Economía en guerra

Cirilo Arnandis, presidente de Cooperatives Agro-alimentàries / Perales Iborra
CIRILO ARNANDIS | Presidente de Cooperatives Agro-alimentàries
Cuando se cumplen cinco años de la guerra en Ucrania y sin solución todavía para la última escalada del conflicto entre Israel y Palestina, el mundo se asoma nuevamente a un escenario bélico. En un mundo interconectado y dependiente globalmente, cualquier guerra tiene un impacto directo sobre la economía y la sociedad. Cada conflicto afecta de forma directa a quienes se encuentran a miles de kilómetros de los lugares donde se producen los bombardeos. Desde que EE UU e Israel iniciaron su ofensiva contra Irán, hemos notado sus consecuencias.
La represalia iraní ha afectado gravemente el tráfico mundial de petróleo, con el cierre del estrecho de Ormuz y sus bombardeos a países del Golfo Pérsico. Estos días habrán visto el incremento del litro de carburante, igual que notarán el aumento de las facturas de gas o electricidad. La cesta de la compra también se verá afectada si el conflicto se prolonga, igual que las hipotecas o los intereses de los préstamos.
Quienes vivimos del campo lo notamos por partida doble: como ciudadanos y en el ejercicio de nuestra actividad. El gasóleo profesional ha aumentado exponencialmente nuestros costes de producción en apenas una semana, a lo que hay que sumar el incremento del precio de los fertilizantes, muy dependientes del gas, y la incertidumbre sobre su disponibilidad. Eso por no hablar de los costes logísticos, que también se han disparado y hacen mucho más cara nuestra actividad comercial.
La volatilidad del precio del petróleo y su impacto en los costes energéticos es un problema global. El presidente de EE UU, Donald Trump, lo sabe, y por eso ha tratado de lanzar un mensaje de tranquilidad a los mercados, afirmando que la ofensiva ya está casi completada y que el conflicto no durará demasiado. Un discurso que quizás no se corresponda con la realidad, pero que es necesario y cuyo efecto inicial ha sido positivo. Sin embargo, si el devenir de los acontecimientos no refrenda el discurso, las palabras dejarán de tener valor.
De momento, cabe instar al Gobierno a que adopte medidas excepcionales que ayuden a paliar esta situación, como por ejemplo la reducción del IVA de los carburantes, y esperar a que la guerra termine lo antes posible. Mientras el conflicto se prolongue, la economía también estará en guerra. Y mientras la economía siga en guerra, nuestros bolsillos lo notarán.
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