Entrevista
Rafael Doménech: "Si el conflicto es de corta duración, la economía española no sufrirá en exceso"
El director de Análisis Económico de BBVA Research y profesor en la Universitat de València recuerda que los mercados están aposando por "efectos temporales y una normalización progresiva" de la guerra en Oriente Medio

Rafael Doménech, el jueves de la semana pasada, en Forinvest / Francisco Calabuig

El FMI pide a los gobiernos que se preparen para lo impensable por la guerra del Golfo. ¿Es tan potencialmente peligrosa la situación?
La situación es muy incierta y potencialmente con unas consecuencias que pueden ser muy severas. Pero, hoy por hoy, viendo la reacccion de los mercados energéticos y de los contratos a futuros de petróleo y gas, los mercados están apostando por unos efectos temporales y una normalización progresiva en los próximos meses o trimestres. Ese es el escenario más probable, lo cual no quiere decir que el conflicto pueda escalar y que se pueda agravar más de lo que están descontando los mercados.
¿A que tipo de crisis nos enfrentamos? ¿Similar al shock de precios y suministros por la covid y la guerra de Ucrania o puede mutar en un desastre como la Gran Recesión de 2008?
Si el conflico escala y la situacion se agrava, ¿cuáles serían los efectos? Podriamos ver disrupciones en las cadenas globales de suministros y producción y volatilidad en los mercados financieros a niveles como los que vimos en la guerra de Ucrania, que todavía no hemos visto ni esperamos que esto ocurra.
¿Por qué no está siendo tan grave?
Porque en Ucrania se vio desde un principio que iba a ser una guerra de desgaste sin solución a la vista mientras que ahora se confía en que haya algún tipo de salida por varias razones. La primera es que Estados Unidos tiene elecciones de medio mandato en otoño y hay incentivos de que el Gobierno quiera acudir sin una guerra en el Golfo. Los países del Golfo van a presionar porque no pueden estar así de forma indefinida. Y China también tiene interés en que el conflicto se resuelva.
Petróleo
¿Llegará el petróleo a los 200 euros, como amenaza Irán?
Hoy por hoy, ese escenario no está encima de la mesa.
¿Hay alternativas al estrecho de Ormuz para mantener el suministro de combustibles?
A corto plazo, no. Por ahí pasa entre el 20 % y el 30 % del petróleo y el gas. Es un porcenaje muy elevado para que haya alernativas en otros productores.

Doménech, el pasado jueves, en Feria Valencia / Francisco Calabuig
¿Subirán los tipos de interés?
Los bancos centrales, al igual que las autoridades de política económica, quieren actuar con prudencia dada la incertidumbre existente. No hay que precipitarse. No se sabe si el conflicto será corto o más largo de lo previsto. Dependiendo de la duración y la intensidad, el impacto sobre la inflación será distinto. Si es de duración corta, como creemos en BBVA Research, el impacto sobre los precios sería de unas tres décimas en la eurozona y, por tanto, no sería necesario que el BCE actuara. Si es más duradero, el BCE deberá ver en qué medida sube la inflación, cómo aumenta como consecuencia de los efectos de segunda ronda, es decir cómo la subida del petróleo afecta a la producción general, y, también, ver el desanclaje de expectativas, o sea que los agentes economicos tengan una expectativa de inflación superior al objetivo del BCE. Pero eso no va a pasar a corto plazo.
¿Está preparada la economía española para hacer frente a lo que pueda venir?
Está creciendo de una manera bastante sólida gracias a factores internos como el aumento del empleo gracias a la inmigración, el aumento del consumo y la inversión o el crecimiento de las aportaciones de servicios no turísticos y del propio turismo. Todo esto hace que la economía española esté creciendo en torno al 2,5 %. El efecto que tendría sobre el crecimiento económico en un conflicto de corta duración sería de un par de décimas. Por lo tanto, seguirá creciendo y no sufrirá en exceso. Obviamente, con toda la incertidumbre existente, es pronto para descartar escenarios de una crisis más severa. En este último caso, no estaría inmune. Respecto a 2008, España tiene unas fortalezas relativas, como un menor endeudamiento de los hogares y empresas y exterior, superávit de la balanza por cuenta corriente y una enorme penetración de las energías renovables en la producción de electricidad.
La apuesta española por las renovables será una garantía ante un petróleo y un gas desbocados?
Una garantía total no lo es, pero en 2019, antes de la covid, en el 75 % de las horas el precio de la electricidad venía determinado por el gas y ahora es el 19 %, porque tenemos muchas más horas de producción con energía renovable. Eso disminuye nuestra exposición al gas, pero seguimos siendo dependientes a gas y petróleo en otras ramas de producción como el sector químico, los fertilizantes o la cerámica. Inmunes no somos, pero hemos reducido nuestra dependencia.
Entre Putin, Trump y Netanyahu han cambiado el mundo conocido para mucho peor. ¿Hay posibilidades de una vuelta atrás?
Siempre hay que tener esa esperanza. La historia de la humanidad ha demostrado en muchos momentos que hemos pasado de un orden mundial basado en la ley del más fuerte a otro basado en reglas. Lo vimos tras la Segunda Guerra Mundial. Además, hay que trabajar para que suceda.
Efectos de la IA
Su conferencia en Forinvest versa sobre la IA y su impacto en el empleo y la productividad. ¿Qué nos espera?
Todavía hay mucha incertidumbre sobre el alcance, pero lo que ya estamos viendo es que tiene unos efectos sobre la productividad muy positivos que seguramente van a ir a más. Serán efectos transversales y alcanzarán a todos los sectores productivos. El reto es aprovechar esta oportunidad a todos los niveles. Hay que adoptar estas tecnologías y estar preparados para sacar el mayor provecho. Sabemos con seguridad que van a transformar el mercado de trabajo y donde hay incertidumbre es sobre el efecto neto en términos de empleo. Va a crear nuevos empleos, va a transformar la mayoría y va destruir algunas ocupaciones, como han hecho todas las revoluciones tecnológicas en el pasado, pero no sabemos el impacto neto. Tampoco sabemos si la adopción de la IA va a ir con la suficiente velocidad como para compensar los cambios demográficos que ya se están produciendo: en algunos países, como Japón o China, la población está disminuyendo. También en España. La población nativa. En esas sociedades alguien o algo deberá hacer los trabajos y la cuestión está en ver, en esa carrera entre la robotización y la IA, por un lado, y el envejecimiento, por otro, cuál de las dos fuerzas va a terminar dominando.
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