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El campo

La fruta de verano valenciana espera hacer su agosto

El sector prevé una temporada mejor que la anterior, hasta superar los 40 millones de kilos producidos en la Comunitat Valenciana

Desde AVA alertan, no obstante, de la desaparición del albaricoque en cinco años si no se pone fin a las plagas

José Luiz Sanz, en su campo de Alfarp.

José Luiz Sanz, en su campo de Alfarp. / Levante-EMV

Begoña Jorques

Begoña Jorques

València

La campaña de fruta de hueso comienza en la Comunitat Valenciana con un tono optimista. Melocotones, nectarinas, albaricoques, ciruelas, nísperos o cerezas encaran la temporada de verano con buenas perspectivas de producción y calidad, apoyadas en una climatología favorable que, de momento, ha respetado al campo. El sector confía en 'hacer su agosto', aunque bajo la sombra de unos costes disparados y una rentabilidad cada vez más ajustada.

Según explica José Luis Sanz, responsable de la sectorial de fruta de hueso de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA), "las expectativas son muy altas, con una buena producción y una calidad excelente en el árbol". Las primeras partidas extratempranas —pavía— comenzarán a llegar al mercado en cuestión de días, con el melocotón como gran protagonista de la campaña. No en vano, este cultivo, con múltiples variedades, marca tanto el inicio como el final del calendario.

Entre un 10 y 20 % más

Las previsiones apuntan a un incremento de entre el 10 % y el 20 % respecto a la pasada campaña, lo que situaría la producción en torno a los 40 millones de kilos en la Comunitat Valenciana, según el portavoz agrario. Un aumento moderado, pero significativo en un contexto en el que la superficie dedicada a estos cultivos ha ido retrocediendo en las últimas décadas. De hecho, el propio sector reconoce que la autonomía "no representa ni el 10 % de la producción nacional", lo que evidencia la pérdida de peso frente a otras regiones.

No obstante, el buen comportamiento de la campaña se explica, en gran medida, por unas condiciones meteorológicas idóneas: ausencia de heladas y pedrisco, días soleados y noches frescas que favorecen el calibre, el contenido en azúcar y, en definitiva, la calidad final del fruto. Todos ellos son factores clave en un producto altamente sensible a las inclemencias, especialmente durante el cuajado.

Gráfico sobre frutas de hueso.

Sin embargo, este escenario productivo favorable contrasta con una realidad económica cada vez más compleja. El encarecimiento de los insumos, la energía y el transporte —agravado por el contexto internacional y la guerra en Irán— está presionando los márgenes de los agricultores, como vienen denunciando las organizaciones agrarias. "Ya hemos notado descensos de precios en productos como la fresa y nos preocupa no poder ser competitivos", advierte Sanz.

A ello se suma una creciente presión normativa y fitosanitaria que, según el sector, limita las herramientas disponibles para combatir plagas y enfermedades. El resultado es un incremento de los costes de producción en un mercado que, sin embargo, sigue demandando precios bajos. "Es un producto caro de producir, pero el mercado paga lo que paga", resume Sanz.

Abocado a la desaparición

Uno de los casos más paradigmáticos de esta situación es el del albaricoque, un cultivo que afronta un futuro incierto en la Comunitat Valenciana. La expansión del denominado 'gusano cabezudo', una plaga que ataca la raíz y acaba matando al árbol, está provocando el abandono progresivo de explotaciones. La falta de productos eficaces para su control, tras la retirada de fitosanitarios, sitúa al cultivo "abocado a la desaparición en cinco o seis años", alerta el responsable de frutas de AVA.

Mientras tanto, la competencia internacional gana terreno. Países como Marruecos, Argelia o Egipto, con menores costes laborales y menos restricciones, están aumentando su producción y accediendo al mercado europeo en condiciones más ventajosas. Una competencia que el sector valenciano considera difícil de sostener en igualdad de condiciones.

En este contexto, la campaña de fruta de hueso también mira hacia los mercados exteriores. Las variedades de carne blanca, especialmente apreciadas en Francia e Italia, encuentran allí su principal destino, mientras que el mercado nacional absorbe mejor las de carne amarilla. La diversificación comercial se presenta, así, como una vía para mantener la rentabilidad.

El níspero de Callosa

Dentro del mosaico de la fruta de hueso, el níspero de Callosa d’en Sarrià ocupa un lugar singular. Este cultivo, con Denominación de Origen Protegida, constituye uno de los emblemas agrícolas de la Marina Baixa y un motor económico para la comarca. Las previsiones para esta campaña apuntan a una producción cercana a las 10.000 toneladas, ligeramente superior a la del año pasado.

El níspero, además, juega con ventaja en el calendario: es de las primeras frutas de primavera, lo que le permite posicionarse en los mercados antes que otros competidores. La apuesta por variedades precoces ha reforzado esta estrategia, adelantando cada vez más el inicio y el final de la campaña, concentrada principalmente entre abril y mayo.

Nísperos de Callosa.

Nísperos de Callosa. / Levante-EMV

No obstante, este cultivo tampoco escapa a las dificultades estructurales del sector. El incremento del precio del gasóleo, los materiales y la energía está afectando de lleno a unas explotaciones caracterizadas por el minifundismo y la gestión casi artesanal. "Aquí somos fincas pequeñas, minifundios que transportamos nosotros mismos la producción a los almacenes; con el encarecimiento del gasóleo y de materiales como el plástico y la madera, lo estamos notando bastante", señala Rafael Gregori, representante de Asaja en la comarca de la Marina Baixa.

La mano de obra es otro de los grandes retos en el níspero. Su recolección, al igual que ocurre con la cereza de la Montaña de Alicante, depende intensamente del trabajo de recolección manual durante unas pocas semanas. El sector reclama medidas urgentes de apoyo laboral y fiscal para garantizar la viabilidad de cerca de un millar de agricultores que mantienen este cultivo tradicional.

En definitiva, la campaña de fruta de hueso arranca con optimismo en los campos valencianos, con más volumen y buena calidad, pero con un horizonte marcado por la incertidumbre. Entre la presión de los costes, la competencia exterior y los problemas estructurales, el sector se aferra a una buena campaña comercial que permita, al menos, cuadrar cuentas. Porque el reto no es solo producir más, sino conseguir que ese esfuerzo se traduzca en rentabilidad.

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