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EL CAMPO

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La aprobación del acuerdo comercial entre Mercosur y la UE se completó esta semana después de que Paraguay ratificara -tras Argentina, Uruguay y Brasil- el tratado.

Inmaculada Sanfeliu, presidenta del Comité de Getión de Cítricos.

Inmaculada Sanfeliu, presidenta del Comité de Getión de Cítricos. / LEVANTE-EMV

Inmaculada Sanfeliu | Presidenta del Comité de Gestión de Cítricos

València

La aprobación del acuerdo comercial entre Mercosur y la UE se completó esta semana después de que Paraguay ratificara -tras Argentina, Uruguay y Brasil- el tratado. Su pata más crucial -la del desarme arancelario- entrará en vigor en abril o mayo. Atrás queda la resolución de enero en la que el Parlamento Europeo acordó reclamar al Tribunal de Justicia de la UE un dictamen sobre su encaje jurídico. Se barajó que tal pronunciamiento podría retrasar el proceso dos años pero no, su entrada en vigor tardará semanas.

El proceloso camino para la confirmación de ese tratado quedó sentenciado mucho antes. En 2023, la presidenta de la CE, Ursula von der Leyen, decidió trocearlo en dos pilares: el comercial y el político. Así se logró salvar la oposición de Francia y más aún se evitó que la parte comercial -que se adujo entonces y ahora es competencia exclusiva de la CE- dependiera del visto bueno de los parlamentos de los Estados miembro.

Desde 2023 advierto que el guión estaba escrito. Desde entonces, la CE se ha esforzado por poner parches más aparentes que ciertos a cuantas críticas han surgido. La regulación sobre los productos importados causantes de deforestación -que sigue pendiente de aplicación- o la revisión de los productos sensibles -y la más reciente inclusión de los cítricos entre ellos- para activar las manidas cláusulas de salvaguardia, son ejemplos de ello. Tenía que salir adelante, porque las circunstancias geopolíticas (Ucrania, influencia de China en Sudamérica, crisis del sistema multilateral, proteccionismo de Trump…) obligaban. Y el agro no iba a ser un freno. Es más, que nadie tenga esperanza alguna en tales remedios: no se aplicarán o si se ejercen llegarán tarde, como siempre, cuando el mal ya esté consumado. Insisto en lo que el CGC repite desde 2019: el desarme arancelario dejará a los pies de los caballos de Brasil a la industria de zumo de naranja española, lo que necesariamente afectará negativamente al mercado en fresco y el aumento de las importaciones de naranjas y mandarinas disparará la amenaza de entrada de nuevas plagas y enfermedades. Europa se abrirá después a India, a Australia, a México y el agro tampoco será un problema. Nuestra reivindicación más plausible, más allá de denunciar el agravio y la hipocresía, debe ser exigir reciprocidad: que en nuestro mercado todos -europeos y foráneos- compitamos con las mismas reglas del juego. No hay otra.

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