La aviación encara el verano con el combustible en el punto de mira
Aerolíneas y expertos coinciden en que el suministro en España está más exento de riesgos que otros países al proceder un 80 % de refinerías nacionales. En cuanto al precio de los billetes y reducción de plazas, indican que crisis prolongadas pueden repercutir en decisiones operativas y rentabilidades futuras.

Imagen de archivo de pasajeros en el aeropuerto de València. / JM López

Hace solo unos días, la compañía Volotea anunció que cancelaba algunos de sus vuelos de la temporada estival ante el aumento del precio del combustible derivado de la guerra en Irán. La aviación vuelve a mirar al queroseno como uno de sus grandes puntos vulnerables ante crisis geopolíticas.
La escalada de tensión en Oriente Medio y la amenaza sobre rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz han reactivado un temor recurrente: ¿puede faltar queroseno para volar? En España, el mensaje del sector es tranquilizador a corto plazo, pero con matices que reflejan la fragilidad del sistema energético global.
El presidente de la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), Javier Gándara, admite la inquietud creciente en torno al suministro. "Más allá de la alta volatilidad que está teniendo el precio del crudo y mucho mayor la que está teniendo el precio del queroseno de aviación, lo que preocupa ahora es la posible falta de disponibilidad de este último", señala. Sin embargo, lanza un mensaje de relativa calma: en España "no se prevén problemas de suministro de queroseno de aviación, al menos en el corto plazo".
La razón de esta resistencia es estructural. Por un lado, la dependencia directa de Oriente Medio es limitada: solo el 11 % del crudo importado procede de esa región. Por otro, el país cuenta con una potente red de refino que produce la mayor parte del combustible que consume la aviación: "el 80% del queroseno está producido en las refinerías que se encuentran a lo largo y ancho de nuestra geografía", explica Gándara. Esto sitúa a España "en mejor posición" que otros países europeos más dependientes de importaciones directas de productos refinados.
Problemas hacia España
Pero esa ventaja no equivale a inmunidad. El propio Gándara advierte de que España podría verse afectada indirectamente si otros países sufren escasez: el transporte aéreo es, por definición, una red interconectada. Problemas en hubs europeos o en rutas internacionales pueden repercutir en los vuelos hacia y desde España.
Las aerolíneas comparten ese diagnóstico de cautela. Desde Ryanair —la aerolínea que más pasajeros traslada con origen y destino en el aeropuerto de València— reconocen que "no prevemos ninguna escasez de combustible a corto plazo, pero la situación es incierta". La compañía pone fecha a esa seguridad: sus proveedores garantizan suministro hasta mediados de mayo. A partir de ahí, todo dependerá de la evolución geopolítica. Si el conflicto en Irán se prolonga y afecta al estrecho de Ormuz —por donde transita una parte clave del petróleo mundial—, "no podemos descartar que se produzcan problemas de suministro en algunos aeropuertos de Europa".

Imagen de archivo de aviones de Ryanair. / Levante-EMV
Más inmediato es el impacto en los precios. Según Ryanair, el combustible "se ha duplicado durante el mes de marzo", lo que previsiblemente se traducirá en billetes más caros durante el verano, el periodo de mayor tráfico de pasajeros en los cielos de todo el mundo. Es un patrón conocido: cuando sube el combustible, sube el coste de volar. "Prevemos que todas las aerolíneas repercutirán estos mayores costes en forma de tarifas aéreas más elevadas", señala la ‘low cost’ irlandesa.
Pero no todas las aerolíneas están igual de expuestas. La propia Ryanair asegura tener cubierto el 80 % de su combustible a un precio fijado de 67 dólares por barril hasta 2027, lo que amortigua el impacto inmediato. Pero incluso en ese escenario, la amenaza no es tanto el precio como la disponibilidad.
Otras compañías, como Air Nostrum, también llaman a la calma, aunque condicionada a la evolución del conflicto: "Si no se prolonga no hay problema", al tiempo que lanzan un mensaje de tranquilidad respecto al suministro: "En España no hay un problema de desabastecimiento".
El combustible sostenible
Más allá del corto plazo, el episodio vuelve a poner sobre la mesa un debate estratégico: la dependencia energética. Gándara lo resume como un "toque de atención" para apostar por alternativas como los combustibles sostenibles de aviación (SAF), que podrían producirse en gran medida dentro del país gracias a recursos como residuos orgánicos o biomasa. La clave no es solo medioambiental, sino también geopolítica para reducir la exposición a crisis externas y que mantienen al sector —y a la economía global— sumida en un sentimiento generalizado de incertidumbre.
La Asociación de Líneas Aéreas (ALA) pone sobre la mesa el debate de la dependencia energética
La opinión de Oliverio Álvarez, socio responsable de Energía, Recursos e Industria de Deloitte, transcurre también en el sendero de la "tranquilidad" respecto a los suministros físicos en aeropuertos españoles. "A diferencia de otros países europeos, el 80 % del queroseno de aviación que se consume en los aeropuertos españoles se produce en refinerías nacionales y procede de importaciones de un amplio número de países, fundamentalmente de América y África, que llegan a nuestro país a través de rutas logísticas por la cuenca atlántica, por lo que nuestra exposición a importaciones directas de crudo y de productos destilados de Oriente Medio es limitada. A corto plazo, y salvo escenarios extremos de incremento de intensidad y duración del conflicto, no se prevén problemas de desabastecimiento en nuestros aeropuertos", señala el experto.
Repercusión en el precio de los billetes
En cuanto a la posibilidad de un aumento de tarifas en los billetes por el encarecimiento del combustible, Álvarez explica que "el combustible supone entre un cuarto y un tercio del coste operativo total de una aerolínea europea, dependiendo del tipo de avión y su uso".
Las aerolíneas —explica— adquieren el combustible con antelación y, en muchos casos, garantizan su precio para varios meses (a través una práctica denominada 'hedging'), por lo que no sufren el efecto de las subidas de precio de forma inmediata, pero, "lógicamente, afectaciones prolongadas pueden afectar a sus decisiones operativas y rentabilidades futuras", dice. "En el pasado, la respuesta de las aerolíneas a crisis energéticas recientes ha consistido en realizar ajustes operativos y trasladar parte del precio a los usuarios, pero sin cancelaciones masivas", añade.
En un momento en el que la aviación intenta recuperar estabilidad tras años de ‘turbulencias’ —la pandemia de 2020, inflación y conflictos bélicos—, el combustible vuelve a ser el factor que escapa a su control. España, por ahora, resiste mejor que otros.
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