más variadas que nunca. La vía clásica es la compra de oro físico, en forma de lingotes o monedas, una opción que ofrece la posesión directa del metal pero que implica asumir costes de custodia, seguro y diferenciales entre precios de compra y venta.
Junto al oro físico, muchos inversores optan por instrumentos financieros que replican su precio. Los fondos cotizados respaldados por oro permiten tomar posiciones con liquidez diaria y sin necesidad de almacenar metal, a cambio de comisiones de gestión.
Otras opciones como el dólar o el euro están en una situación muy cuestionable, debido a los comportamientos de los gobiernos, según los expertos
En Valencia, este abanico de opciones ha llevado a algunos particulares a incorporar el oro por primera vez en su planificación financiera. Es el caso de Joaquín, un inversor valenciano que decidió aprovechar la tendencia alcista reciente. Entre el 12 y el 21 de enero invirtió 40.000 euros en oro y cerró la operación el 30 de enero con una ganancia de 3.500 euros. «Llevaba tiempo viendo que estaba subiendo y vi ventajas frente a otros activos. En mi caso me sirve para diversificar, porque no tenía nada. Además, es un activo refugio», resume.
Su experiencia refleja dos de las funciones más repetidas del oro en las carteras: diversificación y cobertura frente a escenarios adversos. Al no moverse siempre en la misma dirección que la bolsa o la renta fija, puede ayudar a suavizar las oscilaciones del conjunto del patrimonio. Sin embargo, como recuerdan los expertos, eso no elimina el riesgo. El oro no genera rentas periódicas y su precio depende en gran medida de factores macroeconómicos, expectativas de mercado y flujos financieros globales.
La joya como inversión en oro
Además, de estas fórmulas, el inversor tira también de costumbres más tradicionales: la compra de joyas, que añade un componente estético y de uso, aunque parte del precio responde al diseño y la fabricación, no solo al contenido en metal precioso.

Piezas de oro. / C. R.
Según explica Rafael Torres, con una joyería en el centro de València, algunas de las firmas que comercializa en su establecimiento han aumentado hasta casi un 30 % su precio final ante la subida de precio del oro. Para el también presidente de Confecomerç, este aumento de precio en joyas está «ajustado y no se está repercutiendo todo el aumento del precio del oro». «Hay joyas -explica- que son básicamente de oro, con cerca de un 90 %». De subir el precio final acorde al incremento del precio del oro «se podía haber casi doblado el precio final». «Los fabricantes y joyeros procuramos intentar no repercutir todo el precio para que la pieza tenga su sitio en el mercado».
Algunos fabricantes de joyas han aumentado hasta casi un 30 % su precio final
Por su parte, los joyeros valencianos Pablo y Antonio Jordán constatan un cambio de mentalidad entre los clientes. «La clientela que busca joyas de oro como inversión ha crecido bastante. El aumento del precio del oro ha concienciado al cliente en que comprar joyas, además de ser un artículo de moda, tiene un valor residual muy alto para seguir teniendo dinero en el futuro», explican los propietarios de Jordán Joyeros. Añaden que el encarecimiento tanto del oro como de los diamantes ha reforzado esa percepción: los compradores «las disfrutan mientras su valor aumenta». Para ellos, la oportunidad es clara: «Siempre es buen momento para comprar joyas de oro. A lo largo de la historia el precio del oro siempre ha ido al alza. Es una inversión».
Con precios en zona alta y un contexto internacional todavía incierto, el oro mantiene su atractivo, pero también exige prudencia. Más que una apuesta exclusiva, suele apuntar ser complemento en una cartera diversificada y ajustada al perfil de riesgo. Entre la protección y la especulación, el metal precioso vuelve a brillar, aunque su fulgor, como advierten los analistas, no está exento de sombras.
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